Identificar a tiempo los perfiles que intoxican al despacho y proteger la salud profesional del equipo jurídico
Cuando el cliente deja de ser un activo
(Imagen: E&J)
Identificar a tiempo los perfiles que intoxican al despacho y proteger la salud profesional del equipo jurídico
Cuando el cliente deja de ser un activo
(Imagen: E&J)
En la cultura tradicional de muchos despachos de abogados, existe una idea profundamente arraigada: todo cliente es valioso. El crecimiento del despacho, la estabilidad económica y la reputación profesional parecen depender de mantener relaciones comerciales duraderas con quienes solicitan asesoramiento jurídico. Sin embargo, la práctica cotidiana demuestra que esta premisa no siempre se sostiene. Existen clientes que, pese a pagar sus honorarios, terminan generando un impacto negativo en la organización. Son los llamados clientes que intoxican al despacho.
Estos perfiles no se caracterizan necesariamente por su volumen de asuntos o por la complejidad jurídica de los casos que plantean. El problema reside en la dinámica relacional que establecen con el equipo profesional. Algunos consumen una cantidad desproporcionada de tiempo en consultas reiterativas, llamadas constantes o correcciones mínimas. Otros cuestionan sistemáticamente cada recomendación jurídica, generando una relación basada en la desconfianza permanente.
El desgaste interno que provocan estos clientes suele pasar desapercibido en un primer momento. El abogado intenta responder con mayor dedicación, revisa los documentos varias veces o amplía las explicaciones para evitar malentendidos. Sin embargo, cuando la dinámica se prolonga, el problema deja de ser puntual y se convierte en estructural. El tiempo invertido en gestionar la relación supera con frecuencia el valor económico del asunto.
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