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Cómo revolucionar la lucha contra los abusos bancarios: una entrevista sin filtros a Raúl Castañeda, fundador de Preico Jurídicos

"Mi ego no es sentirme superior a nadie, sino ver arrodillado a quien un día abusó de otra persona"

Foto de Raúl Castañeda

(Imagen: Cesión Propia)

Tiempo de lectura: 15 min

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Cómo revolucionar la lucha contra los abusos bancarios: una entrevista sin filtros a Raúl Castañeda, fundador de Preico Jurídicos

"Mi ego no es sentirme superior a nadie, sino ver arrodillado a quien un día abusó de otra persona"

Foto de Raúl Castañeda

(Imagen: Cesión Propia)

Raúl Castañeda, fundador de Preico Jurídicos, dirige un gigante de la reclamación contra la usura bancaria que afirma haber asesorado a más de 150.000 clientes. Su motivación no nació en las aulas universitarias, sino de su propia experiencia: tras sufrir lo que califica como una estafa por parte de la entidad Cofidis, perdió todo y tuvo que vivir junto a su hija en un almacén. Ese golpe personal se transformó en una cruzada empresarial contra el abuso financiero.

Criticado por sus competidores por su estilo de vida, Castañeda defiende su autenticidad con orgullo: se define como un «99% pasión y un 1% empresario», rechaza la industrialización automatizada de las demandas y asegura que el ego es el motor indispensable para ver «arrodillado a quien un día abusó de otra persona».

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En esta reveladora entrevista, Raúl Castañeda reflexiona sobre el éxito, el dinero, la justicia y su faceta más familiar.

Economist & Jurist (E&J). – Hace dos años nos dijo en unas declaraciones a E&J que «se creían que solamente era usted una imagen, cuando en realidad era un valor». ¿Sigue sintiendo que el sector jurídico no le toma en serio?

Raúl Castañeda (R.C.). – Siendo sincero, no me paro a pensar en el sector jurídico, sino en las personas, en los afectados, en las víctimas. Ellos son quienes tienen que terminar de confiar en mí o no. Son ellos en los que me centro.

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Creo que sería un grave error centrarme en la opinión de los abogados, jueces, del sector legal, en general. Para mí es más acertado pensar y siempre dirigir mi mensaje al destinatario final: las personas.

Abogado asesorando a cliente

(Imagen: E&J)

E&J. – Usted creó Preico Jurídicos sin ser abogado. ¿Cómo se dirige un despacho de abogados sin ser abogado y dónde está el límite entre la dirección empresarial y la jurídica?

R.C. – La verdad es que es una línea muy ancha, pero al mismo tiempo muy estrecha la que separa lo empresarial de lo jurídico. Porque sí que es verdad que en estos años he atendido a decenas de miles de personas yo mismo, de forma presencial, y he ido aprendiendo, un poco, qué es lo que dice y lo que no dice la ley, pero nunca intervengo en la parte legal.

Yo solo escucho a las personas y les ofrezco la posibilidad de reunirse con un buen abogado, y, a partir de ahí, ellos deciden sobre el tema jurídico.

Cuando el abogado considera que el caso tiene «encaje jurídico» y ves la injusticia que ha sufrido la persona, ya no sé si en estos momentos soy empresario o soy humano.

En muchas ocasiones he llevado casos altruistamente, porque al ver los recursos económicos de que disponían los afectados sabía que si no intervenía iban a dejar escapar algo que les iba a afectar el resto de la vida.

E&J. – ¿Cree que los grandes despachos españoles siguen siendo demasiado elitistas?

R.C. – La verdad es que no he tenido la oportunidad de conocer grandes despachos. Cuando se refieren a grandes despachos, no sé si se refieren a facturaciones o a los casos mediáticos que llevan.

