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Al día

La opinión del procurador.Paz y violencia de género.



Por Juan Carlos Velasco del Barrio. Procurador de los Tribunales. Experto en mediación familiar

 





La antesala a los casos en que se sufre violencia de género se suele caracterizar  por:





1º Un grave desequilibrio de poder entre los miembros de la pareja (bien por desequilibrio económico socio-económico o cultural).

2º La falta de autonomía personal junto a una personalidad sumisa o dominante por parte de uno u otro.

3º Una inadecuada comunicación (bien sea por un defecto de comunicación, o bien por diferencias de valores, deseos y/o aspiraciones que no se comunican adecuadamente por miedo, falta de aceptación, etc.). “El miedo es el principal elemento paralizador del mundo”.

4º Un progresivo aislamiento social del mundo exterior (amigos, familia, relaciones, etc.)

Factores entre otros, que trabajan como cimientos para que se produzca el final sometimiento por una de las partes a los deseos y aspiraciones de la otra, es decir una parte es la sometida y la otra la que asume (voluntariamente y/o conscientemente o no) el rol de sumisa/o, llegándose a alienar por completo incluso de uno mismo.

Antesala que es una puerta abierta al segundo estadio, éste es cuando se sufren descalificaciones, menosprecios, insultos, aislamiento de la persona sumisa dentro del entorno familiar con un grave sentimiento de culpa.

De muchos es conocido que en los casos en los que se da violencia física ha existido una previa violencia psicológica y verbal previa: Desvaloración, culpabilización de la víctima por conductas violentas, etc. Prevenir todo tipo de violencia es  a mi modo de ver obligado por mi parte, si bien considero necesario de todo extremo una buena dosis de “humildad consciente”.

Son indefendibles los casos en los que se han pasado los estadios anteriores y se ha proferido un maltrato continuado,  sistemático y unilateral en un entorno en el que la pareja convive normalmente, si bien no me gustaría pasar por alto la realidad de la que “no queremos ser conscientes” nosotros mismos, así como hacer ciertas consideraciones y diferencias en los casos de violencias y “violencias” de género.

*Las relaciones interpersonales en general conllevan siempre un cierto grado de estrés en la medida en que uno busca aceptación, pertenencia o reconocimiento en mayor o menor medida del grupo hacía su persona.
*En la relación de pareja, (a menos que la formación de la misma de deba a un pacto de convivencia pacífica sin componente afectivo alguno), me atrevo a afirmar que siempre existe un grado de violencia aunque se manifieste sutilmente con sensaciones de malestar, silencios, etc. Y en parejas en las que existe un alto componente afectivo o pasional cierto grado de violencia es innata a la misma pasión.

¿Qué hacer entonces?: En primer lugar “aceptar la realidad” e intentar canalizar la violencia-pasión hacía la “pasión controlada”, desde la educación emocional. Personalmente nunca podré imaginarme la pasión entre la mayor de las calmas. Pasión pacífica es una paradoja, cuanto menos, difícil de entender para mí. Si bien se puede controlar la pasión para que no genere un exceso indebido de violencia o se desencadenen relaciones patológicas (sadomasoquismo, etc.).

Empatía- Simpatía:
Las relaciones empáticas se caracterizan porque al relacionarnos con una persona y comunicarle nuestros “pareceres”, “visiones de la vida” y “experiencias personales”, nos escucha, respeta totalmente nuestro parecer, aunque no lo comparta. Hay dos visiones diferentes o no, que se respetan paralelamente.

Paralelismo que no existe en las relaciones “simpáticas”, pues el afecto, el cariño, los diferentes sentimientos hacía el ser querido (“simpático hacía nosotros”) hacen de la relación una relación forzosamente oblicua y nunca paralela como la anterior. Los sentimientos de protección, de buscar lo mejor desde el punto de vista subjetivo y personal para el otro hacia el ser querido y afecto a nuestros sentimientos nos impiden ser asépticos en el plano emocional.

Ser conscientes no solo de las obligaciones de pareja, del reparto de tareas y del mundo que se avecina en un mundo en pareja conlleva ser conscientes de una necesaria “autonegación mutua” en muchos momentos, un “tira y afloja” necesario para toda relación con vocación de futuro. Los puntos de vista distantes ante una u otra situación y el conflicto irremediablemente ocurrirán y no siempre estamos preparados para ello, si bien aún estamos a tiempo de desaprender “conductas pataleta” y encauzarlas a un plano más pacífico, tolerante y generoso.

