Responder bien también es prestar un buen servicio jurídico
Cómo fijar tiempos de respuesta claros según el tipo de cliente y evitar fricciones innecesarias
(Imagen: E&J)
Responder bien también es prestar un buen servicio jurídico
Cómo fijar tiempos de respuesta claros según el tipo de cliente y evitar fricciones innecesarias
(Imagen: E&J)
En muchos despachos, la calidad técnica del asesoramiento convive con una fuente silenciosa de insatisfacción del cliente: los tiempos de respuesta. No se trata de si el abogado sabe o no sabe, sino de cuándo responde. En un entorno donde el cliente está acostumbrado a la inmediatez en casi todos los servicios, la ausencia de una política clara sobre plazos de contestación genera frustración, malentendidos y una percepción de desorganización que no siempre se corresponde con la realidad del trabajo interno del despacho.
Uno de los errores más habituales es tratar todos los mensajes igual o, peor aún, no tratar ninguno de forma explícita. Cada abogado responde “cuando puede”, cada equipo maneja sus propios criterios y el cliente deduce expectativas basándose en experiencias previas o comparaciones con otros proveedores. El resultado es una gestión reactiva del correo, el teléfono o WhatsApp, y una sensación constante de urgencia que desgasta al equipo sin mejorar realmente el servicio.
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