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Derecho inteligente

Los 10 rasgos definitorios del buen comunicador jurídico

AUTOR
Redacción editorial
Tiempo de lectura: 4 min

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En ocasiones los profesionales del derecho olvidamos la importancia de habilidades extralegales para lograr nuestro éxito profesional. En un mercado laboral tendente a globalizarse y donde las relaciones interpersonales y el networking constituyen un valor creciente, irrumpe con fuerza el concepto de comunicación efectiva.

Más allá del vocabulario estrictamente legal, dúctil y siempre sujeto a cambios, nuestro lenguaje está modificándose a pasos agigantados: webinar, streaming, big data, etc. ¿Quién no ha utilizado alguno de estos anglicismos durante el estado de alarma?

Dejando a un lado el vocabulario incipiente, Según Oscar Fernández León, socio director de Leonlarte Abogados “la comunicación, entendida como el acto de expresar y conectar, desde lo que llamamos emisor, información sobre nosotros y/o sobre una situación, al que llamamos receptor, constituye un proceso que, siendo indispensable para el género humano, alcanza una importancia sublime para quienes ejercemos la profesión de abogado.





Cabe decir que durante decenios los planes formativos de la universidad española han restado formación y participación oral de los estudiantes, fomentando una actitud pasiva hacía todo lo relativo a la oralidad. De esta forma nuestros universitarios han concluido sus estudios sin haber tenido la necesidad de expresarse en público, lo que ha generado que estos no sólo carezcan de capacidad oratoria, sino que su lenguaje jurídico se encuentra empobrecido y viciado, y ha sido la propia práctica profesional la que ha ido, con el tiempo aunque con retraso, mejorando las cualidades de expresión.”





Podemos argüir que la comunicación del abogado se manifiesta fundamentalmente cuando desarrollamos las siguientes actividades:

  • Consejo jurídico
  • Intermediación o negociación
  • Defensa en juicio

En cuanto a la intermediación o negociación, la comunicación del abogado se dirigirá a diversos receptores, si bien será la persona con la que negociamos la destinataria del proceso, y ello con el objetivo de alcanzar un acuerdo que resuelva la disputa existente.

Finalmente, en el contexto del juicio, el abogado dividirá su comunicación entre las partes, testigos y peritos, y con el juez, a la hora de interrogar o informar. En el primer caso, la finalidad será alcanzar la verdad que defendemos; en el segundo, convencer y persuadir.

Pues bien, lógicamente, durante el desarrollo de cada una de estas funciones/actividades, el abogado empleará unas técnicas de comunicación diversas, si bien existen todo un elenco de principios, habilidades y técnicas que constituyen un denominador común y que procedemos a continuación a examinar.

10 rasgos definitorios del buen comunicador jurídico

Estos son los principios relacionados con la forma en que nos comunicamos y cómo reacciona la gente cuando lo hacemos, enunciados por Susan M. Weinschenk:

1º.- Siempre nos estamos comunicando, incluso cuando no empleemos lenguaje verbal o no verbal. Por lo tanto, hay que controlar no sólo lo que se dice o se gesticula, sino los silencios, las elipsis, los intervalos o el ser hierático.

2º.- Las personas procesan información de forma inconsciente, tomando decisiones muy rápidas (un segundo o menos de un segundo) sobre la gente, lo que motivará que en el primer contacto la gente se forme un juicio sobre nosotros de forma inmediata. De lo anterior se desprende que los primeros segundos ante otra persona son fundamentales para proyectar una identidad.

3º.- Con independencia de esta primera impresión, la gente continúa interpretando y reaccionando de forma inconsciente a nuestras posturas, gestos manuales, tono de voz y a la cara y movimientos de los ojos durante el resto de la interacción. De ahí que la comunicación es un continuo a trabajar, no un elemento fijo de nuestra identidad personal.

4º.- La gente imita nuestras emociones y siente lo mismo que nosotros ya que los sentimientos y las emociones son contagiosos. De este modo, transmitiremos lo que realmente sentimos (neuronas espejo). Por lo tanto, deberemos ser conscientes de nuestro estado de ánimo para proyectarlo al exterior, sobre todo cuando se gestiona un equipo de personas.

5º.- La gente reacciona de forma automática e inconsciente a la ropa que llevamos puesta, de forma que si vestimos de forma similar a nuestro auditorio, nos verán como alguien similar. Si nuestra aspiración es la de aumentar nuestra autoridad ante el foro, deberemos mimetizarnos con el ambiente y mostrarnos semejantes.

6º.- Escuchamos y somos persuadidos por las personas similares a nosotros o que nos resultan atractivas. Si somos similares, la tendencia a apreciarnos y confiar más en nosotros aumentará, pues es una cuestión de compartir origen y valores.

.- Los cerebros del que habla y sus oyentes se sincronizan durante la comunicación y ello debido a que los patrones cerebrales de ambos empiezan a emparejarse y copiarse el uno al otro. Pero para que esto ocurra, hemos de lograr captar la atención del receptor.

8º.- En un proceso interactivo en el que nos dirigimos a un auditorio, la gente obedece a personas con autoridad, de modo que, desde el principio de nuestra intervención, la gente de forma inconsciente asume que somos los líderes y estamos al mando y hemos de ser obedecidos. Es preciso mostrarnos como personas seguras ante la audiencia.

.- El cerebro responde prestando más atención a las personas que conoce personalmente, teniendo el contenido del mensaje más influencia y siendo mejor recibido.

10º.- Si el receptor capta una incongruencia entre tu mensaje verbal y el no verbal, creerá más el no verbal y lo interpretará como falta de autenticidad, percibiendo lo que dices como poco fiable. Por lo tanto, hemos de crear una correlación entre nuestro lenguaje verbal y no verbal.

Estos principios, si bien funcionan de manera inconsciente, deben ser aprendidos y puestos en práctica para aprovechar la importante información que suministran para desarrollar una comunicación más eficaz.

A su vez, los anteriores principios no servirían de nada si no aplicamos unas pautas de conducta capaz de canalizarlos:

  • La empatía. Es decir, la capacidad de experimentar en primera persona, mediante un ejercicio de abstracción, los sentimientos o estados de ánimo ajenos.
  • La escucha activa, esto es, la habilidad por mostrarse receptivo ante el interés del interlocutor.
  • La Asertividad como capacidad de hacer valer los propios derechos, sin permitir manipulación alguna y sin caer en manipular a nuestros interlocutores.

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