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Entrevistas

Luis María Cazorla sobre su novela Melilla 1936: «El derecho es el único cauce para acercarse a la justicia»

"El Derecho ante la fuerza bruta corre el riesgo de convertirse en un juguete utilizable contra sus verdaderos fines"

Luis María Cazorla Prieto (Foto: Cazorla Abogados)

Tiempo de lectura: 6 min



Entrevistas

Luis María Cazorla sobre su novela Melilla 1936: «El derecho es el único cauce para acercarse a la justicia»

"El Derecho ante la fuerza bruta corre el riesgo de convertirse en un juguete utilizable contra sus verdaderos fines"

Luis María Cazorla Prieto (Foto: Cazorla Abogados)



Siempre hemos admirado a quienes son capaces de contar historias y que confluimos en llamar novelistas o noveladores, bien de hechos vividos bien de hechos ideados bien, en fin, de hechos ocurridos. Nuestra admiración se transforma en envidia, -eso sí, sanísima- cuando el novelista no es un profesional de la narrativa, sino un extraordinario jurista que figura en el top ten -recurso que me permito en razón de su afición al deporte- como Luis María Cazorla Prieto, quien acaba de publicar Melilla 1936, con la que culmina la trilogía de novelas históricas sobre la II República española. Las precedentes fueron La rebelión del general Sanjurjo y La bahía de Venus, todas ellas en prestigioso sello de la editorial Almuzara, que personifica Manuel Pimentel.

Quizás los lectores se pregunten por qué traemos a esta páginas una novela de las que pertenecen al género de las históricas, la comprensión de ello es muy sencilla, y se concreta en que en Melilla 1936, de Luis María Cazorla, desgrana la tragedia del juez de primera instancia e instrucción Joaquín María Polonio Calvente, que desembarcó en aquella ciudad en marzo de 1936 y que en la misma es fusilado –en el sitio de Rostrogordo- en julio de 1937.



Un juez modesto, de los que en ocasiones son llamados “de trinchera”, es el protagonista –protagonismo que nunca ambicionó Polonio Calvente- de una historia dramática –como dramática fue la guerra civil española- que, sin embargo, alienta un mensaje con el que nos congratulamos todos quienes creemos en la supremacía de la ley y en la independencia de los jueces y tribunales, que son los principios que personifica Polonio Calvente.

Melilla, 1936, de Luis María Cazorla Prieto (Foto: Almuzara)

Economist & Jurist (E&J).- ¿Cómo accede al conocimiento del personaje, el juez Polonio Calvente? ¿Por qué llama su atención para construir esta historia novelada?

Luis María Cazorla Prieto (L.M.C.).- De una manera casual. Con motivo de la presentación en Melilla de mi novela La rebelión del general Sanjurjo, la primera de la trilogía ambientada en la II República, visité la tumba de este general en Melilla acompañado del decano del Colegio de Abogados de esta ciudad mi amigo y compañero Blas Jesús Imbroda. En el camino de salida del cementerio de La Purísima me paró Imbroda y me señaló un nicho en el que bajo la cruz figura el nombre de Joaquín Polonio Calvente. «La de este joven juez fue una tragedia terrible», me comentó. Esto atrajo mi atención y empecé a tirar del hilo hasta terminar Melilla 1936.

(E&J).- ¿Cómo ha conseguido acceso a tantas fuentes documentales para confeccionar su novela? 

(L.M.C.).- Mis novelas son históricas en sentido estricto, no meramente ambientadas en un determinado momento histórico. En todas ellas llevo a cabo un profundo y riguroso, casi científico (al maestro José Antonio Escudero siempre le digo que soy un historiador frustrado), del periodo al que se contrae la novela. Eso es lo que hecho en Melilla 1936. Además, ha sido crucial la ayuda de Blas Imbroda en lo urbanístico y testimonial sobre la época. En lo documental ha sido esencial el sumario y el desarrollo del proceso penal que sufrió Polonio Calvente.

(E&J).- Todos los personajes de Melilla 1936 ¿son reales o parecen reales? La novela impacta en tanto que el lector es trasladado a esa ciudad para convivir con esos personajes civiles y militares, e incluso con el catedrático Luis Jordana de Pozas.

(L.M.C.).- Esta es mi sexta novela histórica y a diferencia de las anteriores en Melilla 1936 todos los personajes son reales. El teniente Arrabal, Luis Jordana de Pozas, Luciano Conde Pumpido, el capitán Fernández Gálvez, Luis Alberto de Cuenca, el general Romerales, el teniente coronel Seguí, el comandante Seco, por solo poner algunos ejemplos, vivieron de una manera u otra lo que se relata en la novela.

(E&J).- El juez Polonio Calvente era un juez digamos ilustrado, con estudios de posgrado en la Sorbona de Paris, con un libro prologado por Joaquín Garrigues, y con una fe incombustible en el Derecho. Usted le define, en varios pasajes, como “un buen juez” o ¿quizás como un juez bueno?

(L.M.C.).- Era un juez culto, competente y profesional al servicio del Derecho que creía en la ley y su trascendencia en toda la sociedad. Era un buen juez y un juez bueno, creo yo después de haber buscado en sus interioridades.

