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1988: Gorbachov preside el Presidium del Soviet Supremo de la URSS

La elección, que le sirvió para reforzar su poder, en realidad terminó siendo su canto del cisne

Mijail Gorbachov (Foto: Google)

Redactor de Economist & Jurist

Tiempo de lectura: 12 min



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1988: Gorbachov preside el Presidium del Soviet Supremo de la URSS

La elección, que le sirvió para reforzar su poder, en realidad terminó siendo su canto del cisne

Mijail Gorbachov (Foto: Google)



El 1 de octubre de 1988, Mijail Gorbachov fue elegido presidente del Presidium del Soviet Supremo de la URSS en sustitución de Andréi Gromiko. En ese momento, ya ocupaba el cargo de secretario general del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), lo que le convertía de facto en el personaje más poderoso del país.

La presidencia era un cargo gubernamental y técnicamente no era un nombramiento político de partido, lo que lo convertía en un puesto prácticamente ceremonial. Sin embargo, la elección de Gorbachov le otorgaba el control final sobre cada fase de la vida soviética. Además, el propio dirigente había preparado una serie de reformas que otorgarían al presidente responsabilidades más amplias, hasta el punto de que podría convertirse en un puesto con más poder que el de secretario general del PCUS.



Frustrado por la resistencia de la vieja guardia a sus intentos de liberalización, Gorbachov cambió de rumbo y se embarcó en una serie de cambios constitucionales para tratar de separar el partido y el estado, y así aislar a sus oponentes conservadores. El 1 de julio de 1988, en el marco de la XIX Conferencia PCUS, Gorbachov logró el respaldo de los delegados para su propuesta de crear un nuevo cuerpo legislativo supremo llamado Congreso de los Diputados del Pueblo de la Unión Soviética.

Andréi Gromiko presidió el Presidium del Soviet Supremo antes que Gorbachov. (Foto: Google)

Las propuestas detalladas para el nuevo Congreso de los Diputados del Pueblo de la Unión Soviética se publicaron para consulta pública el 2 de octubre de 1988, solo un día después de que fuera nombrado presidente del Presidium. Para permitir la creación de la nueva legislatura, el Sóviet Supremo, durante su período de sesiones del 29 de noviembre al 1 de diciembre de 1988, implementó las enmiendas a la Constitución soviética de 1977, promulgó una ley de reforma electoral y fijó la fecha de las elecciones para el 26 de marzo de 1989.

Gorbachov lograba así el poder absoluto en la URSS y dejaba de lado a sus enemigos. Pero, como se vio después, esto no sirvió para enderezar la marcha de un país en pleno hundimiento ni para mejorar la ya entonces tocada imagen del líder soviético.

Imagen de un congreso del PCUS. (Foto: Google)

Secretario general del PCUS

El 11 de marzo de 1985, a la edad de 54 años, Mijail Sergeyevich Gorbachov, miembro del aparato del PCUS, fue nombrado secretario general del partido por el Comité Central. Eso ocurría solo 24 horas después de la muerte de su predecesor, Konstantin Chernenko.

Cuando Gorbachov llegó al cargo recibió una herencia envenenada. El Estado se estaba desmoronando económicamente. Una de las causas más próximas de este declive económico fue el incremento de los precios del petróleo. Esta subida empujó a los planificadores soviéticos a realizar inversiones desorbitadas en infraestructuras petrolíferas con la esperanza de que los precios se mantuvieran al alza.

La economía soviética dependía en gran medida de las exportaciones de energía, que representaron el 80% de las ganancias en divisas del país desde principios de 1970 hasta mediados de los ochenta. En general, la economía se orientó en gran medida hacia la industria, la construcción y el transporte, dejando de lado la agricultura y otras industrias básicas que servían para cubrir las más inmediatas necesidades de la población.

La estructura de la economía soviética hacía que cualquier iniciativa de reforma fuera muy complicada de llevar a cabo. El problema del modelo soviético era que la toma de decisiones de producción estaba centralizada y se necesitaba mucho tiempo para adoptar cualquier decisión. Esto se agravó aún más por la rigidez de los planes quinquenales, que pusieron un énfasis adicional en las predicciones a largo plazo que, en la mayoría de los casos, resultaron inadecuadas y lejos de la realidad.

La situación económica de la URSS en la década de 1980 fue la culminación de muchos de gestión deficiente. De hecho, la economía soviética experimentó un declive a largo plazo (desde la década de 1950 hasta principios de la de 1980) en la tasa de crecimiento económico. En el momento en que Gorbachov ascendió al poder, los crecimientos anuales del PIB oscilaban alrededor del 2%, lo que se tradujo en un estancamiento real.

