Hablar claro sin perder rigor: el gran equilibrio de la abogacía moderna
Cómo compatibilizar precisión técnica y claridad comunicativa se ha convertido en una de las competencias más valiosas del abogado actual
(Imagen: E&J)
Hablar claro sin perder rigor: el gran equilibrio de la abogacía moderna
Cómo compatibilizar precisión técnica y claridad comunicativa se ha convertido en una de las competencias más valiosas del abogado actual
(Imagen: E&J)
En el ejercicio profesional del derecho existe una tensión permanente que atraviesa casi todas las interacciones con el cliente: el conflicto entre precisión y claridad. El abogado está formado para pensar y expresarse con exactitud técnica. Cada término jurídico tiene un significado concreto, cada matiz puede alterar una interpretación y cada palabra puede tener consecuencias relevantes en un contrato, un escrito procesal o una recomendación estratégica. El cliente, sin embargo, no busca sofisticación técnica; busca entender qué ocurre, qué riesgos existen y qué debe hacer.
Esta diferencia de expectativas genera uno de los retos más complejos del asesoramiento jurídico contemporáneo: explicar con simplicidad sin perder rigor. Porque si el abogado prioriza exclusivamente la precisión, corre el riesgo de resultar incomprensible. Pero si simplifica en exceso, puede trivializar el problema y ofrecer una visión distorsionada de la realidad jurídica.
La precisión técnica es, sin duda, una obligación profesional. El derecho no admite ambigüedades innecesarias. Una expresión mal utilizada puede alterar el alcance de una cláusula contractual, debilitar una argumentación o generar una expectativa errónea en el cliente. Por eso, la formación jurídica insiste en el lenguaje exacto y en la precisión conceptual como parte esencial del oficio.
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