El certificado de trazabilidad visto desde el otro lado de la mesa
Cuanto mejor está construido el activo documental, a más lectores distintos puede satisfacer y más veces evita tener que reconstruir un recorrido que ya estaba documentado
(Imagen: E&J)
El certificado de trazabilidad visto desde el otro lado de la mesa
Cuanto mejor está construido el activo documental, a más lectores distintos puede satisfacer y más veces evita tener que reconstruir un recorrido que ya estaba documentado
(Imagen: E&J)
Un certificado de trazabilidad reconstruye el recorrido de unos fondos entre un punto de origen documentado y su destino actual: por qué cuentas han pasado, qué personas y sociedades han intervenido, bajo qué títulos jurídicos y con qué soporte documental. Dicho así parece un ejercicio contable. En la práctica es un ejercicio de persuasión técnica, porque su éxito no se mide por lo que afirma, sino por si convence a quien tiene que tomar una decisión con él en la mano. Y quien lo recibe casi nunca es neutral: tiene un deber que cumplir, un riesgo que valorar o una controversia que resolver.
Por eso, el error más frecuente al certificar la trazabilidad de una operación es redactar el documento para un solo lector —normalmente, el primero que lo ha pedido— y descubrir después que tiene que circular por otras mesas. Merece la pena recorrerlas una a una.
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