El gasto militar asfixiaba la economía de la URSS. (Foto: Google)

A esto se unió unos niveles de gasto militar insostenibles para el país. En esa época, el Ejército Rojo consumía entre el 20% y el 30% del PIB del país. Gorbachov permaneció algún tiempo ajeno a los problemas que ocasionaba a la economía el presupuesto militar, en buena medida por la paranoia secretista del estamento militar.

Cuando Gorbachov intentó cambiar la situación, en el marco del deshielo que se produjo en esa época entre la Unión Soviética y Estados Unidos, surgieron graves fricciones. Este problema queda bien ilustrado por la forma en que el Kremlin puso fin a la guerra en Afganistán. Aunque Gorbachov propuso la idea inicial de retirar las tropas soviéticas ya en 1985, los militares, preocupados por su reputación, impidieron la retirada hasta febrero de 1989.

Al final, resultó que la rigidez del sistema soviético, que había ayudado al mantenimiento del régimen, terminó sirviendo para introducir en las altas esferas del poder a la persona que, a la postre, iba a hacer saltar al sistema por los aires: Mijail Gorbachov. Fue el temor a la inestabilidad el que llevó a Gorbachov a ocupar primero la Secretaría General del PCUS primero y la presidencia del Presidium del Soviet Supremo después.

Tras una racha de muertes consecutivas de secretarios generales (Leonidas Brezhnev en 1982, Yuri Andropov en 1984 y Konstantin Chernenko en 1985), los miembros del Comité Central decidieron dejar de lado los criterios gerontocráticos que habían caracterizado el nombramiento del máximo dirigente del país y optaron por alguien del aparato 20 años más joven que la media de los secretarios generales hasta entonces nombrados. Las prisas con las que fue designado Gorbachov hicieron que los miembros del Comité Central pasaran por alto cualquier indicio de inclinaciones reformistas por su parte. Una vez en el poder, Gorbachov podía hacer las reformas que quisiera amparado por su enorme poder.

Miembros del Comité Central del PCUS (a la izquierda, Gorbachov). (Foto: Google)

El nuevo líder no tardó en dejar claro que su objetivo era llevar a cabo una reforma radical del sistema soviético. En mayo de 1985, dos meses después de llegar al poder, Gorbachov pronunció un discurso en San Petersburgo (entonces Leningrado), en el que criticó públicamente el ineficiente sistema económico de la Unión Soviética, convirtiéndolo en el primer líder comunista en hacerlo. A esto le siguió una intervención en febrero de 1986 ante el Congreso del Partido Comunista, en el que se refirió a la necesidad de una reestructuración política y económica, o perestroika, y pidió una nueva era de transparencia y apertura, o glasnost.

La perestroika

Perestroika (reestructuración) se refiere a una serie de reformas políticas y económicas para revitalizar la economía y la sociedad soviéticas mediante la modificación de los mecanismos económicos, políticos y sociales. Fue un esfuerzo por alejar a la Unión Soviética de la economía dirigida, aunque Gorbachov siempre dijo que su objetivo era modernizar el socialismo, no derrocarlo y así mantener al Partido Comunista en el poder, más o menos lo que ha hecho China en los últimos años.

Durante los primeros años de Gobierno de Gorbachov se adoptaron una serie de medidas que no ayudaron a la economía a mejorar, por lo que a partir de 1987 tuvo que ser más audaz y aprobar leyes que en su día, y para los estándares de la URSS, eran revolucionarias.

En mayo de 1987 fue promulgada la Ley de Cooperativas, que quizás fue la más radical de todas las aprobadas en la primera parte del mandato de Gorbachov. Por primera vez desde la época de Lenin, la ley permitió la propiedad privada de empresas en los sectores de servicios, manufactura y comercio exterior. Inicialmente, la ley impuso altos impuestos y restricciones laborales, pero luego las revisó para evitar desalentar la actividad del sector privado. En virtud de esta disposición, los restaurantes, las tiendas y los fabricantes cooperativos pasaron a formar parte de la escena soviética.

La Ley de Cooperativas permitió la propiedad privada de ciertas empresas de servicios. (Foto: Google)

En enero de 1988 entró en vigor la nueva Ley de Empresas del Estado. La norma estipulaba que las empresas estatales tenían libertad para determinar los niveles de producción en función de la demanda de los consumidores y otras empresas. Las empresas tenían que cumplir con las órdenes estatales, pero podían disponer de la producción restante como mejor les pareciera. Según la ley, debían autofinanciarse; es decir, tenían que cubrir los gastos (salarios, impuestos, suministros y servicio de la deuda) a través de los ingresos.

La perestroika también llegó al sector económico exterior. Eliminó el monopolio el Ministerio de Comercio Exterior había tenido sobre la mayoría de las operaciones comerciales, ya que permitió a otros ministerios de las distintas ramas industriales y agrícolas realizar el comercio exterior en los sectores bajo su responsabilidad sin tener que pasar por el departamento de Comercio.

