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La IA puede acabar con una vieja dependencia de las empresas: «¿Para qué pagar al despacho si puedo contratar directamente a su mejor abogado?»

La inteligencia artificial está eliminando un obstáculo que antes existía: necesitaba también al equipo que tenía detrás

Abogado usando IA

(Imagen: E&J)

Rodrigo Corchero

Graduado en Derecho. Redactor en Economist & Jurist.




Tiempo de lectura: 4 min

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La IA puede acabar con una vieja dependencia de las empresas: «¿Para qué pagar al despacho si puedo contratar directamente a su mejor abogado?»

La inteligencia artificial está eliminando un obstáculo que antes existía: necesitaba también al equipo que tenía detrás

Abogado usando IA

(Imagen: E&J)

Durante décadas se ha repetido la misma historia. Una empresa contrata a un despacho de abogados y, al cabo de unos años, descubre que su verdadera relación no es exactamente con el despacho. Es con una persona, es aquel abogado que conoce la compañía, que sabe cómo piensa su propietario o su consejero delegado, que recuerda los problemas que tuvieron hace cinco años y que, cuando surge una dificultad importante, es al primero al que llaman.

Y entonces el empresario se hace una pregunta que tampoco es nueva: ¿por qué no contrató directamente a este abogado?

Global IA

La tentación siempre ha existido y, de hecho, en ocasiones las empresas lo han hecho. Pero había un problema que muchas veces terminaba desaconsejando la operación: aquel abogado aparentemente tan autónomo no trabajaba realmente solo.

Cuando llegaba al despacho después de una reunión con el cliente podía encargar a un asociado que estudiara una cuestión concreta, pedir a otro abogado que buscara jurisprudencia, poner a un junior a revisar cientos de documentos o hacer que alguien preparara el primer borrador de un contrato o de un escrito.

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El empresario podía llevarse al abogado. Lo que no podía llevarse era el despacho que había detrás de él. Y esto era importante. Porque parte de la extraordinaria capacidad de respuesta de aquel profesional procedía precisamente de disponer de cuatro, cinco o diez personas a las que podía distribuir el trabajo. La inteligencia artificial está empezando a cambiar precisamente esto.

Tecnología que proporciona escala

Hoy un abogado experimentado puede disponer de herramientas capaces de ayudarle a buscar y analizar jurisprudencia, comparar contratos, revisar centenares de documentos, resumir un expediente enorme, ordenar cronológicamente unos hechos o preparar un primer borrador en una fracción del tiempo que anteriormente necesitaba.

Equipo de abogados en sala de reuniones

(Imagen: E&J)

Naturalmente, esto no convierte a la máquina en abogado. Alguien tendrá que decidir qué pregunta hacerle, detectar cuándo se equivoca, comprobar las fuentes, establecer la estrategia y asumir finalmente la responsabilidad profesional. Y cuanto más importante sea el asunto, más importante será el abogado. Pero esa no es la cuestión.

La cuestión es que el mismo abogado puede hacer hoy, con mucha menos ayuda humana, una cantidad de trabajo que hace pocos años exigía todo un equipo. Y eso cambia completamente las cuentas del empresario.

Imaginemos una compañía que gasta 300.000 euros anuales en asesoramiento jurídico externo. El abogado del despacho que realmente conoce la empresa y lleva sus principales asuntos percibe, por ejemplo, 150.000 euros. Hasta ahora ofrecerle 200.000 euros para incorporarse a la compañía podía no ser suficiente solución. Había que preguntarse quién haría todo el trabajo que hasta entonces realizaban sus colaboradores.

Ahora la respuesta puede ser diferente, la empresa puede ofrecerle un salario muy superior, proporcionarle las mejores herramientas jurídicas de inteligencia artificial y reservar una cantidad para contratar especialistas externos cuando aparezca un litigio extraordinario, una operación mercantil compleja o una cuestión fiscal muy específica. El abogado puede ganar más y la empresa gastar menos.

Oportunidades para la empresa mediana

Y probablemente el fenómeno sea especialmente interesante para las empresas medianas. Las grandes corporaciones llevan décadas teniendo departamentos jurídicos con decenas de profesionales. Una empresa mediana difícilmente podía permitirse esa estructura. Pero quizá ya no la necesite.

Puede empezar a ser suficiente contar con uno o dos magníficos abogados internos, dotarlos de una extraordinaria capacidad tecnológica y recurrir al mercado únicamente cuando verdaderamente necesiten una especialidad determinada.

Abogada consultando IA

(Imagen: E&J)

Esto no significa que los grandes despachos vayan a desaparecer. Hay operaciones, litigios e investigaciones en los que resulta imprescindible movilizar equipos multidisciplinares y profesionales de diferentes jurisdicciones. La marca, la especialización y la experiencia acumulada de una gran firma continúan teniendo enorme valor.

Pero una cosa es necesitar ocasionalmente esa capacidad y otra muy distinta pagar permanentemente por ella. Y aquí es donde la IA puede provocar un cambio mucho más profundo de lo que parece.

Un cambio de paradigma en las grandes firmas

Durante décadas, el despacho proporcionó al gran abogado algo que éste no podía conseguir por sí solo: escala. El profesional tenía conocimiento, experiencia y criterio, pero necesitaba una organización para multiplicar su capacidad de trabajo. Ahora una parte de esa escala empieza a proporcionársela la tecnología.

El empresario siempre tuvo la tentación de fichar directamente al abogado en quien confiaba. La diferencia es muy sencilla: antes fichaba al abogado y perdía al equipo. Ahora puede fichar al abogado y darle una tecnología capaz de realizar una parte creciente del trabajo que antes hacía aquel equipo.

Quizá, por tanto, la mayor amenaza de la inteligencia artificial para algunos grandes despachos no sea que termine quitándoles determinados trabajos, puede ser que termine facilitando que sus clientes se lleven también a algunos de sus mejores abogados y quizá el mejor consejo adaptar los precios, es decir, bajarlos al nivel real del coste.

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