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Jurisprudencia

Un “vidente” que crea un riesgo imaginario y se aprovecha de la ignorancia de su víctima está incurriendo en un delito de estafa



El Tribunal Supremo condena a cuatro años de prisión a un vidente que estafó a dos hermanos, además le obliga a resarcir a las víctimas con 58.190 euros.

Los hermanos decidieron contratar sus servicios tras la aparición en su propiedad de un animal muerto y de otros objetos que relacionaron con prácticas de brujería.

La Sala de lo Penal rechaza el recurso de casación interpuesto por el condenado y confirma la sentencia de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife que consideró probado que el acusado, que anunciaba sus servicios en televisión, se aprovechó de la ignorancia y vulnerabilidad de sus víctimas.





La sentencia indica que la obtención del dinero se produjo al crear el acusado un riesgo imaginario que preocupó seriamente a los perjudicados por razón de sus condiciones y creencias personales, concurriendo el engaño bastante conforme a las exigencias objetivas y especialmente subjetivas que concurrieron en el hecho y en los sujetos pasivos. Añade que los dos hermanos le atribuían, debido al ardid empleado, poderes para remediar sus males, un hecho que considera absolutamente falaz.

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