Las empresas extranjeras comenzaron a asentarse en la URSS con la perestroika. (Foto: Google)

Asimismo, permitió a los extranjeros invertir en la Unión Soviética en forma de empresas conjuntas con ministerios, empresas estatales y cooperativas soviéticas. En un principio se limitaba las acciones extranjeras de una empresa soviética al 49% y se requería que los ciudadanos soviéticos ocuparan los puestos de presidente y director general. Dadas las quejas de los potenciales socios occidentales, el Gobierno revisó las regulaciones para permitir la propiedad y el control extranjeros mayoritarios. El socio soviético suministraba mano de obra, infraestructura y un mercado interno potencialmente grande. El socio extranjero aportó capital, tecnología, experiencia empresarial y, en muchos casos, productos y servicios competitivos.

La glasnost

La otra gran pata de la política de Gorbachov junto con la perestroika era la glasnost (apertura). Esta política era lo opuesto al tradicional secretismo que caracterizaba la política soviética y que, según los nuevos responsables del país, suponía una barrera para el desarrollo de la sociedad. De este modo, se fomentó la libertad de información y la participación política de grupos más amplios de ciudadanos.

La glasnost era entendida por Gorbachov como un medio que permitía a los líderes mantenerse en contacto con las opiniones y expectativas populares. La glasnost se tradujo en una relajación de la censura de los principales medios de comunicación, así como de las artes creativas. Por revolucionario que pueda parecer todo esto, hay que recordar que la glasnost en sí estaba sujeta a limitaciones considerables y que no era equiparable a los estándares de un país democrático con una verdadera libertad de expresión.

Una familia sigue un discurso de Gorbachov en televisión. (Foto: Google)

Política internacional

Para implementar con éxito sus cambios políticos, sobre todo en el ámbito económico, Gorbachov tenía muy claro que el país no podía mantener el nivel de su gasto militar, sobre todo teniendo en cuenta que por mucho que gastara nunca podría estar al nivel de Estados Unidos. Esto le llevo a acometer una política de distensión con su tradicional enemigo, Estados Unidos, y a retirar su apoyo a otros regímenes comunistas.

Gorbachov mantuvo su promesa de poner fin a la participación soviética en una guerra en Afganistán, que la URSS invadió en 1979. Después de diez años controvertidos y casi 15.000 muertes soviéticas, las tropas se retiraron por completo en 1989.

Por otra parte, se reanudó el diálogo entre los estadounidenses y los soviéticos sobre las armas nucleares, con la firma de los tres tratados: el Tratado de Washington (8 de diciembre de 1987), que preveía la destrucción de todos los misiles de alcance intermedio soviéticos y estadounidenses con base en Europa; el Tratado de París (19 de noviembre de 1990) sobre las Fuerzas Armadas Convencionales en Europa, acordado entre los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y los países del Pacto de Varsovia; y el primer Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START I), firmado en Moscú (31 de julio de 1991), que preveía la reducción mutua de armas nucleares estratégicas.

Gorbachov y Reagan firman un tratado de desarme. (Foto: Google)

Al mismo tiempo, ejerció presión sobre los vietnamitas para que se retiraran de Camboya y restableció las relaciones chino-soviéticas, retiró el apoyo soviético al régimen de Mengistu en Etiopía y a las tropas cubanas en Angola, puso fin a la ayuda económica a Cuba y retiró las tropas soviéticas de la isla, restableció las relaciones diplomáticas con Israel y condenó la invasión iraquí de Kuwait.

El fracaso de las reformas

Estas medidas internacionales y los cambios que estaba introduciendo en la URSS granjearon a Gorbachov la simpatía internacional. Sin embargo, en su país era cada vez más impopular porque la perestroika, que tantas ilusiones despertó, fue un fracaso.

Los resultados de la Ley de Empresas del Estado fueron decepcionantes. Los trabajadores exigieron fuertes aumentos salariales. A medida que el Gobierno imprimía más dinero, los productos alcanzaron precios más altos fuera de la economía oficial y se disparó la inflación. Por lo tanto, los bienes que generalmente se vendían en las tiendas estatales a precios fijos desaparecieron rápidamente cuando los especuladores los acumularon o los productores dejaron de distribuirlos.

En septiembre de 1988, muchos productos básicos no se podían encontrar ni siquiera en Moscú. Durante 1988-89, Gorbachov también emitió órdenes a los comités del partido provinciales para que dejaran de interferir en la economía, y redujo el personal de los comités estatales y los ministerios involucrados en la economía para evitar que la manipularan más.

Colas para adquirir productos básicos. (Foto: Google)

La eliminación del control central sobre las decisiones de producción, especialmente en el sector de bienes de consumo, provocó la ruptura de las relaciones tradicionales entre proveedor y productor. Así, en lugar de racionalizar el sistema, la descentralización de Gorbachov provocó nuevos cuellos de botella en la producción.

