Dotada y servida por excelentes y sacrificados juristas, sufre, no obstante una perenne queja social, que es permeable a las sucesivas reformas que se proyectan o que alcanzan rango legislativo. Desde antaño – situémonos, en las últimas décadas del siglo pasado – siempre los hombres de entonces, los de hoy, y los del tiempo intermedio, vienen afirmando que la justicia va mal.
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