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Derecho inteligente

La comunicación eficaz del abogado



En breve:

“El abogado en juicio actúa como mensajero de cierta información; si el mensajero es malo, el mensaje, aunque sea bueno, no llegará.” Baytle y Duce.

DESTACADOS.

  • “La gente reacciona de forma automática e inconsciente a la ropa que llevamos puesta, de forma que, si vestimos de forma similar a nuestro auditorio, nos verán cómo alguien similar”
  • El cerebro responde prestando más atención a las personas que conoce personalmente, teniendo el contenido del mensaje más influencia y siendo mejor recibido”
  • “La empatía es un rasgo esencial del buen abogado”
  • “La brevedad es más efectiva y llegará con más intensidad a un auditorio más atento”

Introducción

La comunicación, entendida como el acto de expresar y conectar, desde lo que llamamos emisor, información sobre nosotros y/o sobre una situación, al que llamamos receptor, constituye un proceso que, siendo indispensable para el género humano, alcanza una importancia sublime para quienes ejercemos la profesión de abogado. Ello es lógico, pues a través de la palabra desarrollamos las actividades esenciales de nuestras funciones de consejo jurídico, intermediación y defensa ante los tribunales.





Sin embargo, si volvemos la vista atrás, es preciso admitir que durante decenios los planes formativos de la universidad española han restado formación y participación oral de los estudiantes, fomentando una actitud pasiva hacía todo lo relativo a la oralidad. De esta forma nuestros universitarios han concluido sus estudios sin haber tenido la necesidad de expresarse en público, lo que ha generado que estos no sólo carezcan de capacidad oratoria, sino que su lenguaje jurídico se encuentra empobrecido y viciado, y ha sido la propia práctica profesional la que ha ido, con el tiempo aunque con retraso, mejorando las cualidades de expresión. A pesar de ello, hay una luz para la esperanza, no sólo por las innovaciones observadas en el Real Decreto 775/2011, de 3 de junio, por el que se aprueba el Reglamento de la Ley 34/2006, de 30 de octubre, sobre el acceso a las profesiones de Abogado y Procurador de los Tribunales, que ha establecido como requisito necesario para la obtención del título profesional de abogado o de procurador de los tribunales la acreditación de la superación de alguno de los cursos de formación comprensivos del conjunto de competencias necesarias para el ejercicio de dichas profesiones en los términos previstos en dicho reglamento, entre las que se encuentra “manejar con destreza y precisión el lenguaje jurídico y la terminología propia de las distintas ramas del derecho: redactar de forma ordenada y comprensible documentos jurídicos. Comunicar oralmente y por escrito ideas, argumentaciones y razonamientos jurídicos usando los registros adecuados en cada contexto”, sino igualmente por el decidido interés que muchas universidades están comenzando a mostrar ante el fomento de las aptitudes dialécticas y las formas de expresión oral.





En cualquier caso, lo cierto es que nos encontramos ante un panorama preocupante que exige cambios e innovación, escenario al que nos gustaría contribuir con algunas ideas que nos ayuden a mejorar en los procesos de comunicación que habitualmente seguimos los abogados.

Y en tal sentido, reiterando lo ya expuesto, la comunicación del abogado se manifiesta fundamentalmente cuando desarrollamos las siguientes actividades:

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