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¿Está pensando en tomar Ozempic®, Wegovy® o Mounjaro®? Lo que debe saber antes de empezar

Diez claves para comprender qué son estos nuevos tratamientos, quién puede beneficiarse y por qué no deben utilizarse sin supervisión médica

(Imagen: E&J)

María Cruz Martín Delgado

Analista jurídico. Jefa de intensivos del Hospital 12 de octubre. Expresidenta de la sociedad panamericana de medicina critica y terapia intensiva. Miembro del Consejo de la World Federation Critical Care




Tiempo de lectura: 3 min

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¿Está pensando en tomar Ozempic®, Wegovy® o Mounjaro®? Lo que debe saber antes de empezar

Diez claves para comprender qué son estos nuevos tratamientos, quién puede beneficiarse y por qué no deben utilizarse sin supervisión médica

(Imagen: E&J)

Los medicamentos para el tratamiento de la obesidad, como la semaglutida y la tirzepatida, han supuesto uno de los mayores avances terapéuticos de los últimos años. Su elevada eficacia ha despertado un enorme interés entre pacientes y profesionales sanitarios, pero también ha generado expectativas poco realistas y numerosas dudas. Antes de iniciar un tratamiento conviene conocer algunos aspectos fundamentales:

  1. No son medicamentos «para adelgazar», sino tratamientos para una enfermedad. La obesidad está reconocida como una enfermedad crónica, compleja y multifactorial. Estos fármacos no tienen como objetivo mejorar la estética, sino tratar una patología que aumenta el riesgo de diabetes, enfermedad cardiovascular, apnea del sueño, algunos tipos de cáncer y otras muchas complicaciones.
  2. No todas las personas son candidatas al tratamiento. La indicación depende del índice de masa corporal, de la presencia de enfermedades asociadas y de una valoración médica individual. El hecho de querer perder unos kilos antes del verano no constituye, por sí mismo, una indicación para recibir estos medicamentos.
  3. Deben ser prescritos y supervisados por un profesional sanitario. En España son medicamentos sujetos a prescripción médica. Antes de iniciarlos es necesario valorar antecedentes personales, medicación concomitante, posibles contraindicaciones y establecer un plan de seguimiento para controlar la eficacia y detectar posibles efectos adversos.
  4. No sustituyen a una alimentación saludable ni al ejercicio físico. Aunque disminuyen el apetito y favorecen una pérdida significativa de peso, los mejores resultados se obtienen cuando se acompañan de cambios sostenidos en la alimentación, incremento de la actividad física y modificación de los hábitos de vida. El medicamento es una herramienta más dentro de un tratamiento integral.

    Alimentación saludable

    (Imagen: E&J)

  5. La pérdida de peso es progresiva y requiere tiempo. Estos tratamientos se administran con un aumento gradual de la dosis para mejorar su tolerancia. Los resultados no son inmediatos y pueden necesitar varios meses para alcanzar su máximo beneficio. La rapidez no debe ser el objetivo; lo importante es conseguir una pérdida de peso mantenida y clínicamente relevante.
  6. Como cualquier medicamento, pueden producir efectos secundarios. Los más frecuentes son náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento o sensación de plenitud, especialmente durante las primeras semanas. En la mayoría de los pacientes son leves y transitorios, aunque en ocasiones pueden requerir ajustes de dosis o incluso la suspensión del tratamiento. Cualquier síntoma intenso o persistente debe ser valorado por un profesional sanitario.
  7. No deben adquirirse por Internet ni a través de canales no autorizados. El éxito de estos medicamentos ha favorecido la aparición de productos falsificados y de ofertas en páginas web sin garantías sanitarias. Comprar medicamentos fuera de los circuitos legales supone un riesgo importante para la salud y puede implicar recibir productos cuya composición, conservación o procedencia son desconocidas.
  8. Es posible recuperar peso al suspender el tratamiento. La obesidad es una enfermedad crónica y, como ocurre con otras patologías, la interrupción del tratamiento puede favorecer la reaparición de los síntomas. Diversos estudios muestran que parte del peso perdido puede recuperarse si no se mantienen los cambios en el estilo de vida y no existe una estrategia de seguimiento.
  9. No están exentos de limitaciones económicas y de acceso. Su financiación pública es limitada y depende de las indicaciones aprobadas y de las decisiones de cada sistema sanitario. Además, el elevado coste ha generado debates sobre sostenibilidad, priorización de recursos y equidad en el acceso a estos tratamientos.
  10. No son una solución mágica. Probablemente este sea el mensaje más importante. Semaglutida y tirzepatida representan uno de los mayores avances en el tratamiento de la obesidad, pero no eliminan la necesidad de un abordaje integral que incluya educación sanitaria, apoyo psicológico cuando sea necesario, actividad física, alimentación saludable y seguimiento clínico. El éxito del tratamiento no depende únicamente del medicamento, sino de la combinación de todas estas intervenciones.
Receta médica

(Imagen: E&J)

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En definitiva, estos fármacos han cambiado el panorama del tratamiento de la obesidad y ofrecen una oportunidad real para mejorar la salud de muchos pacientes. Sin embargo, su utilización debe realizarse siempre bajo supervisión médica, con expectativas realistas y entendiendo que forman parte de una estrategia terapéutica a largo plazo. La mejor decisión no es iniciar el tratamiento cuanto antes, sino hacerlo cuando realmente está indicado y con el acompañamiento adecuado.

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