Cómo evolucionar de un modelo reactivo basado en problemas a una cultura jurídica centrada en la prevención y la detección de riesgos
Del abogado que reacciona al despacho que se anticipa
(Imagen: E&J)
Cómo evolucionar de un modelo reactivo basado en problemas a una cultura jurídica centrada en la prevención y la detección de riesgos
Del abogado que reacciona al despacho que se anticipa
(Imagen: E&J)
Durante décadas, el funcionamiento de muchos despachos de abogados ha respondido a un esquema bastante previsible: el cliente detecta un problema, llama a su abogado y el despacho interviene para resolverlo. Un conflicto contractual, un litigio inesperado, una inspección administrativa o una crisis societaria activan el asesoramiento jurídico. Este modelo, profundamente arraigado en la cultura de la profesión, ha definido lo que podríamos llamar el despacho reactivo. Sin embargo, el entorno empresarial y regulatorio actual está impulsando una transformación hacia un modelo distinto: el despacho anticipativo.
En el modelo tradicional, la relación con el cliente se activa cuando el conflicto ya ha aparecido. El abogado entra en escena en un momento donde el margen de maniobra suele ser limitado. Muchas decisiones ya se han tomado, los riesgos se han materializado y el objetivo principal consiste en minimizar daños. Este enfoque ha sido durante mucho tiempo el núcleo del ejercicio profesional, especialmente en ámbitos procesales o contenciosos.
Sin embargo, las organizaciones actuales operan en contextos cada vez más complejos: regulación cambiante, mayor exposición reputacional, presión competitiva y una creciente digitalización de los negocios. En este escenario, esperar a que el problema aparezca puede resultar demasiado costoso. Por ello, muchas empresas comienzan a demandar un tipo de asesoramiento diferente, orientado no solo a resolver conflictos, sino a detectarlos antes de que exploten.
...
Suscríbete a nuestra
NEWSLETTER




