El cerebro como obra de arte: neuroplasticidad, nutrición y claridad en la decisión judicial
La precisión argumental no depende solo de la formación jurídica, también del estado del órgano que procesa la información
(Imagen: E&J)
El cerebro como obra de arte: neuroplasticidad, nutrición y claridad en la decisión judicial
La precisión argumental no depende solo de la formación jurídica, también del estado del órgano que procesa la información
(Imagen: E&J)
A principios del siglo XX, Santiago Ramón y Cajal inauguró una nueva etapa en la comprensión del sistema nervioso al demostrar que el cerebro humano no es una estructura rígida, sino un órgano moldeable, dinámico y capaz de reorganizarse a lo largo de la vida. De sus observaciones emergió el concepto de plasticidad neuronal, piedra angular de la neurociencia moderna. Su célebre afirmación —“todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro”— sigue siendo hoy un recordatorio de la capacidad humana para moldear, fortalecer y refinar sus funciones cognitivas.
En el ejercicio de la función jurisdiccional, donde la complejidad normativa y la intensidad intelectual convergen, el rendimiento cognitivo adquiere una importancia evidente. La claridad mental, la capacidad de razonamiento, la atención sostenida y la memoria operativa son procesos directamente relacionados con la arquitectura y el funcionamiento bioquímico del cerebro. Cuidar este órgano no es solo un acto de bienestar personal: es también una forma de responsabilidad institucional.
La literatura científica reconoce que determinados nutrientes resultan relevantes para el mantenimiento del sistema nervioso. Los ácidos grasos omega-3, presentes en el aceite de krill, participan en la integridad de las membranas neuronales y en la comunicación sináptica. Las vitaminas del grupo B, por su parte, desempeñan un papel esencial en la producción de neurotransmisores, en el metabolismo energético cerebral y en el control de la homocisteína, un compuesto cuyo aumento se ha asociado al deterioro cognitivo.
Los hábitos nutricionales adecuados no sustituyen la formación jurídica, pero pueden favorecer un terreno biológico más propicio para que las funciones cognitivas superiores —memoria, análisis, flexibilidad mental y razonamiento complejo— se desplieguen con mayor eficacia. En el trabajo jurisdiccional, donde es crucial integrar hechos, normas, jurisprudencia y principios, disponer de un cerebro que funcione en condiciones fisiológicas óptimas constituye un apoyo silencioso pero relevante.
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Un elemento frecuentemente subestimado es la hidratación adecuada. El cerebro —compuesto en un 70-80% por agua— depende del equilibrio de los minerales como el calcio, potasio, magnesio y cloruro, presentes en el agua mineral natural. Estos iones participan en la transmisión eléctrica de las neuronas y en la estabilidad de sus membranas. Incluso niveles leves de deshidratación se han asociado a disminuciones en memoria, atención y velocidad de procesamiento, capacidades esenciales para la labor jurisdiccional.

(Imagen: E&J)
Diversas investigaciones universitarias europeas —entre ellas estudios desarrollados en instituciones británicas— han mostrado que hábitos saludables mantenidos durante varias semanas pueden producir mejoras en la plasticidad funcional de cerebro, reforzando la comunicación entre neuronas en regiones involucradas en memoria y razonamiento, especialmente el hipocampo y la corteza prefrontal. Estas mejoras se basan principalmente en la creación y fortalecimiento de sinapsis, la reorganización de circuitos neuronales y la optimización de rutas funcionales.
En el contexto jurídico, esta perspectiva invita a una reflexión: las funciones cognitivas que sostienen la actividad jurisdiccional —desde la evaluación de la prueba hasta la motivación de la sentencia— se producen sobre un terreno biológico cuya calidad depende, en parte, de la nutrición, hidratación, y hábitos cotidianos del propio operador jurídico. La precisión argumental y la lucidez no dependen únicamente de la formación jurídica, sino también del estado general del órgano que procesa la información.
Recordar a Cajal significa, por tanto, recordar una responsabilidad: ser escultores del propio cerebro implica adoptar prácticas que favorezcan la claridad intelectual. Nutrición equilibrada, hidratación adecuada, descanso reparador, ejercicio físico, estimulación cognitiva y un estilo de vida coherente con la exigencia intelectual de la función jurisdiccional constituyen la base para un razonamiento ponderado, preciso y plenamente consciente de sus implicaciones sociales.
Desde mi propia experiencia profesional, y como parte de mis hábitos de salud cerebral, incorporo diariamente omega-3 de krill y vitaminas del grupo B como apoyo a un estilo de vida saludable. Son elementos que integran mi rutina de cuidado cerebral, coherentes con la visión de un cerebro que se fortalece y afina gracias a la suma de elecciones cotidianas.