«En Melilla 1936 todos los personajes son reales» (Foto: Berliner Verlag)

(E&J).- Los problemas en aquella Melilla de los primeros meses de 1936 para el juez Polonio Calvente se derivan en gran medida porque debió asumir la suplencia del Delegado del Gobierno en sus ausencias. El juez intenta mantener la independencia del poder judicial frente a un importante sector del ejército, descontento con el devenir de la II República, tras el triunfo del Frente Popular. ¿Podría explicarlo?

(L.M.C.).- Polonio Calvente era un juez juez, creía en la ley como cauce para remediar o suavizar los conflictos. Era, a mi juicio, independiente en su proceder. Dictó, por ejemplo, una sentencia, desautorizando al juez municipal, en favor del partido de Acción Nacional, y como delegado gubernativo accidental tuvo mala suerte, pues tuvo que contribuir a que el general Romerales cerrara el Casino militar para evitar el 1 de mayo de 1936 enfrentamientos de militares y fuerzas frentepopulistas que habrían acabado en derramamiento de sangre.

(E&J).- En algunos momentos de la obra parece intuirse la idea de que el juez Polonio Calvente era un personaje incomprendido incluso por los más cercanos, como su mujer Antonia o el secretario del Juzgado Lalaguna, pero él se mantiene siempre firme en sus creencias. ¿Es así?

(L.M.C.).- Más que incomprendido era un idealista con algunas gotas de ingenuidad. Quería abrirse como juez a toda la sociedad en una época de desgarramientos irrestañables y de odios cainitas irreversibles.

(E&J).- Desde luego, para quienes fue una persona incomprendida era para los militares que, tras el cierre temporal del Casino Militar de la Plaza de España, le pusieron en el punto de mira. ¿Era Polonio Calvente un radical o un revolucionario?

(L.M.C.).- No, no, no era ni radical ni revolucionario. Era de ley y orden. Eso sí con mentalidad abierta, ensanchada por sus inclinaciones culturales. Políticamente, me atrevo a calificarlo como un liberal reformista que creía en el poder transformador del Derecho, actuando paso a paso y con respeto a los cauces jurídicos vigentes.

(E&J).- El juez Polonio Calvente, tras el alzamiento militar que en Melilla se produjo el 17 y no el 18 de julio, es requerido por el nuevo comandante general de Melilla, el Coronel Solans, a “entregar” el juzgado, pero él se niega y finalmente es detenido y llevado a prisión bajo una fantasiosa acusación de prevaricación. ¿De dónde sacaba la fuerza interior nuestro juez para resistir ante la fuerza bruta?

(L.M.C.).- Creo que del amor y respeto hacia su vocación y profesión de juez de carrera, de su convencimiento de que siempre había actuado correctamente dentro de la ley y, por fin, de la evidencia del descomunal atropello del que fue objeto en las primeras horas del inicio en Melilla del levantamiento que acabaría encabezando el general Franco.

(E&J).- Usted hace un pormenorizado examen del sumario, de la deficiente defensa, del desarrollo del Consejo de Guerra y del recurso de la auditoría de guerra contra la sentencia de aquél que dispone su condena a muerte. El juez solo alega que “me he limitado a cumplir mis obligaciones como he sido capaz” ¿Qué lecciones extrae del proceso?

(L.M.C.).- Que si bien el Derecho y sus procedimientos sustancial y debidamente articulados son el mejor cauce, el único, para acercarse lo más posible al logro de la justicia entendida ampliamente, utilizados formal e indebidamente pueden convertirse en blanqueadores al  servicio de la injusticia máxima.

(E&J).- ¿Es el juez Polonio Calvente “un chivo expiatorio para dar ejemplo a los jueces y funcionarios que no se doblegaron a los nuevos dueños de la situación”?

(E&J).- En Melilla 1936 apunto varias veces que con el juez Polonio Calvente “había que guardar las formas y apariencias”. El cambio de la condena de cadena perpetua en primera instancia a la de muerte en la segunda se basaba en la agravante del destacado papel social de Polonio como juez. Sí, opino que en gran medida fue uno de los muchos chivos expiatorios que hubo en aquella deleznable guerra civil.

(E&J).- En un reciente comentario de su novela, el Catedrático de Derecho Administrativo José Eugenio Soriano, la ha definido como “una novela constitucional”. Esta reflexión, que creo acertada, me permite formularle la última pregunta: ¿qué mensajes, qué lecciones podemos obtener de la novela para enjuiciar el presente?

(L.M.C.).- Una primera: que el Derecho ante la fuerza bruta corre el riesgo de convertirse en un juguete utilizable contra sus verdaderos fines. Una segunda clara y contundente: el frentismo y la negación radical y agresiva del rival político son peligrosos males de los que ninguna sociedad, por muy desarrollada que sea, está totalmente a salvo; pueden producir tanto daño que entre todos, gobernantes y gobernados, hemos de empeñarnos decididamente en evitarlos, aunque sea a costa de un gran esfuerzo y coste.

Melilla 1936 es una obra acabada, lo que quiere decir Luis María Cazorla desgrana con rigor histórico, con ritmo dramático y con lenguaje cuidado un momento tan crucial como dramático de un país, de una España desgarrada por un lucha fratricida a través de la mirada puesta en una pequeña ciudad y sobre el telón de la vida de un gran personaje, un juez que creía en el Derecho como mecanismo para la solución de cualquier conflicto, el Juez Joaquín María Polonio Calvente y que resultó arrollado por la tragedia nacional de la guerra civil.

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