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Editorial

Minuta vs cliente, cliente vs minuta.

AUTOR
Redacción editorial
Tiempo de lectura: 2 min

Publicado

La mayoría de los clientes de despachos de abogados pagan su minuta religiosamente, sin cuestionarla y, el abono suele ir acompañado de la más completa gratitud y admiración del atribulado justiciable. Sin embargo, también hay –morosillos, morosos profesionales y distraídos del asunto– , que por más que se les pone en la tesitura de pagar por los servicios prestados, se inventan una y mil razones para no abonar la oportuna factura o demorarla sine die. La mayoría de las ocasiones alegan que es exagerada o, bien, que el resultado procesal no es el esperado porque, claro,  cargado de razón como estaba el susodicho, tenía que haber ganado el pleito casi sin que su Letrado se –despeine en el proceso– . –Si no es así, algo habrá dejado de hacer– (dicho,  no tengo que remarcarlo, aunque esta vez sí lo voy a hacer, en términos absolutamente irónicos).
Y es que, todo aquel que inicia un pleito, sea el que sea, tiene toda la razón,(eso, al menos, no siempre con fundamento, es lo que considera); muchas veces no es del todo consciente de lo enrevesado que está el expediente cuando acude al despacho profesional con un problema debajo del brazo y, ello a pesar de que el Letrado se encargue de ponerle en contacto con la realidad. Así las cosas, como quiera que el Derecho es susceptible de mostrar diversas interpretaciones, el planteamiento del caso ante los tribunales de justicia, presenta siempre un atractivo incuestionable para los profesionales y un reto constante en el ejercicio de la profesión.
Sin perjuicio de que una vez producida la situación de morosidad, tanto al Procurador como al Letrado le asisten distintas vías procesales para hacer efectivo su derecho de crédito derivado de la minuta, lo cierto es que tener que iniciar un proceso judicial en reclamación de lo que en otros colectivos, ni siquiera se cuestiona, es cuanto menos –denigrante– ; a nadie se le escapa que otros profesionales cobran y, además, han de hacerlo, por sus servicios; sin embargo, en el mundo de la Abogacía es, cuanto menos llamativo, lo mucho que la mayor parte de los justiciables cuestiona la cuantía de las minutas presentadas y hasta los resultados del pleito y el modo en que ha sido dirigido por el Letrado director. Y es que al final . –todo el mundo sabe de Derecho– y el opinar no deja de ser un impulso más o menos irresistible. Ya se sabe: la ignorancia suele ser muy atrevida.

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