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La influencia de la economía industrializada en el Medio Ambiente

La influencia de la economía industrializada en el Medio Ambiente

Por Jordi Fontquerni y Bas. Procurador de los Tribunales. Barcelona y Madrid 

Salvo por esporádicas noticias que aparecen en los medios de comunicación acerca del medio ambiente, es obvio que el gran público desconoce la influencia y los efectos que puede tener la economía industrial en la naturaleza, salvo cuando se produce una catástrofe de grandes dimensiones. El deterioro progresivo de la naturaleza no es responsabilidad directa de la evolución natural de la misma, sino de la presencia del hombre que, de forma consciente y deliberada, a sabiendas de la destrucción masiva del medio ambiente en todo el mundo, continua de forma imparable en su evolución negativa con las graves consecuencias que ello produce en el todo el mundo. Ante este deterioro globalizado, la reacción es siempre lenta y tardía.

La explotación sin medida de los recursos naturales ha llevado al agotamiento de determinados yacimientos, a lo que se ha unido la contaminación cada vez más extendida debido a la industrialización.[1]

Este es el problema más grave que tenemos en la actualidad, al no saber encauzar debidamente la economía productiva en los diversos aspectos en que se manifiesta la naturaleza. De ahí el fracaso continuado de las Conferencias Internacionales como las de Estocolmo de 1972, París 1972, Brasil 1992,  Kyoto de 1997, Montreal de 2005, Copenhagen de 2009, pues los países ricos al  no querer perder su cuota de mercado, no dudan en comprar los derechos de contaminación a los países pobres, con lo que se genera un círculo vicioso muy difícil de solucionar. El cambio climático que estamos viviendo, es un problema real al que no encuentran solución los científicos especialistas en la materia.

Sin la ayuda económica de los países ricos, los más pobres no saldrán del subdesarrollo económico, social y político. El agotamiento progresivo de los recursos naturales de estos países pobres, les conduce a un callejón sin salida, como se demuestra en las discusiones que tienen lugar en las Conferencias Internacionales, que en sus distintos aspectos, pretenden encontrar una solución al medio ambiente.[2] Entre otros motivos del fracaso, aparece siempre el hecho negativo de que los intereses económicos de los países ricos aparecen enfrentados con los propios de los países pobres.

La economía está completamente globalizada, siendo la intercomunicación productiva un hecho real, por muy distantes que se encuentren dos países productivos. A ello se une la competencia cada vez más arraigada en la producción de productos a bajo coste, aun cuando ello se lleve a cabo a costa del agotamientos de determinados recursos naturales y sin preocupación alguna por el medio ambiente.

Con la intención de poder disminuir en la medida de lo posible la destrucción de la naturaleza por la economía industrializada, se aprobó en la Declaración de Río de Janeiro de 1992, bajo los auspicios de la ONU, el concepto del Desarrollo Sostenible, que entre otros objetivos, pretende conseguir un reparto equitativo y uso adecuado de los recursos naturales. Para ello se pretende difundir el uso de tecnología no invasiva de la naturaleza. Pero para que el Desarrollo Sostenible de la economía industrializada pueda tener éxito, se necesita un consenso mundial que no existe más que en la teoría. Dicho acuerdo requiere inexcusablemente un compromiso político de cooperación internacional a efectos de conseguir la planificación económica sostenible, esto es, racional y prudente para mantener el uso de explotación de los recursos naturales.

La influencia que tiene la economía industrial en la naturaleza aparece, de forma bien ostensible, en la planificación industrial y también en el urbanismo.[3] En este aspecto, la incidencia de la económica industrial, en sus distintos aspectos, no es igual en un país desarrollado que en otro en vías de desarrollo. El proceso de industrialización representa el aspecto más dinámico del fenómeno del desarrollo económico. Es evidente que los países que hoy se consideran desarrollados, han pasado por un proceso de industrialización de tal magnitud, que ha modificado la estructura de todo su sistema, siendo esa industrialización la piedra angular sobre la cual asentar su desarrollo económico y social.

Pero la expansión industrial ha alterado profundamente los sistemas sociales:[4] creando nuevos bienes, diversificando los patrones de consumo, introduciendo nuevas necesidades, alterando las estructuras económicas, sociales y políticas y, fundamentalmente, acelerando el proceso de expansión económica a nivel mundial. No se puede evitar que todos los países pretendan industrializarse, lo que supone necesariamente un aumento en el consumo de productos y sustancias contaminantes. Sin una economía industrializada es muy difícil que puedan salir del subdesarrollo, lo que les obliga a sacrificar el medio ambiente en el que viven, o bien, a vender sus derechos de contaminación a los países ricos, lo que les deja al margen de cualquier progreso económico.

