El ambiente escolar de la oferta hotelera
En la actualidad ya no hay la oferta hotelera que hace décadas hizo posible el milagro turístico español que tanta riqueza ha generado para España
(Imagen: E&J)
El ambiente escolar de la oferta hotelera
En la actualidad ya no hay la oferta hotelera que hace décadas hizo posible el milagro turístico español que tanta riqueza ha generado para España
(Imagen: E&J)
Todas las personas que en alguna etapa de su vida infantil y/o de juventud se hayan alimentado en los comedores de colegios o residencias estudiantiles, pueden identificar y recordar con facilidad el ruido y olor de esos comedores. Se mezclaban anárquicamente los sonidos de cubiertos, vasos y platos chocando ente ellos, y ese ruido, irregular y estridente, quedaba empaquetado en una niebla sonora de voces humanas, que acompañaban al comensal en la lenta e irregular cola que se debía hacer para recibir o coger comida y bebida.
Curiosamente, en la actualidad la mayoría de hoteles españoles de 4 estrellas nos ofrecen la oportunidad de hacer un viaje al pasado y alimentarnos de nuevo en ese antiguo marco que hemos descrito de infancia y juventud. La réplica sonora y olfativa está sumamente lograda y para dar más autenticidad al escenario y conseguir que se puedan reproducir las colas con fidelidad histórica, se reducen los horarios en los que se sirven los desayunos, cenas o comidas para que se puedan concentrar los comensales y reproducir con veracidad las añoradas colas de juventud.
Estos comedores se suelen situar en los sótanos del hotel o plantas inferiores, para así estar iluminados por luz artificial.

(Imagen: E&J)
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Otra de las curiosidades de la actual oferta hotelera es su similitud a los aeropuertos en la distribución de los espacios de paso como recibidores y pasillos. La llegada a un hotel implica hacer una cola para un trámite de registro check in acompañado de las maletas. Posteriormente, una vez en la habitación, comprobamos que en los baños ya no hay complementos para su uso como peines, cremas, esponjas limpia zapatos, que la nevera auxiliar está casi vacía o vacía. El hielo jamás existe en una de esas neveras. Si el hotel dispone de servicio de habitaciones room service no es previsible saber cuánto rato tardará en llegar el pedido a la habitación. Esta realidad hace que se utilice poco y cada vez se oferte menos. Se acabó el tomar en vacaciones un café en la cama de la habitación. Hay que bajar al comedor escolar.
También es frecuente ver escenarios sin equipos que los gestionen. Una barra bien situada, respaldada por una botellería diversa y acompañada de confortables taburetes. Sin embargo, es común que falte lo esencial, el camarero o el profesional que atienda el bar. Es necesario tener que solicitar el servicio al mostrador de recepción, el único escenario que siempre está cubierto por personal humano.
Lamentablemente, lo descrito en la actualidad es frecuente. Ello no quiere decir que no sigan existiendo en España hoteles y hoteleros excelentes, pero es importante que éstos recuerden a los que han olvidado la selecta tradición hotelera española que lo rentable al final es vender calidad. En España, hace décadas cualquier familia podía aspirar a pasar unos días en un hotel de tres estrellas, frente al mar o al pie de una montaña o en la plaza mayor de una ciudad y sentirse cuidado, atendido, casi mimado. Esa oferta hotelera añorada fue, entre otros actores, la que hizo posible el milagro turístico español que tanta riqueza ha generado para España haya sido una realidad.
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