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Artículos jurídicos

Jueces y abogados. Consejos reciprocos para un mayor respeto en Sala.



 

Introducción.
La verdadera razón por la que los abogados,  en general, no hablamos muy bien de los jueces y estos, no muy bien de nosotros, para que decir lo contrario, es porque en el fondo deberíamos de respetarnos más mutuamente.





Para escribir este artículo, voy a imaginarme que tengo delante a un grupo de Jueces y Magistrados, estamos tomando un café, y de forma sincera, les digo  parte de lo que de verdad quiero decirles sobre la forma en que algunos Jueces nos tratan en sala  desde hace muchos años que empecé a ejercer como abogado. A  continuación, también me voy a imaginar que estoy con  algunos compañeros de la abogacía  y,  de  la misma forma, les voy decir lo que opino de nuestras intervenciones en sala. La forma de expresión será por tanto coloquial, y un tanto sorprendente. No por ello, quiero faltar al respeto,  sobre todo a los Jueces, sino que deseo que  mis  palabras reflejen  cercanía, sinceridad   y  el entusiasmo de ayudar a  conseguir  mejorar las relaciones entre  ambos colectivos.





Quisiera  empezar con los consejos a los Jueces, aclarando  que existen  muchos que nos tienen  a los abogados un respeto extraordinario en sala, y otros, cuyas formas nos gustarían que mejorasen para conseguir  durante la vista un mejor  entendimiento  y comunicación. A ellos van dedicados  los siguientes consejos.

2. Consejos a los Jueces.

– No soportamos, aunque sea legalmente admisible,  que nos reprendáis  procesalmente  o de cualquier otra forma, delante de nuestro  cliente: con independencia de que vosotros, los Jueces, entendáis que hemos cometido algún fallo, es mejor que nos lo digáis en privado  en cuanto el cliente haya abandonado la sala. Nuestro ego  queda herido, y nuestro prestigio mucho más, cuando nos reprendéis con, o sin  razón, en su presencia.

Recordad que en   prácticamente en ninguna facultad, se enseñan técnicas de oratoria procesal, y en pocas escuelas de práctica jurídica. Hace falta mucho valor para, sin tener la preparación necesaria, intervenir en sala, no de forma extraordinaria, sino digna. Vosotros, los Jueces, también  lo pasáis  mal a veces, y recordad que detrás de una reprimenda pública…quizás no tengáis razón, y el daño a nuestro  prestigio puede ser irreparable, porque nuestro cliente ya no va a confiar en nosotros.

– A todo el mundo cuando habla le gusta ser escuchado…a los abogados también cuando  estamos en sala: no os podéis ni imaginar la terrible frustración que sentimos cuando después de  preparar un alegato con  el mayor esfuerzo y la mejor profesionalidad posible, algunos compañeros vuestros demuestran un desprecio, en la forma, aunque no sea en el fondo,   a nuestras palabras con su lenguaje verbal y  no verbal. Si, ya sé que en ocasiones el alegato es más largo que lo que debería ser,  y ya sé que la brevedad es el “manjar” preferido  de  la mayoría de  los jueces en sala. Pero el momento de intervenir en sala es uno de los momentos más importantes de la intervención profesional del abogado y, sin duda, el de más importancia para nuestro cliente, y  nos ayudaría el que por unos minutos se hiciera un esfuerzo mejor por, cuanto menos, aparentar un  mayor interés  en nuestras palabras. A nosotros nos ayudaría a sentir un mayor respeto en sala por parte vuestra  y a nuestros clientes  se sentirían  más satisfechos…por lo menos, hasta que llegue la sentencia.

– La amabilidad no esta reñida con la profesionalidad: a todos nos gusta  cuando nos presentan a alguien que dicha persona, al darnos la mano, nos devuelva una sonrisa o cuanto menos un gesto amable, que provoque,  que de inicio ,la relación sea más fluida. A nosotros los abogados, cuando entramos a sala con un gesto amable, también nos gusta ser correspondidos de igual forma. Debéis de comprender que una mirada   excesivamente seria, o con escaso interés por vuestra parte, provoca un mayor nerviosismo y una peor predisposición  también  nuestra hacía vuestras palabras en el momento del juicio. Luego, no es de extrañar las “peleas dialécticas” que por desgracia ocurren bastante a menudo en sala, en base, sobre todo a una predisposición negativa de ambas partes.

–  La puntualidad también es una forma de respeto: Tenéis que saber que los abogados en este punto nos conformamos  con poco,  son tantas las horas “perdidas” en los pasillos del Juzgado que hemos tenido que soportar, que si el juicio empieza con media hora de retraso, ya nos damos por satisfechos…pero no con dos horas o más, porque a eso, no hay derecho, sinceramente.

