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Editorial

El capital humano en los pequeños despachos

AUTOR
Redacción editorial
Tiempo de lectura: 2 min

Publicado

 

Para el abogado que ejerce el derecho en forma privada de manera independiente ó en un grado de asociación menor,  el proceso de adquisición de capital humano es, por esencia, más reducido que en las grandes firmas aunque, por contrapartida, sus efectos sobre el rendimiento del despacho es más directo.

La mejora del capital humano puede obtenerse, fundamentalmente, de dos formas: adquiriendo conocimientos específicos que los diferencien de sus colegas a través de la especialización en el ejercicio de una rama del derecho ó





a través de la adquisición de conocimientos en postgrados  o masters que le ayuden a perfeccionar y aumentar sus conocimientos jurídicos. Ambas formas o procedimientos no son excluyentes, sino más bien compatibles.





En el primer caso, la especialización por ejercicio, se basa en la experiencia del profesional en una rama determinada del derecho, luego de haber hecho una elección de carrera, resultando en un proceso de largo plazo dado que deben

litigar en muchos casos para adquirir el conocimiento diferencial con respecto a los otros abogados  Los resultados generalmente se aprecian en la madurez del profesional. El segundo caso es más bien de corto plazo, dado que consiste en la asistencia a programas de postgrado ó cursos de especialización. Uno accede al conocimiento explícito, aunque desde luego ello no garantiza ni la llegada masiva de clientes ni tampoco la sabia traslación del bagaje adquirido a la práctica diaria. No obstante,  la realización de cursos de especialización puede modificar la carrera profesional del abogado, por ejemplo mediante la conversión en abogado interno de una empresa de un sector económico concreto.

La organización de un pequeño despacho adopta normalmente la forma de asociación de dos o tres abogados, a los que unen excelentes relaciones personales o incluso lazos familiares. La asociación les permite a sus integrantes desarrollar su carrera sin presiones, alcanzando laboralmente la cúspide de la independencia: uno es su propio jefe.  El despacho es llevado informalmente, con escasos controles de gestión, sin evaluaciones de desempeño por escrito y con un trato cara a cara.

Estamos, como en la mayoría de decisiones profesionales, ante una opción con sus ventajas e inconvenientes. Las ventajas de esta forma de ejercicio de la profesión se resumen en el total control personal sobre el trabajo: elección de clientes, fijación del propio horario de trabajo y apropiamiento de toda la renta del negocio. Las desventajas claras se aprecian por la falta de respaldo cuando surgen períodos económicos malos así como presión en tiempo y recursos para el mantenimiento del despacho.

 

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