Más de 2.000 muertes atribuidas al calor en un solo mes: qué es el sistema MoMo y por qué sus datos son tan importantes
Los efectos para las personas que viven solas
(Imagen: E&J)
Más de 2.000 muertes atribuidas al calor en un solo mes: qué es el sistema MoMo y por qué sus datos son tan importantes
Los efectos para las personas que viven solas
(Imagen: E&J)
El mes de julio ha dejado en España un balance provisional de 2.036 muertes atribuibles a las altas temperaturas, según las estimaciones del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), gestionado por el Instituto de Salud Carlos III. Se trata de una de las cifras más elevadas registradas en los últimos años y refleja el importante impacto que las olas de calor tienen sobre la salud pública, especialmente entre las personas de edad avanzada y quienes padecen enfermedades crónicas.
La cifra se produce tras un mes marcado por varios episodios de temperaturas extremas, incluido un cuarto episodio de ola de calor a finales de julio, y consolida una tendencia preocupante: entre mayo y julio de este año ya se han superado las 3.000 muertes atribuibles al calor en España.
¿Qué significa exactamente «muerte atribuible al calor»?
Una de las cuestiones que más dudas genera es que la mayoría de estas personas no fallecen por un golpe de calor. En realidad, el calor actúa con frecuencia como un factor desencadenante o agravante de enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales o neurológicas ya existentes. Una insuficiencia cardiaca, un ictus o una descompensación respiratoria pueden precipitarse durante una ola de calor y adelantar el fallecimiento de personas especialmente vulnerables.
Por este motivo, resulta muy difícil conocer el verdadero impacto del calor simplemente revisando los certificados de defunción.
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(Imagen: RTVE)
¿Qué es el sistema MoMo?
Para responder a esta cuestión, España dispone del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), desarrollado y gestionado por el Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III.
Su objetivo no es identificar la causa individual de cada fallecimiento, sino vigilar si el número de muertes que se producen cada día supera el que estadísticamente sería esperable para esa época del año.
Para ello, MoMo recibe diariamente la información procedente de los registros civiles informatizados de prácticamente todo el país y la compara con modelos estadísticos construidos a partir de series históricas de mortalidad. Cuando la mortalidad observada supera significativamente la esperada, el sistema detecta un exceso de mortalidad, que posteriormente puede relacionarse con distintos fenómenos, como olas de calor, epidemias de gripe, pandemias, contaminación ambiental u otros eventos extraordinarios.
En el caso del calor, MoMo incorpora además modelos que estiman la mortalidad atribuible a las altas temperaturas dentro del Plan Nacional frente a Temperaturas Extremas.
Una herramienta clave para la salud pública
El sistema MoMo alcanzó una enorme notoriedad durante la pandemia de Covid-19, cuando permitió detectar de forma muy precoz el exceso de mortalidad que estaba produciéndose incluso antes de disponer de diagnósticos confirmados.
Hoy continúa siendo una de las principales herramientas epidemiológicas para evaluar el impacto real de fenómenos ambientales extremos, como las olas de calor, ofreciendo una visión mucho más completa que la obtenida únicamente a partir de los certificados médicos de defunción.

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¿Quiénes son los más vulnerables?
Los datos muestran que la inmensa mayoría de las muertes atribuibles al calor corresponden a personas mayores de 65 años, especialmente mayores de 85 años. También presentan mayor riesgo quienes padecen enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales, diabetes o trastornos neurológicos, así como las personas institucionalizadas o que viven solas.
El envejecimiento reduce la capacidad del organismo para regular la temperatura corporal y aumenta la probabilidad de deshidratación, lo que favorece la aparición de complicaciones graves durante episodios de calor extremo.
Un reto sanitario y jurídico
Las cifras vuelven a poner sobre la mesa la necesidad de reforzar las políticas de prevención frente al cambio climático y proteger especialmente a la población vulnerable.
Desde una perspectiva jurídica, los planes de prevención frente a temperaturas extremas, las obligaciones de las administraciones públicas en materia de salud pública, la protección de los trabajadores expuestos al calor y la responsabilidad de los centros sociosanitarios adquieren una importancia creciente en un escenario en el que los episodios de calor extremo son cada vez más frecuentes e intensos.
Más allá del dato estadístico, las más de 2.000 muertes estimadas durante julio recuerdan que el calor extremo constituye ya uno de los principales riesgos ambientales para la salud en España y que su impacto solo puede comprenderse mediante sistemas de vigilancia epidemiológica como MoMo, capaces de medir aquello que no siempre aparece reflejado de forma explícita en un certificado de defunción.

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El calor extremo también genera obligaciones jurídicas
Las cifras de mortalidad estimadas por MoMo no tienen por sí solas efectos sancionadores ni permiten atribuir automáticamente responsabilidad a una Administración, una empresa o un centro asistencial. Sin embargo, sí ponen de manifiesto la existencia de un riesgo previsible que obliga a adoptar medidas preventivas.
En el ámbito laboral, las empresas deben evaluar la exposición al calor, adaptar horarios, garantizar pausas, hidratación y zonas de descanso, facilitar equipos adecuados y suspender determinadas actividades cuando el riesgo no pueda controlarse. El incumplimiento de estas obligaciones puede generar responsabilidad administrativa, civil e incluso penal si se produce un daño grave.
Las administraciones públicas, por su parte, deben activar planes de alerta, informar a la población y reforzar la protección de personas mayores, enfermos crónicos, personas sin hogar y trabajadores expuestos. En residencias, hospitales y centros sociosanitarios, la falta de climatización adecuada, hidratación, vigilancia o protocolos frente al calor puede plantear problemas de responsabilidad cuando exista una relación entre la omisión de medidas y el daño sufrido.
La relevancia jurídica de MoMo no reside, por tanto, en probar por sí mismo la causa de una muerte concreta, sino en demostrar que el calor extremo constituye un riesgo sanitario conocido, medible y previsible. Cuanto mayor sea el conocimiento institucional del riesgo, más exigente será el deber de prevención.
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