Tenéis que saber la tremenda tensión que se produce entre las partes  ante un importante retraso a la hora de entrar en sala. Los nervios de nosotros,  los abogados, irán aumentando  de manera considerable, y qué decir de nuestros clientes, los cuales desearían estar en cualquier  otra parte del mundo en dichos momentos… y para su mayor desgracia, tienen en frente a  la otra parte.

Intentar hacer los señalamientos para que esperemos lo menos posible. Ya sé que es muy difícil, pero intentar mejorar  la estimación del tiempo que puede durar un determinado juicio.  Y si muchos se suspenden o concilian, significará que entraremos en hora, pero si tenemos un retraso importante implicará que no se ha calculado muy bien el  tiempo estimado de lo que puede durar un juicio.

Si ya no lo hacéis por nosotros, los abogados,  intentad hacedlo por los ciudadanos, que son los que en definitiva sufren la tensión de manera más importante  cuando van a un juzgado.
– Si  existe una determinada forma de tratar el debate procesal  en  el juzgado, preferimos enterarnos  antes, que durante el juicio:   los abogados entendemos que dentro del respeto a las normas procesales , cada Juez tengáis una forma peculiar de llevar su juzgado y de dirigir el debate en sala. Perfecto, pero si existe  algún uso que los abogados deberíamos de conocer antes de empezar en juicio, preferimos que se nos diga  sin estar el cliente delante, y antes de empezarlo.

Quizás no estemos de acuerdo, y tendremos que discutirlo antes, pero bastante tenemos con ponernos en la piel de nuestro cliente, y en el del abogado contrario, como para también saber que  queréis  exactamente  vosotros.  Respetamos los distintos criterios. Pero nos gustaría  saberlo antes, para una mejor comunicación entre todos en sala.

3. Consejos a los abogados.
Ahora nos toca a nosotros los abogados…y tenemos que mejorar muchas cosas. Empecemos:
– Si queremos persuadir , hay que saber captar la atención de Juez : hay alegatos  que  duran veinte minutos  en los que se  tiende a repetir  lo  mismo  que está   perfectamente reflejado en la demanda o  contestación. Los Jueces tienen un mandato legal de  oír el alegato, pero lo que se dice escuchar de  verdad, escuchan, como es lógico, lo que consideran importante parta el desarrollo de la causa. Y   se cansan y se aburren generalmente cuando quien les habla no despierta su interés, no en el fondo, sino  sobre todo en la forma,  por ello,  una de nuestras principales  habilidades debería consistir en hacer  interesante lo realmente importante.

Pero dicha  técnica de oratoria procesal, no se adquiere sólo con los años,  todos conocemos a compañeros que después de veinte años ejerciendo aburren soberanamente al juez ,  a su cliente , a la parte contraria y a  cualquiera que se siente a escucharlo más de cinco minutos.

Es necesario que los abogados seamos conscientes de que la asistencia a cursos de oratoria o la lectura de temas relacionados con ella  ayudaran a tal fin…aunque algunos opinen que con la colegiación les vale y les sobra para adquirir automáticamente dichas habilidades.

Si nosotros  no  mostramos pleno convencimiento por el  tema que defendemos ¿por qué lo va a tener que sentir el juez?: Ya lo dijo Quintiliano uno de los grandes oradores romanos  ¿“cómo es posible que el Juez sienta  lo que yo soy incapaz de transmitirle?

La mayoría de los alegatos de los compañeros son lineales, donde el componente emocional brilla por su ausencia. La capacidad  de estructurar el alegato, de ser concisos, es decir,  ser breve y preciso, de centrar el objeto del proceso, de realizar un buen interrogatorio, no está reñida con una interpretación del alegato que  implique una mayor capacidad de convencimiento de nuestros argumentos.
Interpretar no es exagerar, implica decir las cosas de la manera que normalmente la decimos,   aplicando técnicas de comunicación que están dando excelentes resultados a miles de compañeros hoy en día.

– A los testigos, peritos   y a la parte procesal contraria, hay  que demostrarles en sala,  que el rigor y la habilidad para hacer preguntas  realmente comprometedoras,  son  compatibles  con el mayor de los respetos hacia ellos.

No somos maestros de la intimidación procesal. Somos abogados, y nuestra ética  y nuestras buenas formas, deben de revestir todas nuestras actuaciones en sala.

A los Jueces no les gusta que intimidemos a los testigos, peritos o partes procesales contrarias. Además de restarnos credibilidad, mucho de los Jueces  no permiten un exceso de “agresividad” con ellos. Por lo tanto, aconsejo en este fase procesal que  planteemos   el fondo de las preguntas  que consideremos pertinente de cara a nuestros objetivos, pero  que  tengamos cuidado con las formas.

