El abogado “lengua larga”
La confidencialidad como pilar de la confianza entre letrado y cliente
(Imagen: E&J)
El abogado “lengua larga”
La confidencialidad como pilar de la confianza entre letrado y cliente
(Imagen: E&J)
Se sienta a la mesa y, cuando apenas hemos empezado a dar el primer trago a una caña mientras miramos la carta, suena su teléfono. Contesta y, a los pocos minutos, dice a su interlocutor mirándome a los ojos: “Felipe, te dejo porque estoy comiendo con un compañero”.
Acto seguido, y durante toda la degustación del primer plato, me ofrece una detallada y minuciosa descripción del recorrido procesal del asunto de ese tal Felipe, subrayando con énfasis su pericia profesional.
La conducta del abogado al que podríamos llamar “lengua larga” también se reproduce —con matices— cuando, en lugar de con un compañero, se encuentra con un cliente. En ese caso reduce la información técnico-procesal para acentuar la descripción de sus decisiones y los efectos positivos de estas para quienes asesora.
El problema del abogado lengua larga es que, en muchos casos, no es consciente de que, al explicar la supuesta bondad y eficacia de sus decisiones profesionales, también está exponiendo los problemas de sus clientes. Olvida que, cuando alguien atraviesa un conflicto jurídico, en un alto porcentaje de ocasiones subyacen conductas propias poco prudentes: exceso de confianza, falta de cautela, desconocimiento, irreflexión o incluso actuaciones dolosas. No es difícil entender que a nadie le agrada que sus carencias o errores sean divulgados.
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Por lo general, el abogado lengua larga comienza sus relatos sin mencionar nombres concretos; sin embargo, la propia contextualización de los hechos acaba permitiendo identificar a los protagonistas en un porcentaje muy elevado de casos.
El interlocutor no tarda en percibir que él mismo podría convertirse en el protagonista de una historia similar relatada a terceros. El efecto inmediato es la pérdida de confianza. Casi sin advertirlo, el cliente deja de facilitar toda la información por temor a que sus errores trasciendan. Esa falta de transparencia dificulta el trabajo técnico del abogado y, en última instancia, perjudica los intereses del propio cliente.
Para un abogado, la buena gestión de la información es tan importante como para un cocinero la de los aliños.

