¿A qué deben oler los abogados?
"En la estética de la abogacía profesional hay una máxima que ya casi nadie discute: lo peor que le puede pasar a un abogado es que sus clientes lo recuerden por causas ajenas al ejercicio específico de su profesión"
¿A qué deben oler los abogados?
"En la estética de la abogacía profesional hay una máxima que ya casi nadie discute: lo peor que le puede pasar a un abogado es que sus clientes lo recuerden por causas ajenas al ejercicio específico de su profesión"
El olor para el ser humano es muy importante. A través del olfato, su cerebro adquiere mucha información de gran relevancia para él. No descubrimos nada si recordamos la fuerza de los olores para activar nuestra memoria, para evocar recuerdos lejanos. A cuántas personas el olor de un guiso les recuerda a su infancia o el olor a tierra mojada a largos veranos, y así con múltiples aromas y olores.
La gran importancia del olor hizo desde hace siglos que el ser humano se preocupara y diseñara una estrategia específica para definir el olor de su cuerpo en función de los intereses que tenía en las diferentes circunstancias de su vida. Y en nuestros días esa estrategia sigue vigente; la importancia del olor continúa siendo sólida y trascendente para los espacios y las personas.
En la actualidad hay empresas especializadas en dar olores a los espacios comerciales, que definen los aromas en función de los objetivos que persigue el cliente. Hay olores que fomentan la compra de artículos de piel, otros de cerámica y muchos que abren el apetito de las personas que los huelen. El abanico de opciones es muy amplio.
Llegados a este punto, nos hemos de preguntar si la abogacía tiene una estrategia olfativa. ¿A qué deben oler los abogados?
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El gran perfumista de la reconocida marca Hermès, Jean-Claude Ellena, definía al perfume como el tacto de la distancia, capaz de generar una seducción implacable que se instala en la memoria. Y esto último es especialmente cierto. Por ello, tanto las abogadas como los abogados han de ser prudentes con el uso y selección de las colonias y perfumes.

(Imagen: E&J)
En la estética de la abogacía profesional hay una máxima que ya casi nadie discute: lo peor que le puede pasar a un abogado es que sus clientes lo recuerden por causas ajenas al ejercicio específico de su profesión. Es malo que los clientes hagan comentarios como los siguientes: «Mi abogado es famoso por las corbatas coloridas que lleva», «A mi abogada la llaman el rascacielos por sus tacones», y, por supuesto, es negativo que recuerden al profesional por su olor, incluso en el supuesto de que este sea agradable para mucha gente.
Porque no existe un olor que guste a todo el mundo por igual, y ello implica que, si nuestro olor es destacado, habrá más o menos, pero habrá personas a las que no les guste. Además, está comprobado que el hecho de que un olor nos guste no impide que, después de olerlo un rato, nos canse y lo rehuyamos.
Por todo ello, en cuestión de colonias y perfumes, al igual que en la vestimenta, la regla de oro es no ser estridente, no destacar por algo en especial. Por muy presumidos que seamos, en el ámbito profesional hemos de seducir por los resultados de nuestro trabajo de forma preferencial; el resto de las virtudes deben apoyar a la primera indicada, pero nunca destacar sobre aquella. En ámbitos profesionales como la abogacía, el mejor olor es no oler.
Hace unas semanas esta cabecera publicó el listado de profesionales de la abogacía más elegantes; todos los nominados rebosaban una armonía contenida y sin estridencias. Nuestro olor personal forma parte de nuestra estética, contribuye a la aspirada elegancia de las personas, y en ese ámbito, como es sabido, poco es mucho.