He conocido a abogados reconocidos que han venido a Preico, les he dado un procedimiento de un cliente, les he dicho «lucha» y no han estado a la altura. Y luego he tenido abogados que sin tener ningún reconocimiento han luchado, han investigado, han salido del despacho a buscar, a hablar con los clientes y hemos podido proceder con una bonita demanda y ganarla.

Entonces, yo no valoro los grandes despachos por facturaciones, sino por el amor que le echan al trabajo.

Abogados reunidos

(Imagen: E&J)

E&J. – Al estar en contacto con el mundo jurídico, ¿le ha atraído, en algún momento, la idea de profundizar en la materia y licenciarse en derecho o sabe exactamente cuál es su lugar?

R.C. – Voy a ser muy sincero, sí, en ocasiones puntuales. Yo suelo acudir a las vistas y me quedo sentado en el banquillo. Cuando en ocasiones he visto algún abogado litigante en sala con dudas, titubeando frente a otro abogado que lleva una buena defensa, en esos momentos, solo en esos momentos, me han entrado ganas de querer ser abogado para poder sentarme allí.

Pero cuando estoy en mi despacho, sé que ese es mi lugar: la intermediación, donde conozco bien a los clientes y a los abogados. Sé unir a estas partes.

Siempre recordaré que hace muchos años, tras leer el código deontológico de la abogacía española, vi que me podía atar de pies y manos y esto podría ir en contra de los intereses de mis propios clientes. Y, por lo tanto, la respuesta definitiva es no.

Estoy muy bien en mi posición y me siento más fuerte que muchos.

E&J. – Preico Jurídicos nació prácticamente declarando la guerra a la banca. ¿Sigue existiendo hoy la misma cantidad de abusos bancarios que cuando empezó?

R.C. – La verdad es que nació como una revolución contra las injusticias, enfocándome en primer lugar en la banca.

Cuando fundé Preico, al ser el único despacho de toda España de esas características, todos los clientes venían a mí. Unos años más tarde, cuando vi que me sobrepasaba, hice una convención en el Teatro Goya de Madrid, donde logré reunir a 700 abogados, procuradores y estudiantes de derecho —que esto hasta el día de hoy nadie lo ha conseguido—, y compartí todo mi conocimiento para que ellos pudieran hacer exactamente lo mismo que yo.

A día de hoy está más diversificado, pero, aun así, la banca no ha frenado. De hecho, hasta el Tribunal Supremo ha dictado una resolución, que ha creado jurisprudencia, añadiendo seis puntos sobre la usura por encima de un baremo del 20%; eso no existe ni ha existido en ninguna ley, pero, sin embargo, la tenemos que aplicar todos.

Interior de un banco

(Imagen: E&J)

Así que vemos que la banca tiene apoyo y, sin embargo, los consumidores no han sido protegidos. Lo puedo afirmar porque hemos llevado a más de 160.000 clientes.

E&J. – Después de tantos procedimientos, ¿qué entidad financiera considera que ha mantenido las prácticas más abusivas con los consumidores?

R.C. – Es difícil responder cuando la lista es bastante amplia, pero si tuviera que elegir la más mala de todas, una vez más, tengo que mencionar a Cofidis por una sencilla razón: porque yo he visto cómo a mí mismo, en primera persona, me engañó.

No por haber pedido un crédito, sino porque yo era intermediario en operaciones de financiera cuando vendía colchones, y me hicieron la mayor estafa permitiendo que yo me fuera con mi hija a vivir a un almacén después de perderlo todo.

Siendo conocedores de lo que estaba pasando, no tuvieron escrúpulos conmigo, así que puedo decir que no me lo han contado, sino que lo he vivido personalmente.

E&J. – Preico afirma haber asesorado a más de 150.000 clientes. ¿Se puede convertir un despacho en una estructura de este tamaño sin terminar industrializando la relación abogado-cliente? ¿Ofrecen una estrategia individualizada para cada cliente?

