Cuando el orgullo entra en sala: la fina línea entre estrategia y ego en la abogacía
Cómo el ego profesional puede influir en decisiones jurídicas que aparentan ser técnicas, pero responden más a necesidad de validación que a utilidad real
(Imagen: E&J)
Cuando el orgullo entra en sala: la fina línea entre estrategia y ego en la abogacía
Cómo el ego profesional puede influir en decisiones jurídicas que aparentan ser técnicas, pero responden más a necesidad de validación que a utilidad real
(Imagen: E&J)
En el ejercicio de la abogacía existe una dificultad especialmente compleja porque suele pasar desapercibida incluso para quien la experimenta: distinguir entre estrategia jurídica y ego profesional. No todas las decisiones litigiosas responden exclusivamente a criterios técnicos, económicos o procesales. En ocasiones, el conflicto se mantiene no porque resulte realmente útil para el cliente, sino porque el orgullo, la necesidad de tener razón o la resistencia a ceder empiezan a ocupar el centro de la decisión. El problema es que el ego rara vez se presenta de forma evidente. Normalmente se disfraza de firmeza, de defensa de principios o de convicción jurídica.
La profesión jurídica favorece esta dinámica por múltiples razones. El abogado trabaja constantemente defendiendo posiciones, argumentando, persuadiendo y enfrentándose a escenarios competitivos. Ganar tiene valor simbólico, reputacional y emocional. Con el tiempo, la capacidad de sostener posiciones firmes puede confundirse con la necesidad de no retroceder nunca.
El riesgo aparece cuando el objetivo deja de ser resolver eficazmente un problema y pasa a ser demostrar superioridad técnica, mantener una posición previa o evitar la percepción de derrota. En ese punto, la estrategia jurídica empieza a mezclarse con elementos emocionales que alteran la calidad de la decisión.
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