El ritmo de la comida
La sincronía en la mesa como regla básica de cortesía profesional
(Imagen: E&J)
El ritmo de la comida
La sincronía en la mesa como regla básica de cortesía profesional
(Imagen: E&J)
Había pedido de primero unas habitas con jamón de Guijuelo y, casi sin darme cuenta, advertí que ya estaba terminando el plato mientras que mi compañero de mesa apenas había empezado los canalones gratinados que tenía delante.
Seguro que muchas de las personas que leen estas líneas se han encontrado en una situación similar a la descrita, en un lado o en el otro de la mesa. Tan incómodo es ser el señor de las habitas con jamón de Guijuelo como el de los canalones gratinados.
Por ello conviene recordar que, cuando quedamos para comer con alguien, ello implica hacerlo coordinando los tiempos. Resulta muy desagradable sentirse espectador de la ingesta de un tercero sin participar en el acto y, del mismo modo, sentirse observado mientras uno come con tranquilidad.
Para evitar estas situaciones es necesario acostumbrarse, durante la comida o la cena, a controlar el ritmo de la ingesta e intentar adecuarlo al del resto de comensales. Para conseguir este objetivo —especialmente importante en comidas de compromiso o con clientes— pueden ser útiles algunos consejos.
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Pedir platos que sean fáciles de comer permite acelerar o ralentizar la ingesta con facilidad. Si solicitamos cigalas sin pelar, difícilmente podremos comerlas con rapidez si lo necesitamos; por el contrario, si pedimos unas albóndigas, podremos modular el ritmo con mayor comodidad. También resulta útil el uso de la palabra para regular el tempo de la comida.
Comer con alguien no es solo compartir mesa, sino hacerlo al mismo tiempo.