R.C. – Este punto tiene que quedar muy claro. Aquí no existen las demandas masivas porque cada cliente tiene su historia, cada cliente tiene su motivo por el cual quiere reclamar. Y aquí se trata cliente por cliente porque no existe un botón donde puedas atender como una industria: «le doy a este botón y empiezan a fabricarse las demandas por sí solas».

Sí que es verdad, como todo en esta vida, que hay partes que se repiten y no es necesario tener que estar rebuscando, como, por ejemplo, añadir la misma jurisprudencia para casos similares, pero no hemos industrializado la relación abogado-cliente.

Que hoy en día muchos jueces crean que por tener la confianza de cientos de miles de clientes te hayas convertido en una industria es un gravísimo error y sería una falta de respeto a la propia ley y a la misma justicia.

Todos y cada uno de ellos fueron engañados o estafados por las mismas entidades bancarias que sí hacían copia y pega de los mismos modelos de contrato, pero, sin embargo, nuestros clientes tienen que defenderse de forma individualizada.

Imagen de marca Preico Jurídicos

(Imagen: Cesión Propia)

E&J. – ¿Cuál considera que ha sido el mayor error empresarial de Preico?

R.C. – Lo tengo muy claro. El mayor error fue justamente ser bondadoso, ponerme en la situación de los clientes. Yo tenía que haber empezado Preico teniendo una mentalidad empresarial.

Fundé Preico porque había sufrido una injusticia en mis propias carnes y entonces sentí que los demás necesitaban ayuda; personas sin recursos económicos acudían a mí y logré llevar a éxito sus casos; alcancé unas cifras muy altas en volumen de clientes y yo no recibía dinero, pero tenía que seguir tirando para adelante.

Tuve que añadir cláusulas en las hojas de encargo en las que se establecía que no iba a comunicarme con ellos hasta pasados cuatro, cinco o seis años que se ganaran estos procedimientos.

¿Por qué? Porque yo no tengo los recursos económicos suficientes, ya que no me pagan los clientes, para poder añadir una atención al cliente y responder a sus preguntas o sus dudas. Y eso me ha causado un aluvión masivo de reseñas negativas porque los clientes quieren ser atendidos como si fueran grandes clientes que están pagando por adelantado.

E&J. – ¿Ha perdido algún procedimiento que estuviera convencido de que iba a ganar y que le hiciera replantearse la estrategia del despacho?

R.C. – La verdad es que sí. Hubo un caso en el que mis abogados, después de analizar que se encontraban ante un supuesto idéntico al de otro cliente —dos créditos de revolving con importes además exactamente iguales, pero uno se celebró en Madrid y otro en Barcelona—, iniciaron los procesos y uno se ganó y el otro se perdió con la misma respuesta de la parte contraria, con todo exactamente igual.

¿Por qué? Bueno, porque los criterios de los jueces no siempre se basan en la misma ley; y, a veces, con base en sus propios criterios personales, entienden una cosa o entienden otra.

¿Cómo le puedo explicar a un cliente que en un partido judicial le den la razón, pero en otro partido judicial puede generar un resultado distinto?

Una persona en el banquillo de una sala de vistas

(Imagen: E&J)

E&J. – ¿Qué opina de los despachos que captan masivamente clientes mediante publicidad en redes sociales? ¿Dónde está la frontera entre democratizar el acceso a la justicia y convertir el despacho en un producto comercial?

R.C. – Bien, espero explicarme bien sobre este punto porque voy a ser un poco agresivo. Si tú captas de forma masiva a clientes y puedes atenderlos a todos, genial. Pero el problema para mí está aquí, y esto tendría que ser condenado: no puedes o no deberías, en mi opinión, captar cientos de miles de clientes para luego vender esa cartera a otros despachos que no sabes cómo lo van a trabajar, y no responsabilizarte ni estar detrás.

A quienes te refieres captan clientes, hacen bolsas y luego los venden por paquete. Eso es un negocio que no tiene nada que ver con la justicia.

