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Editorial

TRIBULACIONES DE UN ABOGADO DESPISTADO.



 

Os voy a contar, con permiso, mi primera experiencia en un Tribunal de Justicia. Fue en un Juzgado de Instrucción. Iba simplemente a mirar un expediente de un juicio de faltas y a tomar notas en lo que me dejaran, pero a los nervios propios de la situación, es decir, de la más absoluta inexperiencia, se unieron dos circunstancias anecdóticas y a la postre graciosas, pero que en su momento, no contribuyeron más que a enturbiarme el carácter (vamos a decirlo así). ¡Empezamos bien! Nada más llegar al Juzgado una enorme cola para entrar. Atribulada como estaba por la situación, solo me di cuenta de que había una puerta para profesionales después de estar esperando un –eterno– cuarto de hora a que me llegara el turno para entrar. Eso sí, durante la larga espera(a mi me lo pareció), estuve la mar de entretenida viendo como un, no menos despistado señor, pretendía entrar en la sede judicial con su perrito, a quien pretendía hacer pasar por el detector de metales. Y ante la insistencia del guardia de seguridad en su negativa, él decía:– es mi perro y va conmigo a todas partes, mire usted, no se preocupe, páselo por la máquina esa  y verá como no va armado — Sin comentarios, sobran las palabras, inverosímil pero cierto.





Una vez  en el edificio judicial, cual no seria mi sorpresa cuando un –honrado– ciudadano, a la sazón, esposado, me preguntaba por la ubicación exacta del Juzgado de instrucción nº . al tiempo que con total resignación profería gritos de — de cárcel en cárcel, de juzgado en juzgado, estoy harto .– Mira tú, si él estaba harto, los demás empezábamos a alucinar. No me dio tiempo a contestarle, enseguida se acercaron dos miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad para reconducir a su despistado detenido hacia el juzgado deseado y ahí quedó la cosa, justo cuando yo ya me estaba replanteando la idea de ejercer o dedicarme a otros menesteres.





El caso es que de aquel día tan singular, pude aprender una cosa: la imagen de cada colectivo es muy importante, pero difiere mucho de la realidad en función de las circunstancias. Dicen las encuestas que la valoración que los ciudadanos hacen de los abogados es muy positiva y homogénea y que aun es mejor la de quienes han utilizado sus servicios.  Por eso es necesario concluir que la visión que cada ciudadano pueda tener de la justicia es muy subjetiva pues está en conexión directa con su propia experiencia personal y en este sentido, debemos asumir que de alguna forma siempre nos equivocaremos, mejor dicho, siempre habrá alguien que se sienta afectado o –maltratado por esto de la Justicia–  pues la sensación de buen funcionamiento de la Administración de Justicia es proporcional al grado de satisfacción de las pretensiones procesales formuladas, o dicho de otro modo, a si la causa es resuelta en sentido favorable, o desfavorable. Y es que como decía Oliver Wendell Holmes: –es posible que la ley sepa algo de justicia relativa, de expedientes mucho. Pero la justicia absoluta no es de su incumbencia– .

Soraya Callejo

Directora

callejos@difusionjuridica.es

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