Riquelme finalmente no se presentará a las elecciones del Real Madrid
El candidato español Riquelme manifiesta que se siente “mexicano” y cómodo en el actual entorno, justo cuando la presidenta Isabel Diaz Ayuso se ha visto obligada a regresar de dicho país
(Imagen: E&J)
Riquelme finalmente no se presentará a las elecciones del Real Madrid
El candidato español Riquelme manifiesta que se siente “mexicano” y cómodo en el actual entorno, justo cuando la presidenta Isabel Diaz Ayuso se ha visto obligada a regresar de dicho país
(Imagen: E&J)
En el Real Madrid nunca hay debates pequeños. Todo adquiere una dimensión institucional, histórica y casi emocional. Por eso, cuando surge el nombre de un posible candidato alternativo a Florentino Pérez, no basta con analizar balances empresariales, patrimonio o capacidad de gestión. En el Real Madrid hay algo más profundo: la identidad.
Y precisamente ahí es donde las recientes declaraciones de Enrique Riquelme han abierto un debate incómodo para buena parte del madridismo.
Cuando un candidato, aun desconocido, afirma públicamente que “los mexicanos nacemos donde queremos” y reivindica con orgullo que “tiene acento mexicano”, está enviando un mensaje perfectamente legítimo desde el plano personal. Cada uno puede sentirse vinculado cultural o emocionalmente al país que desee. Nada que reprochar desde el punto de vista humano.
Pero presidir el Real Madrid no es cualquier cargo. El Real Madrid representa a Madrid ante el mundo. Representa una forma de entender el deporte, la excelencia, la exigencia y también una identidad histórica muy concreta. El club no es una multinacional neutra ni una franquicia deslocalizada. Tiene raíces. Tiene carácter. Tiene una manera de ser que está íntimamente ligada a Madrid y a España.
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Y para encarnar institucionalmente al Real Madrid hay que sentirse profundamente madrileño. No como un requisito administrativo, sino como una convicción emocional. Como una forma de pertenencia. Como una identificación natural con la historia del club, con su cultura competitiva y con lo que simboliza internacionalmente.
El nuevo candidato, un exitoso empresario en México, y, por ende, muy próximo a la actual presidenta y a su antecesor, está ligado a un gobierno que tanto desprecia al pueblo español y cuya única obsesión es que España pida perdón por haber creado este pueblo tan maravilloso como el mexicano y una nación tan bella como pocas.
Y justo ahora que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Diaz Ayuso, ha tenido que regresar de México por el trato recibido por el poder próximo al gobierno, no parece lo más apropiado o inteligente, iniciar el proceso evocando de forma implícita el orgullo de sentirse mexicano o sentir las bondades de un país para hacer negocio.

(Imagen: E&J)
Florentino Pérez entendió eso desde el primer día. Podrá gustar más o menos su estilo, podrá discutirse alguna decisión deportiva, pero nadie puede negar que Florentino ha convertido al Real Madrid en la institución deportiva más poderosa y respetada del planeta.
El nuevo Bernabéu, la estabilidad financiera, las Champions, la dimensión global de la marca y la capacidad del club para competir económicamente contra Estados y fondos soberanos hablan por sí solos.
Mientras otros gigantes europeos acumulan deuda o dependen de capital extranjero, el Real Madrid mantiene independencia institucional y liderazgo mundial. Y, además, lo hace preservando una idea muy clara del madridismo.
Por eso resulta significativo que Florentino respondiera con cierta ironía al fenómeno Riquelme. Porque, probablemente, percibe que el debate no es simplemente empresarial, sino identitario. El madridismo quiere sentirse representado por alguien que viva el club desde dentro, desde Madrid y desde su tradición histórica.
El contexto político tampoco ayuda. Las palabras de Riquelme llegan en un momento especialmente delicado en la relación institucional entre la Comunidad de Madrid y el Gobierno mexicano. Isabel Díaz Ayuso denunció recientemente haberse sentido “amenazada” durante su visita a México y criticó duramente el clima político generado allí contra su delegación.
Muchos madrileños percibieron aquel episodio como un ataque injustificado a la presidenta de la Comunidad de Madrid, elegida democráticamente y convertida, guste más o menos, en uno de los símbolos políticos de Madrid.
Por eso sorprende todavía más que, en este contexto, un aspirante a presidir el Real Madrid decida enfatizar precisamente la identidad mexicana en plena confrontación pública entre las autoridades madrileñas y el Gobierno de Claudia Sheinbaum.

(Imagen: E&J)
Porque el Real Madrid no puede desconectarse de la realidad social y emocional de Madrid. El club pertenece a sus socios, a su historia y a una ciudad que siente el madridismo casi como una cuestión cultural. Y aunque el Real Madrid sea universal, su corazón sigue estando inequívocamente en Madrid.
Universalidad no significa perder las raíces. Al contrario: el Real Madrid conquistó el mundo precisamente porque siempre tuvo claro quién era. Y quizá esa sea la gran diferencia entre Florentino Pérez y quienes creen que basta con tener éxito empresarial para aspirar a la presidencia del club más grande del planeta.
Por esto, Riquelme, que es inteligente y también buen empresario, ha entendido que, en cierta manera, ha caído en la trampa del maestro y que, hoy por hoy, no tiene ninguna opción. Por ello, tal como ha manifestado en privado a su entorno, el mensaje es: “Otra vez será. Quizá en las próximas”. Mientras tanto, el Real Madrid seguirá con el mejor presidente, con sus aciertos y, como humano, con algún error que otro.

