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Humanizando la Justicia

Cuando un cliente no quiere pagarte

Letrado experto en Derechos Humanos

Tiempo de lectura: 10 min



Humanizando la Justicia

Cuando un cliente no quiere pagarte



14. Humanizando la justiciaLa educación tiene un límite, en ocasiones el mismo límite temporal que la paciencia, y entrado ya en unos años, el tiempo es un bien escaso, y cuando en el despacho el cliente marea la perdiz, la una y la otra flaquean, y en ocasiones se pierden.

El hombre vino al despacho acompañado de un colega con el que colaboro; este, creía que por mi experiencia en el tema podría ayudar a su cliente. Este, acostumbrado al trato, buscando una posición de ventaja, no aportó ni un solo documento, y salvo que era pintor, ni un solo dato concreto que permitiera fijar el contenido y alcance de su problema legal. Vamos, que mareaba al pájaro. Entonces, consumida la paciencia, harto, si bien educadamente, a bocajarro le pregunté ¿que quiere usted de mí? Y como tantos otros antes, me espetó: “…., y esto ¿cuánto me cuesta?”. Retóricamente le pregunté, es usted pintor, ¿verdad?; si, me contestó; ¿cuánto me cobra por pintar mi casa?, le pregunté; y raudo y veloz me dijo que, sin verla y sin saber qué pintura quería, no me lo podía decir; le comenté, pues usted mismo ya se ha contestado a la pregunta que me ha hecho. Su cara, un poema. Recuerde el lector que “Forrest Gump” nos enseñó que sufrir una deficiencia no es ser tonto, que tonto es quien hace tonterías. Como vinieron se fueron. Pasado un tiempo el colega me ha dicho que el cliente no ha vuelto por su despacho. Supongo que habrá encontrado un despacho “todo a cien”.



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