Un claro ejemplo es que las frases que a veces una madre o un padre dicen a un hijo/a quizá sean las más duras y desproporcionadas palabras que jamás haya escuchado un hijo, pero no se pueden medir igualmente esas palabras que las mismas dichas en un entorno sin componente emocional (Una madre, un padre no es objetivo con el hijo/a y por regla general busca lo mejor para él o ella y así preservarle de mal, desde su personalísima visión).

Violencia y manifestación de violencia:

Diferenciar violencia y manifestación de violencia es elemental para entender las relaciones familiares, voy a poner algún ejemplo ilustrativo: Una persona conoce a otra y se “enamoran” y bajo ese enamoramiento, por ejemplo “la mujer” cede a los anhelos del otro. Cosas como no llevar cierta vestimenta, no relacionarse con otros hombres, etc. (ocultando sus celos, quizá, en una burda moralidad culpable). Posteriormente se casan y la mujer en nombre del “amor” continúa cediendo (autonegándose únicamente ella, aislándose aún más en un proceso de alienación geométrica) ante la persona dominante, dejando el trabajo que tenía, renunciando a sus aspiraciones de soltera, negándose (quizá sin saberlo) a su autorrealización como persona. Tras varios años o meses la mujer en una discusión familiar (con sus renuncias y culpas dentro de ella misma que laten inconscientemente) se queja y grita, el hombre la abofetea y ella a su vez le asesta un golpe al varón dejándole tuerto. Tras acudir al hospital y conforme al protocolo la denuncian a ella y la condenan. Hemos de preguntarnos: ¿Quién ha ejercido la violencia de género?

¿No deberíamos preguntarnos sin juzgar un hecho, cómo fue la relación desde el origen?

En mi consideración personalísima otro error por las connotaciones negativas que llevan las mismas palabras es tipificar estos delitos como “de violencia de género” y no por ejemplo de “ruptura de la paz familiar”, el efecto psicológico que conlleva en la sociedad hablar de una u otra cosa es devastador para quienes lo escuchan, pues también hay paz familiar posiblemente en esa misma pareja y nunca se habla de ella.

El gran ideal: Para tratar redirigir un caso de violencia doméstica hacía la mejor alternativa posible para ambos y en primer lugar para quien  la sufre (dotándole de los medios suficientes de protección, ayudas necesarias hacía su real emancipación, etc.), se debería analizar toda la trayectoria de pareja, de familia por diferentes profesionales expertos y ver ¿Qué es lo que realmente ha pasado? Si además tenemos en cuenta que en la casa las relaciones familiares se rigen por reglas “no escritas” y en el “ámbito privadísimo”. ¿Cómo y cuando tendremos la certeza de lo acontecido en ese mundo familiar?, ¿Desde cuando viene ocurriendo?: Pues si es un germen quizá con unas pautas conductuales podamos evitar una agresión venidera (aunque se haya dado, si es mejorable para ambos erradicar la violencia, no se les puede negar esa mejora).

Lógicamente el tratamiento anteriormente expuesto conlleva altos costes, grandes expertos y un gran esfuerzo por parte de la pareja en cuestión y es “un ideal”. Ideal al que nos podemos acercar más o menos, pero “ideal”.

Del mismo modo, en el entorno de pareja  a nadie se le puede prohibir tener relaciones enfermizas, masoquistas y es más mientras la relación funcione un mediador o un terapeuta no es quién para meterse en ellas, solo y si es llamado puede intentar reeducar a la pareja en la medida en que pueda darles pautas de actuación, reequilibrar las posiciones en la medida de lo posible para que no exista un desequilibrio manifiesto y así poder empezar a hablar para construir o hacer un cambio de roles en las sesiones para ver como se siente uno y otro, así como otras técnicas propuestas por el mediador o las partes.

Cada persona es un mundo (con su historia personal, valores, etc.), los componentes de la pareja no son 1 +1, sino que la relación conforma un tercer miembro invisible.

Se pide “Justicia a gritos”, si bien hay que ser conscientes de que en la realidad es prácticamente imposible pedir ideales y mucho menos cuando “se pide” sin comenzar por uno mismo.
Habría que estudiar a cada persona (historial), como ha sido la relación anteriormente entre ambos (estudio socio-psicológico-cultural de la mujer y del hombre, forma de relacionarse, grado de autonomía de cada uno, equilibrio o desequilibrio de poder, cesiones en la vida cotidiana por parte de ambos, etc.).

 

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