La diferencia, y aquí no está bien claro en la ley, es que yo entiendo que un cliente tiene que ser representado ya no solamente por la empresa que le capta, sino por el mejor abogado posible. Y en el otro caso no es así. Esa persona solamente busca captar el cliente, venderlo y luego le importa bien poco el resultado final.

E&J. – Ha construido una marca personal muy potente alrededor de coches de lujo, éxito empresarial y redes sociales. ¿Cree que esto beneficia a Preico Jurídicos o puede perjudicar la credibilidad de un despacho de abogados?

R.C. – Aquí hay dos posiciones, la de los abogados «de la competencia» o, incluso, personas cercanas al sector jurídico. Ellos pensarán que soy un prepotente, que soy un chulo por cómo muestro esos coches, esos lujos; bueno, y ahí se queda todo.

Y, por otra parte, el cliente que tiene la oportunidad de pensar: «Oye, si me voy a contratar a un abogado que está conduciendo una cafetera con ruedas, es que ese tío no ha ganado muchos juicios».

Coches de lujo

(Imagen: E&J)

El hecho de que Preico, viniendo de donde viene, se encuentre hoy donde se encuentra y que, además, sin ningún pudor hemos mostrado cuando estaba en el peor momento y ahora sigue mostrando dónde se encuentra con total transparencia, hace que los clientes, creo que por mayoría, prefieran venir conmigo; porque ven que siempre voy a decirles la verdad.

E&J. – Entiende entonces que el hecho de que puedan ver que usted ha crecido es una garantía de fiabilidad, ¿no?

R.C. – Totalmente. Es una garantía y yo mismo me iría siempre con la persona que haya conseguido lujos. Es más, mis coches ninguno ha sido financiado; todos han sido pagados al contado.

E&J. – En Preico Educa se ofrecen experiencias personales vinculadas expresamente al lujo, incluyendo desplazamientos en vehículos de alta gama y visitas a sus instalaciones. ¿Qué relación tiene este modelo de negocio con la actividad en el sector jurídico?

R.C. – Preico Educa es una empresa totalmente distinta, donde vendo el conocimiento que he ido adquiriendo durante todos estos años.

Actualmente tengo 46 años, llevo trabajando desde los 9 años en el bar de mi padre; desde los 14 años tuve que salir de casa a buscar trabajo fuera para aportar a la economía de mi casa porque nos hacía falta, y hasta el día de hoy nunca he parado de trabajar.

He vivido muchas experiencias y, por ello, puedo vender consejos a quienes lo necesitan. Es una empresa distinta, así como otras empresas que he creado, por ejemplo, del descanso, de recursos humanos, etcétera.

Persona dando consejos

(Imagen: E&J)

E&J. – ¿Cuánto de Raúl Castañeda es empresario y cuánto es personaje?

R.C. – La verdad, y no tengo pelos en la lengua, de empresario soy el 1% —por eso no soy tan buen empresario—, pero soy el 99% amante de lo que hago, soy como soy y no me escondo.

¿Por qué? Porque mi forma de hablar no es diplomáticamente correcta. Pero es que lo diplomáticamente correcto no te paga las facturas; lo que te paga las facturas es la sinceridad, la confianza y el amor por lo que haces.

He conseguido este volumen de clientes mostrándome todos los días —hago vídeos todos los días—, se me nota que incluso cuando escribo tengo faltas de ortografía, pero las personas no valoran eso.

Están muy sobrevalorados los diplomas que uno puede tener colgados en la pared. Hay puentes, construidos por arquitectos licenciados que se han caído y, sin embargo, si nos remontamos a la época de los romanos, donde no había escuelas como tal, hay puentes que siguen aguantando. ¿Por qué? Porque la forma de trabajar de uno a veces es diferente a la de otro.

E&J. – ¿Para usted la autenticidad es un valor fundamental?

R.C. – Para mí los valores de la vida son los que marcan el camino y mi camino está siendo este. No soy reconocido por personas célebres en este país, pero justamente esas personas no me van a contratar nunca, por lo tanto no me importan nada.