El proceso de industrialización afecta al medio ambiente tanto a través de su impacto directo como indirecto, al provocar alteraciones en la dinámica social. Los habitantes de países industrializados sufren los efectos de la contaminación directamente, efecto en muchos casos inmediato. Es por ello, que este grave problema no se puede solucionar de forma local sino internacional.

Por otro lado, los recursos naturales no son inagotables. Al menos no lo son en la dimensión temporal humana. El agotamiento de un recurso natural tiene un impacto negativo sobre el medio ambiente, pudiendo causar su colapso económico definitivo en un determinado lugar, que arrastraría con él al sistema social que depende de él para su subsistencia. Pero además tiene efectos graves sobre el proceso de desarrollo, al comprometerlo en el largo plazo.

Una de las características de la industria moderna ha sido su persistente tendencia al aumento de la escala de producción, con lo cual los impactos ambientales que produce tienden a ser mayores. El consumo se multiplica cada cinco años de forma inexorable. Al no establecerse medidas racionales de educación en el uso prudente de los recursos naturales, su agotamiento producirá, de forma inevitable, un desastre medio ambiental de consecuencias mundiales en los próximos años.[5]

[1] El vertido de residuos (líquidos, sólidos y especialmente tóxicos), la construcción de numerosos vertederos e incineradoras, el deshecho de plásticos y aceites contaminantes, la producción de humos, supone un grave peligro no sólo para la vida humana, sino también para la flora y la fauna de un determinado territorio.

[2] En la Conferencia de Kyoto de 1997, los Estados firmantes se comprometieron a reducir los gases de efecto invernadero en un 5%, para evitar el calentamiento del planeta. Por ello se elevó dicho compromiso en una reducción del 85 entre los años 2008 a 2012, lo que no se ha cumplido. Tanto Rusia, China y especialmente los Estados Unidos de Norteamérica, se negaron a firmar dicho acuerdo, precisamente los tres Estados más contaminantes del

mundo. Lo único positivo de Kyoto fue el reforzamiento de la conciencia mundial para proteger la naturaleza.

[3] Es bien conocido en España, cómo se ha destruido el medio ambiente del litoral del Mar Mediterráneo, por las urbanizaciones masivas construidas al margen de todo control racional y de protección de la naturaleza.

[4] El impacto de la industria sobre la naturaleza se produce por la ocupación del espacio, la utilización de los recursos naturales y la generación de residuos: desechos y contaminantes.

[5] La solución es muy compleja y no está al alcance del sistema político y económico en la mayoría de los Estados, que asisten a las Conferencias Internacionales sobre el Medio Ambiente. Sólo en los países nórdicos aparece una conciencia clara del problema en el deterioro progresivo del medio ambiente. Pero las medidas allí adoptadas no son aplicables en nuestro entorno geográfico, debido a diferencias sociales, económicas y políticas.

 


[1] El vertido de residuos (líquidos, sólidos y especialmente tóxicos), la construcción de numerosos vertederos e incineradoras, el deshecho de plásticos y aceites contaminantes, la producción de humos, supone un grave peligro no sólo para la vida humana, sino también para la flora y la fauna de un determinado territorio.
[2] En la Conferencia de Kyoto de 1997, los Estados firmantes se comprometieron a reducir los gases de efecto invernadero en un 5%, para evitar el calentamiento del planeta. Por ello se elevó dicho compromiso en una reducción del 85 entre los años 2008 a 2012, lo que no se ha cumplido. Tanto Rusia, China y especialmente los Estados Unidos de Norteamérica, se negaron a firmar dicho acuerdo, precisamente los tres Estados más contaminantes del mundo. Lo único positivo de Kyoto fue el reforzamiento de la conciencia mundial para proteger la naturaleza.
[3] Es bien conocido en España, cómo se ha destruido el medio ambiente del litoral del Mar Mediterráneo, por las urbanizaciones masivas construidas al margen de todo control racional y de protección de la naturaleza.
[4] El impacto de la industria sobre la naturaleza se produce por la ocupación del espacio, la utilización de los recursos naturales y la generación de residuos: desechos y contaminantes.
[5] La solución es muy compleja y no está al alcance del sistema político y económico en la mayoría de los Estados, que asisten a las Conferencias Internacionales sobre el Medio Ambiente. Sólo en los países nórdicos aparece una conciencia clara del problema en el deterioro progresivo del medio ambiente. Pero las medidas allí adoptadas no son aplicables en nuestro entorno geográfico, debido a diferencias sociales, económicas y políticas. 

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