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¿Y si Bitcoin fuera un fraude?

¿Y si Bitcoin fuera un fraude?


Por Juan Palomino. Abogado de Penal Económico de Pérez-Llorca

 

En los últimos meses la inversión en Bitcoin ha sido públicamente criticada por parte de personalidades ciertamente notorias en el mundo de las inversiones. Entre dichas personalidades se encuentran perfiles como el de Jamie Dimon –consejero delegado del banco de inversión JP Morgan Chase–, Ray Dalio –fundador de Bridgewater, el mayor hedge fund del mundo–, Francisco García Paramés –uno de los gestores de inversión más reconocidos en nuestro país– o Vitor Constancio –vicepresidente del Banco Central Europeo–. Otras voces, como la del presidente del fondo Oaktree Capital, Howard Marks, han ido más lejos hasta el punto de calificar Bitcoin como un fraude piramidal.

 

Si bien es cierto que estas declaraciones han sido duramente respondidas por sectores pro-Bitcoin, también lo es que han sembrado cierto desconcierto y suspicacias entre los inversores. ¿Podría ser acaso Bitcoin el próximo gran fraude piramidal?

 

Antes de entrar a analizar la cuestión resulta necesario dejar claro que las suspicacias y dudas que se han planteado se refieren únicamente a Bitcoin como moneda virtual o medio de inversión, y no a la tecnología blockchain[1], respecto de la cual parece existir cierta unanimidad en cuanto a su valía, tal como demuestra el hecho de que está siendo implementada operativamente en diversos sectores de actividad con magníficos resultados.

 

Para analizar la cuestión, resulta ineludible rememorar la definición acuñada por el Premio Nobel de Economía, Paul A. Samuelson, que definió los fraudes piramidales como “un comportamiento social de especulación extrema”. Precisamente esa especulación –potenciada por la dificultad para estimar su verdadero valor fundamental– es la que constituye el grueso de las críticas vertidas contra Bitcoin. Dos datos sirven de ejemplo de lo anterior: en febrero de 2013 un bitcoin podía adquirirse por 20$; en noviembre de 2017 su valor unitario ha llegado a alcanzar los 11.500$ (y subiendo), sin apreciarse diferencia alguna desde un punto de vista técnico entre los bitcoins del 2013 y los del 2017. ¿Milagro económico, burbuja o simplemente demasiado bueno para ser verdad?

 

Más allá de los visos de burbuja que parece desprenderse del comportamiento del valor de Bitcoin, debemos preguntarnos si ello deriva necesariamente en la existencia de un fraude como algunos parecen haber apuntado. Pues bien, el delito de estafa requiere que el autor se valga de un engaño apto para provocar un error en la víctima que, finalmente, realiza un acto de disposición en su perjuicio o en el de un tercero. A primera vista, parece haber ciertos requisitos que no se colmarían en el caso de Bitcoin. Las primeras dudas se despiertan en cuanto a quién podría considerarse como autor de la estafa. En efecto, para que pudiera apreciarse una gran estafa piramidal deberíamos partir de que tras Bitcoin existiera un grupo de personas que tuvieran un control efectivo de la gestión de todo el sistema, lo cual en estos momentos resultaría cuando menos dudoso teniendo en cuenta el nivel de descentralización que existe. Por ello, atendiendo a la información disponible actualmente, a mi juicio, puede descartarse la existencia de una gran estafa piramidal.

 

Sin embargo, considero que lo anterior no elimina el riesgo defraudatorio que pudiera asociarse a Bitcoin, especialmente atendiendo a su naturaleza y capacidad de retención de valor. Mi intención en este artículo es reflexionar sobre estas circunstancias, por lo que no entraré a valorar ni el origen de Bitcoin, ni los fines que perseguía, sino el uso especulativo que parece estar produciéndose en la actualidad por parte de agentes externos y que ha sido objeto de múltiples críticas y avisos.

 

El punto de partida de mis reflexiones ha de ser, necesariamente, un hecho que resulta incuestionable: Bitcoin no se emite por un organismo oficial dependiente de un gobierno. Esta cuestión, por muy evidente o baladí que pudiera parecer, tiene un impacto ciertamente significativo a mi juicio.

 

Trataré de explicarlo de manera simplificada. El hecho de que Bitcoin no sea una moneda emitida oficialmente conlleva que no haya un banco central encargado de su supervisión y control. Como consecuencia de ello, Bitcoin genera oportunidades que nacen precisamente de su operatividad al margen de los sistemas regulados (la transferencia de fondos es más rápida, se dice que es un sistema más democratizador, no está sujeto a comisiones, etc.). Sin embargo, esta condición también genera amenazas, como por ejemplo que no se pueda identificar (al menos de manera ágil) a los titulares. Sin perjuicio de ello, lo más relevante a los efectos de este análisis es la capacidad de retención de valor de Bitcoin que también se ve afectado por el hecho de no ser emitido por un banco central.

 

Debemos tener presente que un billete o moneda, por razón de su naturaleza, representa en definitiva una deuda del gobierno emisor con la persona que lo posee (algo así como una factura que el gobierno se compromete a pagarnos y que el poseedor puede utilizar para intercambiar por bienes o servicios). Sin embargo, no puede obviarse que detrás del proceso de emisión de un billete o moneda debe existir un respaldo previo que garantice su valor, lo cual se materializa a través del aumento de los activos del banco central (dichos activos están compuestos por depósitos de oro o divisas, derechos de crédito ante organismos públicos o privados, etc). Nótese que si un banco central decidiera emitir billetes sin aumentar su activo, produciría una depreciación del valor de su moneda ya que lo que inicialmente soportaba un número determinado de billetes pasaría a soportar un número superior. La adopción de este tipo de decisiones corresponde a los bancos centrales que, mediante la implementación de estrategias de política monetaria –ya sea de naturaleza expansiva o restrictiva–, persiguen como objetivo principal garantizar la estabilidad de precios, o lo que es lo mismo, garantizar el dinero como depósito de valor.

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