Un falso funcionario del Juzgado consigue que una víctima no acuda al juicio
La ausencia del denunciante desembocó inicialmente en una sentencia absolutoria
(Imagen: E&J)
Un falso funcionario del Juzgado consigue que una víctima no acuda al juicio
La ausencia del denunciante desembocó inicialmente en una sentencia absolutoria
(Imagen: E&J)
Hay asuntos que, por su naturaleza, parecen escritos para una novela de intriga. Y luego están los que, sencillamente, ocurren. La reciente sentencia 143/2026, de 8 de junio, de la Audiencia Provincial de Valladolid, ofrece uno de esos episodios especialmente rocambolescos: una persona que debía acudir a un juicio por un presunto delito leve de estafa no acudió porque recibió una llamada telefónica de alguien que se hizo pasar por personal del juzgado y le aseguró que su presencia no era necesaria.
El detalle extraordinario es precisamente ese: la suplantación de identidad no se dirigió únicamente contra un ciudadano, sino que alcanzó, siquiera fraudulentamente, a la propia Administración de Justicia. El interlocutor se presentó como personal del órgano judicial y consiguió que el denunciante creyera que estaba recibiendo una comunicación oficial.
El denunciante había sido efectivamente citado para el juicio oral. Sin embargo, recibió una llamada desde un número aparentemente real en la que, identificándose el interlocutor como personal del juzgado, se le indicó que no era necesaria su presencia porque ya contaban con su declaración. Convencido de que la llamada procedía del órgano judicial, no acudió a la vista. Ese hecho terminó teniendo una consecuencia procesal relevante: la ausencia de las partes propició una sentencia absolutoria.

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La singularidad del caso no termina ahí. El afectado aportó un pantallazo de la llamada y un WhatsApp que había enviado ese mismo día a su esposa relatándole lo sucedido. La Audiencia Provincial destaca que el número desde el que se produjo la llamada no se correspondía con los teléfonos de los Juzgados de Instrucción de Valladolid. Con esos elementos, la Sección Cuarta de la mencionada Audiencia Provincial considera acreditado que el denunciante fue víctima de un engaño al creer que estaba hablando con un funcionario judicial.
La consecuencia jurídica resulta especialmente interesante. La Audiencia estima el recurso de apelación, al que se había adherido el Ministerio Fiscal, y declara la nulidad tanto del juicio oral como de la sentencia, al entender que mantener lo actuado habría provocado una clara indefensión. Igualmente, ordena celebrar un nuevo juicio oral, con citación de las partes, y permite al denunciante formular las acciones derivadas del delito leve de estafa.
El caso invita a detenerse en una cuestión que resulta muy familiar para quienes trabajamos en el ámbito de la ciberdelincuencia: la eficacia de una suplantación de identidad depende, en buena medida, de la confianza que consiga generar. Aquí no hizo falta una sofisticada operación tecnológica descrita en la resolución. Bastó una llamada y una identidad aparentemente creíble: la de alguien que decía hablar en nombre del juzgado.
Y ahí reside precisamente lo más curioso, y casi surrealista, de esta resolución de tan solo tres páginas. La estafa que debía ser objeto de enjuiciamiento terminó interfiriendo en el propio procedimiento judicial mediante una comunicación fraudulenta que imitaba la voz institucional de la Justicia.

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Quizá sea agosto el momento adecuado para detenernos en una sentencia diferente, de esas que sorprenden por lo insólito de los hechos. Pero la anécdota encierra una enseñanza perfectamente extrapolable al ámbito de la ciberdelincuencia: la apariencia de legitimidad sigue siendo una de las armas más eficaces del engaño.
Y, en este caso, la suplantación llegó tan lejos que consiguió que alguien faltara a su propio juicio porque creyó que se lo había dicho el juzgado.

