El abogado que comía con los clientes
El abogado debe contenerse delante de su cliente: cuando comparte mantel con él, nunca debe olvidar el motivo de la convocatoria
(Imagen: E&J)
El abogado que comía con los clientes
El abogado debe contenerse delante de su cliente: cuando comparte mantel con él, nunca debe olvidar el motivo de la convocatoria
(Imagen: E&J)
Más del 80% de los ciudadanos que acuden a un abogado, según un estudio realizado por Economist & Jurist, esperan de él que sea un hombre o una mujer muy racional, preparado y equilibrado.
Los usuarios de la abogacía no aprecian, mayoritariamente, a los profesionales excéntricos, pasionales o radicales. Al contrario, la mayoría de los clientes se sienten más tranquilos en manos de un abogado frío, racional y calculador que en manos de uno apasionado y demasiado expresivo.
Esta valoración se traslada incluso a los actos extrajurídicos que los clientes suelen compartir, en ocasiones, con sus letrados. Un ejemplo claro son las comidas. Si el abogado muestra excesos durante un almuerzo compartido, el cliente trasladará, en muchos casos, los efectos negativos de ese exceso al trabajo que el profesional aplique sobre su asunto.
Por ejemplo, no es conveniente que un abogado comparta un cocido regado con abundante vino para luego asistir a una reunión. El cliente notará personalmente los efectos de la ingesta y tendrá la percepción de que dichos efectos también merman la capacidad de su abogado para defender sus intereses.
Suscríbete a nuestra
NEWSLETTER
El abogado debe contenerse delante de su cliente. Cuando comparte mantel con él, nunca debe olvidar el motivo de la convocatoria y ha de tener claro que el cliente, aun pareciendo un amigo en ocasiones, es una persona que lo ha contratado para prestar un servicio en su beneficio.
La defensa de ese interés es lo más importante; por ello, no es conveniente que se perciba que las debilidades gastronómicas del profesional puedan influir negativamente en el resultado de su trabajo.

(Imagen: E&J)
Por todo lo expuesto, es conveniente que los miembros de la abogacía, cuando compartan un almuerzo de negocios, sigan los siguientes consejos:
• Si el cliente pide vino, no hay que rechazarlo, pero se debe beber con mucha moderación.
• Pedir platos de precio medio y que sean fáciles de comer. Es importante que, durante la comida, el interés y la atención del abogado estén centrados en la conversación y no en cómo apura una cigala o desmonta una vieira.
• Comer al mismo ritmo que lo haga el cliente; ni acabar antes que él ni después.
• No dejar el móvil encima de la mesa, ya que provoca que el cliente piense que su abogado está preocupado por asuntos ajenos al suyo.
• No pagar ni hacer ademán de hacerlo. El cliente ha de ser consciente de que el tiempo del abogado siempre tiene un coste. Si el propio profesional no valora su tiempo, tampoco lo hará el cliente.

