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Despachos

Diferencias entre coacción, acoso y amenazas

Están tipificados en el Código Penal dentro de los delitos contra la libertad de las personas

El acoso está incluido como delito en el Código Penal. (Foto: Freepik)

Redactor de Economist & Jurist

Tiempo de lectura: 5 min



Despachos

Diferencias entre coacción, acoso y amenazas

Están tipificados en el Código Penal dentro de los delitos contra la libertad de las personas

El acoso está incluido como delito en el Código Penal. (Foto: Freepik)



Coacción, acoso y amenazas. Parece que estamos hablando de lo mismo, ya que se puede pensar que para que haya coacción en cierto modo tiene que haber amenazas, o que las amenazas pueden ser una forma de acoso. Sin embargo, el Código Penal hace una clara diferenciación de cada uno de estos supuestos y establece en cada caso penas específicas.

La coacción es un delito que consiste en utilizar la violencia para obligar a una personal a realizar algo en contra de su voluntad o impedirle que haga algo que no está prohibido por la ley. Aparece regulado en el artículo 172 del Código Penal.



Se trata de un delito doloso. La acción de quien quiere intimidar a otra persona debe tener una intensidad suficiente para provocar el resultado perseguido. Generalmente, la intención del culpable es que la fuerza o la violencia doblegue la voluntad ajena.

Por ejemplo, el año pasado, la Audiencia Provincial de Valencia condenaba a un individuo a ocho años de prisión por herir de un tiro en la sien a un hombre y coaccionar a otro para que no lo contara. El homicida instruyó a las víctimas sobre los hechos que debían relatar y les presionó con dañar su vida o la de sus familias si contaban lo que realmente había pasado.

No todos los supuestos de coacción están tratados por igual en el Código Penal. Hay casos agravados. Así, si la coacción está dirigida a impedir el ejercicio de un derecho fundamental de la víctima, se impondrá la pena en su mitad superior. Lo mismo ocurrirá si la intimidación persigue impedir el disfrute legítimo de la vivienda.

El Código Penal recoge de manera específica las coacciones que afectan al ámbito de la violencia doméstica y la violencia de género. Las coacciones en los casos de violencia doméstica o de género se consideran más graves si se cumplen los siguientes supuestos:

  • Cuando el delito se cometa en presencia de menores.
  • Si el delito se perpetra utilizando armas.
  • Cuando el culpable quebranta una de las penas del artículo 48 o viola una medida cautelar.
  • Cuando la comisión del delito tiene lugar en el domicilio común o en el domicilio de la víctima.

Las coacciones en los casos de violencia doméstica o de género se consideran más graves cuando el delito se comete en presencia de menores. (Foto: Freepik)

Asimismo, el Código Penal regula específicamente las coacciones que se dirijan a contraer matrimonio y a abandonar el territorio español o no regresar al mismo.

El acoso

Dentro del delito de coacciones hay una modalidad específica que es el acoso. Se considera acoso cuando una persona que no está legítimamente autorizada para ello acecha a otra de manera reiterada e insistente, alterando gravemente el desarrollo de su vida diaria.

Para que exista acoso no tiene que haber necesariamente violencia. Las conductas no deseadas por parte de la víctima que pueden considerarse como delito de acoso son las siguiente:

  • Vigilar, perseguir o buscar una cercanía física.
  • Establecer contacto con una persona a través de algún medio de comunicación o de terceras personas.
  • Utilizar los datos personales de una persona de manera indebida para adquirir productos o mercancías, contratar servicios o hacer que terceras personas contacten con ella.
  • Atentar contra la libertad o contra el patrimonio de una persona o de otros individuos cercanos a ella.

Hay que dejar claro que estas conductas hacen que la víctima se sienta insegura, hasta el punto de que llegue a modificar sus hábitos cotidianos porque ve limitada su libertad de obrar a consecuencia del acoso. No se trata de una mera molestia, sino de la generación de un temor en la persona afectada.

Existe un tipo agravado de pena por el delito de acoso cuando la víctima es el cónyuge, ascendientes, descendientes o los hermanos, así como menores o discapacitados que conviven con el autor. Excepto en estos supuestos, para poder perseguir un delito de acoso se tiene que interponer una denuncia por parte de la persona afectada o su representante legal.

Uno de los tipos de acoso del que más se habla, también porque está más extendido, es del acoso sexual. El delito de acoso sexual se introdujo por primera vez en el Código Penal español en 1995 y se reformó en 1999, consolidándose una tipificación que sigue vigente a día de hoy.

Nevenka Fernández acuso a su jefe de acoso en 2000. (Foto: Eldiario.es)

Uno de los casos más sonados de acoso sexual y que, de alguna manera, puso el foco en este problema, fue el de Nevenka Fernández, que en septiembre de 2000 pidió la baja por depresión en Ayuntamiento de Ponferrada y se trasladó a Madrid. Nevenka, que entonces tenía 26 años, denunció haber sido acosada sexualmente y laboralmente en el año 2000 por el entonces alcalde de Ponferrada Ismael Álvarez. El alcalde fue condenado en 2002 por este delito.

Delito de amenazas

El delito de amenazas, según los artículos 169-171 del Código Penal, se define como cualquier expresión o acción que tenga por objetivo poner en peligro o hacer daño a otra persona o a sus seres queridos.

No obstante, no siempre que se amenace a otra persona se estará cometiendo un delito. El Código Penal especifica los requisitos para que unas amenazas pasen a ser delito o no.

El hecho de que se realice una amenaza no significa que se esté cometiendo un delito. (Foto: Freepik)

En cualquier caso, y esto es un matiz muy importante, para que la amenaza sea considerada delito es necesario que la acción con la que una persona es amenazada esté tipificada como delito. Se estará cometiendo delito de amenazas cuando, además de amenazar, esta amenaza constituya un delito de: homicidio, lesiones, aborto, contra la libertad, torturas, contra la integridad moral, contra la libertad sexual, la intimidad, el honor, el patrimonio o el orden socioeconómico.

Un ejemplo de amenazas sería el caso que recogíamos en Economist & Jurist en el que un hombre era condenado por haber enviado a su ex pareja unos cien mensajes de WhatsApp con expresiones intimidatorias, amenazándola con cortarle el cuello o matarla si la veía por la calle con otro hombre, y hacerle la vida imposible.

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