¿Es Manus el caso que redefinirá definitivamente cómo regulamos a Meta?
La adquisición de Manus pone a prueba la Ley de Mercados Digitales y el alcance real del control europeo sobre las plataformas dominantes de inteligencia artificial
¿Es Manus el caso que redefinirá definitivamente cómo regulamos a Meta?
La adquisición de Manus pone a prueba la Ley de Mercados Digitales y el alcance real del control europeo sobre las plataformas dominantes de inteligencia artificial
Cuando Meta anunció la compra de Manus en diciembre de 2025, la operación generó reacciones enfrentadas. Para algunos era una inversión estratégica lógica en la carrera global por inteligencia artificial autónoma. Para otros, un ejemplo más de consolidación que amenazaba la competencia digital en Europa.
Aunque ambas posturas contienen parte de verdad, la realidad es más compleja, ya que expone contradicciones estructurales genuinas en cuanto a cómo regulamos las plataformas dominantes en la era de los agentes autónomos. Y porque la Comisión Europea ya ha dejado clara su disposición a bloquear operaciones similares. Esa es la pregunta que los reguladores en Bruselas se hacen ahora mismo. Pero vayamos por partes.
Qué hace diferente a Manus
Para entender el alcance de la operación, es necesario saber primero qué distingue a Manus de otras propuestas menos desarrolladas.
No es otro chatbot. Su capacidad distintiva es ejecutar tareas complejas de principio a fin sin supervisión humana constante. Descompone objetivos grandes en subtareas. Integra datos de múltiples fuentes. Ejecuta acciones en sistemas reales. Se corrige si algo falla. Funciona operativamente como un trabajador de sistemas automatizado.
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Los números son significativos: Manus generaba ingresos recurrentes anualizados superiores a 100 millones de dólares. Había procesado más de 147 billones de tokens. Operaba con márgenes positivos. No era una promesa; ya era un negocio rentable ya validado en el mercado.
Meta la quería por una razón estratégica fundamental. OpenAI y Google dominaban el terreno en modelos de lenguaje. La siguiente batalla sería por la automatización empresarial. Quien controlara cómo las empresas automatizan procesos críticos controlaría un mercado emergente de valor incalculable. Meta estaba rezagada y Manus cerraba esa brecha.
Desde la perspectiva empresarial, la decisión tiene sentido.
El problema de ser plataforma dominante bajo la DMA
Pero Meta tampoco es una empresa cualquiera. Desde septiembre de 2023 forma parte de un grupo reducido designado como «plataforma de servicios núcleo» bajo la Ley de Mercados Digitales europea (Digital Market Act). Esa designación trae obligaciones especiales a las que otras compañías no se enfrentan, y Meta ya ha experimentado las consecuencias de su incumplimiento.
En abril de 2025, la Comisión Europea multó a Meta con 200 millones de euros por violar el Artículo 5(2) de la DMA respecto de su modelo «pagar o consentir» en publicidad. Fue la primera multa de la DMA a una gran tecnológica. Ese no es un contexto menor: establece un patrón de aplicación activo y demuestra que la Comisión no duda en sancionar por incumplimientos.
La DMA no prohíbe que Meta compre Manus. Tampoco prohíbe que integre la tecnología adquirida en sus sistemas. Lo que sí regula es cómo ocurre esa integración cuando quien compra es una plataforma dominante designada. Y el enfoque regulatorio actual es más estricto de lo que asume el análisis anterior.
El Artículo 6 de la Ley de Mercados Digitales es especialmente relevante. Prohíbe que Meta use datos de servicios designados como Facebook, Instagram o WhatsApp para entrenar sistemas competidores de terceros. Prohíbe también lo que la norma llama «agrupación coercitiva»: obligar a los usuarios a aceptar servicios agrupados cuando preferirían usarlos por separado.
Y aquí viene otro giro interesante: Meta acaba de prohibir los chatbots de inteligencia artificial de propósito general de terceros en la API de WhatsApp Business, y poco después anuncia la compra de Manus. La Comisión Europea no ignorará esa secuencia: primero expulsa a los competidores, después adquiere el reemplazo. Eso es exactamente el tipo de patrón que los reguladores ven como problemático.

El caso de WhatsApp Business ilustra los riesgos reales
WhatsApp Business ofrece servicios a millones de pequeñas y medianas empresas en todo el mundo. Si Manus se convierte en el agente automático estándar, nativo dentro de WhatsApp Business, esas empresas lo usan sin necesidad de explorar alternativas.
Técnicamente eso no es ilegal bajo la DMA. Pero genera efectos reales sobre la competencia que los reguladores ven como preocupantes. Meta generaría información masiva sobre cómo las empresas reales usan agentes autónomos para automatizar procesos. Esa información tiene un valor comercial incalculable para entrenar a Meta AI. Los competidores de Manus enfrentarían una dificultad insuperable: llegar a un volumen equivalente de usuarios requeriría años de recursos sin precedentes. Meta descubriría patrones sobre la automatización empresarial que los competidores nunca conocerían de igual forma.
