La gran mentira de la casación
Seis errores que siguen hundiendo recursos antes de llegar al Supremo
(Imagen: E&J)
La gran mentira de la casación
Seis errores que siguen hundiendo recursos antes de llegar al Supremo
(Imagen: E&J)
La casación contencioso-administrativa vive rodeada de creencias que se repiten en los despachos, se transmiten entre colegas y se convierten, con el tiempo, en hábitos. Algunos de esos hábitos son inofensivos. Otros cuestan inadmisiones, tiempo y dinero del cliente.
La teoría escribe manuales. La realidad, en cambio, confecciona diarios de experiencia.
1. Si la sentencia es injusta, hay casación
No necesariamente. Desde la reforma de 2015, el Tribunal Supremo no entra a corregir injusticias. Entra a fijar jurisprudencia. Una sentencia puede ser discutible, incluso claramente errónea, y aun así no tener recorrido casacional si la cuestión ya está resuelta por doctrina consolidada o si su relevancia no va más allá del caso concreto. Confundir el agravio del cliente con el interés casacional objetivo es el error de partida más frecuente y el más caro.
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