El sector de comercio exterior también mostró signos de deterioro. La deuda total en moneda fuerte aumentó apreciablemente y la Unión Soviética, que había establecido un récord impecable de pago de la deuda en décadas anteriores, había acumulado considerables atrasos en 1990.

La economía se desplomó hasta llegar a caer un 17%, mientras que la inflación llegó al 140%, convirtiéndose en un grave problema añadido. En estas condiciones, la calidad de vida de la ciudadanía de la Unión Soviética se deterioró. El ciudadano soviético estaba acostumbrado a la escasez de bienes duraderos, pero la política económica de Gorbachov provocó el desabastecimiento de alimentos, ropa y otras necesidades básicas.

El nuevo sistema de Gorbachov no era ni una economía planificada ni de mercado. (Foto: Google)

A la postre, el gran problema fue que el nuevo sistema de Gorbachov no era ni una economía planificada ni de mercado. Se convirtió en un híbrido que desarrolló lo peor de los dos sistemas sin que las autoridades soviéticas tuvieran muy claro qué hacer.

En este contexto, la glasnost impulsada por Gorbachov, que supuso un acceso mayor de los soviéticos a la información, permitió que salieran a la luz como nunca lo habían hecho todos los problemas pasados y presentes del sistema. Esto hizo que la insatisfacción pública con las condiciones económicas fuera mucho más evidente que nunca en el período soviético.

Además de la crítica generalizada a las deficiencias de la agenda reformista, la glasnost también alentó una revisión desinhibida del pasado soviético. Esto llevó a un resurgimiento del nacionalismo entre algunos de los pueblos que se había visto subyugados por la URSS, sobre todo Asia Central y el Cáucaso. Este neo-nacionalismo caucásico terminó traduciéndose en violencia entre, por ejemplo, los kazajos y las fuerzas policiales en Alma-Ata en 1986 o la situación de casi guerra abierta en Kazajstán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Algunos de estos conflictos se mantienen en la actualidad.

Imagen de Tayikistán, una de las ex repúblicas soviéticas. (Foto: Google)

El hundimiento de la economía y el desplome de las condiciones de vida del pueblo fueron consecuencia directa de las políticas articuladas por el equipo de Gorbachov. No se crearon instituciones liberales ni marcos legales necesarios para hacer funcionar una democracia de mercado. Sin embargo, no hay que perder de vista que los esfuerzos del líder soviético por introducir la democracia y las reformas del libre mercado fueron frustrados por los jefes y partidarios del Partido Comunista que no querían renunciar a sus privilegios.

Última bala en la recámara

Como se ha comentado, poco antes de su nombramiento como presidente del Presidium del Soviet Supremo, Gorbachov había preparado una serie de cambios legislativos y en la Constitución que terminarían restando poder al Partido Comunista y darían más relevancia al Parlamento y al presidente del país. Esta nueva medida aperturista y democratizadora era la última bala que le quedaba en la recámara al líder soviético para intentar reconducir la situación, pero la medida se mostró tardía.

En la reunión de PCUS en la que se aprobaron los cambios legislativos, que permitían la convocatoria de las primeras elecciones verdaderamente democráticas desde la Revolución Rusa de 1917, muchos partidarios de la línea dura apoyaron este cambio. Creyeron que la fecha para estas elecciones sería lo suficientemente lejana en el futuro como para poder controlar el proceso. En cambio, Gorbachov anunció que se llevarían a cabo solo unos meses después.

El físico y activista premio Nobel Andrei Sajarov. (Foto: Google)

La campaña electoral para el nuevo Congreso de los Diputados del Pueblo fue muy convulsa. Mientras que algunos miembros del Partido Comunista se reservaron muchos de los escaños para sí mismos, otros miembros de la línea dura bajaron para derrotar en las urnas a los reformadores liberales. Los ex disidentes y presos, incluido el físico y activista premio Nobel Andrei Sajarov, fueron elegidos diputados.

Cuando el nuevo Congreso se reunió para su primera sesión en mayo de 1989, los periódicos y las emisoras de radio y televisión, recientemente habilitadas por el levantamiento de las restricciones de prensa bajo la glasnost, dedicaron varias horas de emisión a las reuniones del Parlamento, que mostraban a las claras el conflicto abierto entre conservadores y liberales. De repente, el pueblo soviético había descubierto lo que era un Parlamento de verdad

El 14 de marzo de 1990 se celebraron las primeras elecciones presidenciales del país. Mijaíl Gorbachov ganó y se convirtió en el único presidente de la URSS, ya que el cargo se introdujo por iniciativa del Congreso de los Diputados del Pueblo de la Unión Soviética en 1990, y la Unión misma se desintegró el año siguiente.

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