Estos efectos no son mera especulación teórica. Son preocupaciones que la Comisión ya está investigando en el contexto de la IA en WhatsApp Business. En diciembre de 2025, exactamente en el momento en que Meta anunció Manus, la Comisión abrió una investigación formal sobre si las nuevas políticas de IA de Meta violaban las normas antimonopolio. La Comisión incluso señaló posibles medidas provisionales antes de la decisión final. Eso es una señal clara de que los reguladores ven un riesgo real.
Un análisis honesto: Meta vs. competidores
Aquí es donde el análisis equilibrado debe ser honesto: existen beneficios genuinos que no deberían ignorarse.
Si Meta integra bien Manus en WhatsApp, sucede algo potencialmente positivo: una pequeña empresa que gestiona facturas, calendarios o consultas de clientes podría automatizar significativamente sin contratar personal técnico especializado. Sin desarrolladores. Sin ingenieros de sistemas. Eso es un valor real, especialmente en mercados donde el acceso a estas herramientas es caro o técnicamente inaccesible. Una asesoría pequeña en una ciudad de segunda línea podría tener capacidades que hoy requieren equipos de programadores.
Además, es correcto que la competencia en agentes autónomos es genuina y multiplataforma. Google está desarrollando activamente sus propios agentes autónomos. OpenAI también. Apple está en este espacio. Anthropic avanza. Microsoft invierte significativamente. Hugging Face desarrolla herramientas de código abierto. La idea de que una compra de Manus por Meta cierra la competencia es, hoy, factualmente infundada. Hay una competencia real en marcha.
Lo que sí es correcto reconocer es que Meta tiene incentivos mixtos. Sí, le interesa que los usuarios permanezcan en sus plataformas. Pero también tiene incentivos potentes de preferir su propio servicio sobre los competidores. No es «absurdo» pensar que Meta pueda elegir priorizar Manus sobre agentes de terceros en WhatsApp Business. Eso sería racional desde la perspectiva empresarial, pero problemático desde la perspectiva competitiva.

(Imagen: Comisión Europea)
¿Qué pide ahora la regulación? Escenarios reales
Meta ya notificó formalmente a la Comisión Europea sobre la adquisición bajo el Artículo 14 de la DMA. El proceso funciona así: la Comisión tiene veinticinco días hábiles para decidir si abre una investigación formal profunda. Si lo hace, dispone de noventa días —ampliables a ciento veinte— para analizar si hay una vulneración.
Pero no es automático que simplemente «apruebe con condiciones». El precedente de Booking/eTraveli muestra que la Comisión puede preferir el bloqueo. Y dado que ya hay una investigación formal abierta sobre la IA en WhatsApp (diciembre de 2025), y que Meta ya fue multada por incumplimiento de la DMA (abril de 2025), el contexto es más hostil para la tecnológica.
El escenario más probable será una aprobación condicionada a restricciones severas. Las condiciones que la Comisión podría imponer no serían triviales. Manus funcionaría como entidad separada distinguible, con APIs abiertas a competidores bajo términos que Meta no podría inclinar a su favor. Los equipos permanecerían segregados. Y la restricción que haría temblar a Zuckerberg: prohibición temporal de integrar Manus en WhatsApp Business durante tres a cinco años. Una adquisición de cientos de millones convertida en un activo en cuarentena.
¿Qué riesgos tendrá para los competidores?
Meta comprando Manus no cierra automáticamente el mercado. pero sí lo reorienta. La regulación puede limitar la integración agresiva. Pero Meta obtendrá información valiosa que los competidores no tienen. La competencia es posible, pero las condiciones para los competidores serán más difíciles si Manus está integrada.
Meta opera en un mercado bilateral. Ofrece a los usuarios una integración profunda con contactos, historial, contexto pleno y ofrece a los desarrolladores y competidores un acceso potencial a esos usuarios.
El problema clásico de las plataformas es que quien controla la infraestructura subyacente tiene poder sobre quién accede y cómo.
Hay también un elemento de establecimiento de precedentes. Cómo los reguladores manejen Manus definirá qué es permisible en futuras adquisiciones de startups de IA por guardianes de acceso. Los escenarios estrictos (bloqueo o condiciones severas) desalentarán futuras fusiones y adquisiciones en el sector de la IA. Pero un escenario laxo (aprobación limpia) podría dar la impresión de que la DMA no es una restricción real en este espacio.
La compra de Manus es un caso de tensión genuina entre dos valores igualmente importantes: por un lado, permitir la integración vertical eficiente que beneficia a los usuarios; por otro, proteger los mercados del abuso de posición dominante.
La Ley de Mercados Digitales intenta responder a esta tensión. Pero es un instrumento que aprende sobre la marcha. Manus será uno de esos casos que refina cómo los reguladores interpretan términos como «auto-preferencia», «agrupación» o «abuso de datos» en el contexto de la inteligencia artificial autónoma.
Lo necesario es una regulación que permita la integración donde hay un beneficio real para los usuarios, para la eficiencia del mercado. Pero que bloquee prácticas donde hay un daño neto: exclusión sin compensación, coerción, manipulación de información o aprovechamiento de posición dominante.