Sin embargo, cuento con el respeto —ya puedo decir de millones de personas en España— porque les he ayudado y ellos sí son los que me van a terminar contratando. Por lo tanto, tengo muy claro dónde está mi lugar.

E&J. – Si mañana desaparecieran sus redes sociales ¿Preico seguiría captando el mismo volumen de clientes?

R.C. – No creo que se capte el mismo volumen de clientes porque mi mensaje llegaría a menos personas. Pero hay algo sobre lo que no cabe duda: hay personas que cuando han tenido un problema, han acudido a varios abogados y nadie los ha atendido porque no tenían dinero en aquellos momentos, pero contaron con el apoyo de Preico y esto les ha hecho recuperar otra vez la confianza en el ser humano y, encima, han recuperado el dinero.

Por ello, habrá un porcentaje alto que volverán a mí y me buscarán esté donde esté.

Consumidor que gana un caso

(Imagen: E&J)

E&J. – ¿Cuál cree que es el mayor abuso que cometen hoy los bancos españoles?

R.C.El mayor abuso es la confianza. Abusan de la confianza del ignorante. Y lo tengo que decir bien claro, del ignorante, porque si tuviera el conocimiento en ese momento de lo que está firmando, dejaría de ser ignorante y, por lo tanto, no firmaría. Así que el mayor abuso es la confianza.

E&J. – ¿Hay algún banco con el que jamás trabajaría?

R.C. – Por desgracia tengo que trabajar con ciertas entidades bancarias, pero si hay alguno con el que no trabajaría… no, porque cuando voy a pactar algo con un banco lo leo todo y me da igual el nombre. Me fijo en las cláusulas y en mis intereses, así que no me conformo con un único banco, sino que hago la misma petición a varias entidades distintas y en la que más me interese, ahí me quedo.

E&J. – ¿Cree que hay demasiados abogados en España?

R.C. – Soy sincero, nunca he investigado sobre este problema. Yo lo que creo es que las universidades no forman abogados, solamente a licenciados, que la diferencia solamente unos pocos la entenderán.

E&J. – ¿Cree que los grandes despachos están sobrevalorados?

R.C. – Dependiendo del problema que tenga el cliente. Porque si, por ejemplo, viene una compañía que tiene un problema corporativo bastante importante, los abogados más cercanos al pueblo, probablemente, no serán capaces de defender este caso y, sin embargo, los grandes despachos sí cuentan con esos grandes talentos para poder defenderles.

La valoración del despacho tiene que determinarla el cliente según el problema que tenga.

Voy a poner un ejemplo: yo tengo una compañía que factura 100 millones de euros al año y tengo una tarjeta de la gasolinera que veo que es abusiva. No me voy a ir a un gran despacho para que me cobren 6.000 € por llevar esa tarjeta cuando el mismo resultado me lo puede dar un despacho más de a pie.

Despacho de abogados

(Imagen: E&J)

Pero luego tengo un problema con la compañía de una patente donde me estoy jugando, a lo mejor, 20 millones de euros. En estos momentos sí necesitaré contar con un despacho que cuente con los recursos y los contactos —sobre todo los contactos— para solucionar este problema, porque a veces las grandes firmas no cuentan con grandes resultados jurídicos, sino con grandes acuerdos extrajudiciales gracias a tener los contactos.

E&J. – ¿Cuánto cree que vale hoy Preico Jurídicos?

R.C. – Estamos haciendo una valoración económica y el «cuánto vale» tiene dos precios: el social y el económico. ¿Cuánto vale económicamente? 0 €. ¿Por qué? Porque nunca lo vendería.

Pero ¿cuánto vale socialmente? Mi vida, porque yo estoy dispuesto a dar mi vida por mi empresa antes que cerrarla. Y daría la vida por ello, porque me ha permitido ser quien soy.

