Fran Peláez, socio director de PenalTech, advierte del peligro de la confianza digital en pareja: “Algunas herramientas tecnológicas acaban convirtiéndose en mecanismos de control”
La vigilancia constante de los movimientos y rutinas de la pareja, al tener compartida la ubicación en tiempo real, puede constituir una situación de acoso
(Imagen: PenalTech)
Fran Peláez, socio director de PenalTech, advierte del peligro de la confianza digital en pareja: “Algunas herramientas tecnológicas acaban convirtiéndose en mecanismos de control”
La vigilancia constante de los movimientos y rutinas de la pareja, al tener compartida la ubicación en tiempo real, puede constituir una situación de acoso
(Imagen: PenalTech)
Algunos dispositivos móviles ya permiten compartir de manera constate su ubicación en tiempo real. Esta práctica es cada vez más habitual entre las personas, quienes deciden compartir su ubicación en tiempo real con sus familiares, amigos y con su pareja por diferentes motivos, como la seguridad, por si se pierde o roban el dispositivo o para coordinar desplazamientos, entre otras razones. No obstante, este gesto de confianza a veces puede tornarse en una situación peligrosa e incluso con implicaciones penales.
El acceso a la ubicación puede pasar de ser una herramienta práctica para la relación sentimental de pareja a convertirse en un mecanismo de vigilancia y acoso. “Una herramienta tecnológica que nace de la confianza puede adquirir una dimensión completamente diferente cuando esa confianza desaparece. Saber dónde está una persona de manera constante proporciona una información extraordinariamente precisa sobre su vida cotidiana y, en determinados contextos, puede convertirse en un mecanismo de control», explica Fran Peláez, socio director de PenalTech.
Este abogado penalista advierte del peligro de mantener compartida la ubicación con tu pareja sentimental cuando existen antecedentes de amenazas, celos o conductas de control, ya que tener activa esta función puede facilitar un examen constante sobre los movimientos y rutinas de la otra persona.

(Imagen: E&J)
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“Una pareja que conoce permanentemente dónde se encuentra la otra persona puede disponer de una capacidad de vigilancia que, dependiendo de cómo se utilice y del contexto, puede tener consecuencias que trasciendan el ámbito tecnológico”, señala Peláez.
Actualmente, el despacho PenalTech, especializado en ciberdelincuencia, delitos informáticos y Derecho penal tecnológico, ha asumido la defensa de una joven que refleja esta situación: al inicio del noviazgo ella y su pareja decidieron compartir sus ubicaciones uno con el otro por cuestiones cotidianas y logísticas, sin embargo, con el paso de los años la relación se deterioró y aparecieron amenazas, celos y conductas de acoso. En este contexto, el uso de la ubicación compartida permitió a su expareja tener un conocimiento constante de los movimientos y rutinas de la joven, lo que agravó aún más la situación de acoso y generó en la mujer una sensación permanente de vigilancia e inseguridad.
Por casos como este, el penalista Fran Peláez recuerda que, aunque compartir la ubicación voluntariamente no constituye a priori ningún delito, el uso que se haga posteriormente de esa información y las circunstancias concretas de cada caso pueden tener implicaciones penales.
“En determinados supuestos, la utilización reiterada de estos datos para vigilar, perseguir o buscar la cercanía física de una persona podría llegar a analizarse en el marco del delito de acoso o stalking previsto en el artículo 172 ter del Código Penal”, indica Peláez.
Por ello desde el despacho recomiendan revisar los permisos de ubicación cuando finaliza una relación y conservar mensajes, registros de llamadas y otras evidencias digitales ante posibles conductas de amenazas o acoso. “Cuando una relación termina, también debería revisarse la denominada «confianza digital», es decir, debemos actualizar contraseñas, cerrar sesiones, revocar permisos y revisar la configuración de privacidad para recuperar el control sobre nuestra vida digital”, aconseja el abogado.
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