Cómo usar inteligencia artificial en Derecho sin que se note: trucos para abogados
Los magistrados también usan la IA para redactar sus sentencias
(Imagen: E&J)
Cómo usar inteligencia artificial en Derecho sin que se note: trucos para abogados
Los magistrados también usan la IA para redactar sus sentencias
(Imagen: E&J)
A estas alturas, discutir si se debe utilizar inteligencia artificial o no ya no tiene mucho sentido. En el sector jurídico su uso es generalizado. Los abogados la emplean no solo para tareas mecánicas o repetitivas, sino también para redactar demandas, informes o escritos complejos. Y, aunque genere más debate, también es sabido que muchos magistrados la usan cada vez más y, al final, casi todos la utilizarán, por no decir todos, como apoyo en la redacción de sentencias y ello es lo lógico, solo faltaría.
Igual que ocurrió con internet en su momento. Al principio generó rechazo, luego dudas… y hoy nadie se plantea trabajar sin ello. La diferencia y, aquí está la clave, no es usar la herramienta, sino quién tiene el control. Porque una cosa es apoyarse en la IA y otra muy distinta es dejar que escriba por ti. A partir de ahí, hay varios trucos bastante claros para que un texto no “huela” a inteligencia artificial.
El primero es el más importante, y ya lo hemos adelantado: mandas tú. No se trata de pedir “hazme un artículo sobre…” y copiarlo tal cual. Hay que marcar desde el inicio qué quieres decir, qué opinión tienes y hacia dónde va el texto. Por ejemplo, no es lo mismo decir: “Analiza la responsabilidad civil médica” que decir: “Quiero defender que la responsabilidad civil médica se está ampliando en exceso en los últimos años y explicar por qué”. En el segundo caso, el texto ya tiene dirección. En el primero, no.
Otro punto muy evidente es el abuso de ciertos signos de puntuación. La IA tiende a utilizar muchos guiones, paréntesis, comillas o dos puntos. Algo así: “El problema —como ya se ha señalado— radica en la interpretación (extensiva) de la norma: lo que genera dudas…”. Ese tipo de escritura, repetida varias veces, canta bastante. Lo natural suele ser más simple: “El problema está en cómo se está interpretando la norma, y ahí es donde empiezan las dudas”. Menos artificio, más directo.
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También se detecta mucho por la estructura. La IA es obsesivamente ordenada: todo lo convierte en listas, puntos, apartados. Primero, segundo, tercero… constantemente. En cambio, una persona no escribe siempre así, mezcla, a veces enumera, a veces no, en ocasiones corta una idea en seco. Un texto demasiado perfecto y organizado suele levantar sospechas.

(Imagen: E&J)
Luego está el tema del tono. Los textos de IA son muy neutros, muy de manual. No se mojan. Por ejemplo: “Podría considerarse que esta interpretación presenta ciertas limitaciones en determinados supuestos”. Esto, en un escrito jurídico real, muchas veces se diría así: “Esta interpretación tiene un problema claro en la práctica”. No es más correcto, pero sí más humano. Y más reconocible.
El factor personal también pesa mucho. La IA habla en general; las personas hablamos con experiencia. No es lo mismo decir: “En la práctica jurídica se observan dificultades en la aplicación de esta norma” que decir: “En la práctica, cuando llevas unos cuantos asuntos de este tipo, te das cuenta de que esta norma genera más problemas de los que soluciona”. Ahí ya hay alguien detrás.
Otro truco bastante claro es evitar las frases típicas de IA, que se repiten muchísimo. Algunas muy habituales: «En el contexto actual…»,»Cabe destacar que…», «Es importante señalar…», «En definitiva» (cada dos párrafos).
Frente a eso, cada uno tiene su forma de escribir. Más directa, más simple: «La realidad es que…», «Vamos al grano», «Aquí está el problema. No es un truco como tal. Es simplemente escribir como hablas habitualmente.

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También conviene revisar bien el texto, porque a veces lo que delata la IA no es el estilo, sino el contenido. Algún dato que no encaja, una afirmación demasiado rotunda o una generalización extraña. Ejemplo típico: “Todos los tribunales han adoptado este criterio de forma uniforme”. Eso rara vez es cierto. Y chirría.
Y luego hay un detalle curioso: los errores. Hasta ahora, la IA fallaba más, aunque cada vez menos. Pero cuando falla, suele hacerlo de forma extraña, lo que se conoce como “alucinaciones” cosas absurdas o afirmaciones demasiado seguras sin base. Ese tipo de error no es humano. Por eso, revisar sigue siendo imprescindible.
En el fondo, todo se resume en una idea bastante simple: la IA ordena y ayuda, pero no puede sustituir el criterio. Puedes usarla para avanzar más rápido, para estructurar mejor o para pulir el lenguaje. Pero si no metes tu opinión, tu forma de expresarte y tu manera de ver el problema, el texto pierde identidad, y ahí es donde se nota, no porque esté mal escrito, sino porque podría haberlo escrito cualquiera. Y eso, en el ámbito jurídico, es justo lo que hay que evitar.