Me siento tan bien con Preico que no tiene valor económico, pero sí moral.

E&J. – ¿Nunca vendería Preico? Aunque le ofrecieran 100 millones de euros.

R.C. – Bueno, actualmente Preico ya tiene ese dinero pendiente de cobro. Es una empresa que, en una primera ojeada, está valorada por encima de los 300 millones de euros, pero, aunque me dieran 1.000 o 2.000, mi vida ya no va a cambiar por dinero.

El dinero, ahora mismo, no es mi problema porque siempre que me meto la mano en el bolsillo tengo 50 € para poder pagar algo, y así va a ser el resto de mi vida porque ya no me voy a poder gastar el dinero que me están dando de beneficio los grandes resultados.

Aunque mi cuenta bancaria tuviera 1 millón de euros o 1.000 millones de euros voy a seguir siendo la misma persona porque, cuando tengo un día libre, me voy a mi finca con mis animales, me pongo una ropa de chándal que puede estar agujereada o manchada, pero eso me hace feliz. Ahora busco dedicar mi tiempo libre a estar con mi familia.

Billetes de euro

(Imagen: E&J)

E&J. – ¿Y qué les diría a aquellos que opinan que se ha hecho rico gracias a la banca?

R.C. – Les preguntaría por qué ellos no lo hicieron siendo abogados y conocedores del derecho con tanta experiencia, por qué no lo hicieron antes que yo. Y que la banca a mí no me ha regalado nada, todo lo contrario. La banca me lo ha puesto muy difícil.

Lo que me ha hecho rico ha sido simplemente mi ímpetu de querer luchar contra las injusticias, porque hace 10 años, cuando yo empecé, era muy raro ver algún abogado que quisiera luchar contra la banca.
Creo que no es «la banca» la que me ha hecho rico, sino mis ánimos de ir por el buen camino y eso te trae un resultado.

E&J. – Es más un tema de justicia social, ¿no?

R.C. – Creo que sí. Creo que es una justicia social que empezó por una venganza que yo tenía contra una entidad de crédito, la hice manifiesta en mis vídeos solo para desahogarme y se terminó convirtiendo en una empresa.

E&J. – ¿Y dónde estará Raúl Castañeda dentro de 10 años?

R.C. – Espero que dando mucha guerra a todas las injusticias, que hay muchas por las que seguir luchando.

Sí que es verdad que, en cada momento, me gusta luchar una guerra distinta porque cuando hago vídeos de forma constante, otras personas cogen esa motivación y hacen lo mismo. Entonces, ya convierto un problema social en una solución, he mostrado todas las herramientas que hay para darle solución a ese problema.

Cuando veo que ya no estoy aportando nada nuevo, busco una guerra distinta a la cual hacerle frente. Y eso es lo que me motiva. Yo alimento mi ego de esa forma, porque sin el ego hoy no existiría Preico Jurídicos.

Mi ego no es sentirme superior a nadie, sino ver arrodillado a quien un día abusó de otra persona.

Hombre disfrutando del campo

(Imagen: E&J)

E&J. – Y ya para terminar, algo más sencillo. ¿Cuál es su plato favorito?

R.C. – Ahora que estamos en verano, diré que es el gazpacho. El gazpacho es mi plato favorito, que está presente todas las semanas porque me encanta. Es sencillo, lo hacemos aquí en casa. Dejamos que el pan se ponga duro, hacemos el tomate, las verduras, lo trituramos, lo ponemos a enfriar y con eso soy más que feliz.

E&J. – También tiene esta parte de hombre familiar.

R.C. – Sí, yo soy muy hogareño, no soy de irme a bares, no soy de irme con amigos. Siempre que tengo un solo minuto libre, lo dedico a mi familia. Y el único espacio que ahora he vuelto a retomar desde hace menos de un año han sido mis 45 minutos de gimnasio, pero el resto del tiempo yo no soy más feliz que estando en mi casa.

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