Os aconsejo menos agresividad y más capacidad de análisis, para hacer preguntas comprometedoras de verdad, preguntas  cuyas respuestas  puedan decidir un pleito a nuestro favor.

– Seamos concisos, no breves. La concisión es el verdadero arte de un buen alegato. En la concisión intervienen dos elementos: la brevedad y la precisión.

La brevedad, porque  a la hora de exponer nuestros argumentos en sala nos limita la capacidad  de atención del Juez. Por mucho que nos oiga, escuchará lo que le resulte más importante, y discriminará de nuestro alegato lo que considere necesario para dictar sentencia, a favor  o en contra.

Y la precisión, porque el abogado debe de centrar sus argumentos en el punto verdaderamente controvertido del pleito y probar los hechos  en los que se basa su acción  o pretender que se declaren inexistentes o inexactos los hechos alegados  por la parte contraria, en caso de ser demandados o denunciados.

Los abogados debemos de cambiar el  hábito cuando iniciamos  nuestra exposición en la fase de conclusiones. En vez de  comenzar diciendo: “con la venia seré breve”, debemos empezar con “seré conciso o concisa”.

¿Qué sensación le damos a nuestros clientes cuando después de llevar esperando más de un año a que se dirima su asunto en un juzgado, empezamos nuestro alegato con  la expresión “seré breve”?.

La respuesta nos la imaginamos todos, pero pocos hemos reflexionado sobre dicho extremo. Nuestros clientes se merecen que luchemos por sus asuntos tanto en el fondo como en la forma. Es así de simple y complicado a la vez.

Por lo tanto,  y volviendo  a la habilidad de ser  precisos en sala, antes de empezar a preparar el escrito de alegaciones y conclusiones, nos debemos de preguntar ¿Donde está realmente el centro del proceso? ¿Donde está la clave del pleito? ¿Qué es lo que realmente debo de probar, y que debo de refutar, para conseguir nuestro objetivo?

Contestemos a dichas preguntas antes de hacer el alegato. Probemos lo que sea esencial y  refutemos los argumentos   más importantes de la parte contraria y ya está…el resto no depende de nosotros.

– Centrémonos en los hechos probados, y hablaremos en la misma frecuencia que el Juez
Que lo más importante de un alegato es probar los hechos que se alegan,  es  algo que cualquier abogado diría que es de sentido común…pero en bastantes ocasiones no es de practica común.

Un alegato  eficaz, se basa en acreditar,  por medio de unas pruebas lo más  objetivas  posibles,  los hechos en los que se basa  nuestra acción. Pero a la hora de alegar dichas pruebas,  los abogados debemos de ser lo más concretos posibles para poder ayudar al Juez a que, si se ha decidido a darnos la razón, poder elaborar una sentencia lo más clara , y congruente posible.

El ser concreto  a la hora de  probar los hechos alegados no significa decir algo similar a:” el presente extremo se ha probado a través de la  prueba documental aportada en autos”. No, así no se consigue un alegato eficaz, dado que dejamos en manos del Juez la interpretación de dicha prueba documental y, por decirlo de otra manera más ilustrativa, le  estamos  diciendo cual es la ruta a seguir… pero no le guiamos hasta el hotel rural que le queremos aconsejar, por lo que  puede  elegir otro hotel que no es  el que  nosotros queremos.

Lo realmente importante es la concreción a la hora de exponer nuestros argumentos probados , me explico: aconsejo que cuando se le diga a un Juez que un hecho está probado ,se especifique al máximo  posible como queda probado, y en qué documento, o pregunta realizada en los interrogatorios  ha quedado de manifiesto claramente dicho extremo que queremos acreditar. Por ejemplo; “ha quedado probado el hecho cuarto de nuestra demanda, donde se especificaba que…., por la prueba documental aportada en autos, en concreto, a través del documento número tres de la demanda, donde en el primer párrafo el demandado reconoce que….” O bien, ha quedado probado tal extremo a través de la prueba testifical  practicada, ya que el testigo don…, cuando se le ha preguntado si vio como robaba el señor Don…, ha manifestado  que por supuesto, que no tenía la menor duda.

Llevemos al juez hasta el centro de la controversia, no permitamos que se pierda por el camino, porque tiene dudas y al llevarle nosotros mismos se le disipan,  o bien porque el compañero ha realizado un excelente ejercicio de distracción y se ha perdido en el camino, y necesita a alguien que le guíe hacía la verdadera controversia judicial que él esta obligado a dirimir, como mejor ha aprendido a hacerlo.

Ayudemos  a  los Jueces a dictar sentencias claras, bien fundadas en Derecho y   congruentes…  y nos ayudaremos nosotros mismos.

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