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2001: Estados Unidos sufre el peor atentado terrorista de la historia

Miembros de Al Qaeda secuestraron cuatro aviones el 11 de septiembre y lograron estrellar dos en el World Trade Center de Nueva York y otro en el Pentágono

Las Torres Gemelas después del impacto de los aviones (Foto: CNN)

Redactor de Economist & Jurist

Tiempo de lectura: 11 min



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2001: Estados Unidos sufre el peor atentado terrorista de la historia

Miembros de Al Qaeda secuestraron cuatro aviones el 11 de septiembre y lograron estrellar dos en el World Trade Center de Nueva York y otro en el Pentágono

Las Torres Gemelas después del impacto de los aviones (Foto: CNN)



El 11 de septiembre de 2001 se cometió el peor atentado de la historia. Un total de 19 miembros del grupo terrorista Al Qaeda secuestraron cuatro aviones que viajaban desde el noreste de Estados Unidos a Los Ángeles y San Francisco. Su objetivo era estrellarlos en edificios importantes del país con el objeto de destruirlos y causar el mayor número de bajas.

Tres de los cuatro aviones cumplieron su misión. Dos de ellos fueron estrellados contra las conocidas como torres gemelas del World Trade Center de Nueva York, provocando la destrucción total de los dos edificios y un tercero impactó contra el Pentágono, la sede del Ejército estadounidense, situada en el condado de Arlinton, Virginia. El cuarto vuelo, que se cree tenía como objetivo la Casa Blanca o el Capitolio, no alcanzó su destino porque el pasaje se reveló contra los secuestradores y el avión se terminó estrellando cerca de Shanksville, Pensilvania.



Tal como se ha sabido después, el éxito alcanzado por el grupo terrorista en su ataque a Estados Unidos fue un poco una mezcla de suerte y de falta de previsión y problemas de comunicación entre agencias de inteligencia estadounidenses. El atentado tuvo antecedentes directos inspirados, cuando no preparados por el grupo terrorista Al Qaeda y su líder, el millonario saudí Osama Bin Laden.

Antecedentes del ataque

El principal inspirador de este atentado y de otros que se produjeron antes fue Osama Bin Landen. Nacido en Riad (Arabia Saudí), Bin Laden fue el decimoséptimo hijo de uno de los empresarios de la construcción más ricos de ese país. Criado bajo las enseñanzas del wahabismo, una corriente musulmana conocida por su rigor en la aplicación de la Sharia y por un constante deseo de expansión por el mundo, Bin Laden terminó dejando de lado su vida de niño rico árabe para pasar a la acción en defensa del Islam. Para ello, se unió a una organización de la que terminó siendo su líder: Al Qaeda.

Osama Bin Laden. (Foto: Euronews)

El origen de Al Qaeda se remonta a 1978, después de que la Unión Soviética invadiera Afganistán. Osama Bin Laden viajó al país de Asia central como voluntario, viendo la guerra como una causa sagrada para ayudar a sus compañeros musulmanes a derrotar a los invasores comunistas. Organizó, y financió, a sus compañeros muyahidines árabes, conocidos como los «árabes afganos» para combatir a los soviéticos hasta que fueron expulsados de Afganistán en 1988. En 1996, Bin Laden emitió su primera fatwa, llamando a los soldados estadounidenses a abandonar Arabia Saudita.

Existe evidencia de que el 23 de febrero de 1998 Bin Laden organizó una cumbre de grupos integristas, calificada por comentaristas occidentales de verdadera «internacional terrorista», en su base de Jost (Afganistán) a la que asistieron los grupos terroristas islámicos más importantes. En este encuentro se emitió un llamamiento para «matar a norteamericanos y sus aliados, civiles y militares», como «deber individual de todo musulmán» (fardayn), hasta conseguir la «liberación» de los Santos Lugares.

La internacional terrorista de Bin Laden demostró desde el primer momento que no iba de farol en lo que a sus amenazas a Estados Unidos se refería. El ataque del 11-S, con ser el pero sufrido por el país, no fue el único perpetrado por Al Qaeda contra intereses estadounidenses. En 1993 ya hubo un intento de derribar las Torres Gemelas con un camión cargado de explosivos en el sótano. Aparte de importantes daños materiales murieron seis personas.

El 7 de agosto de 1998, en el aniversario de la llegada de las primeras tropas estadounidenses a Arabia Saudí en 1990, se produjo un atentado contra las embajadas de Estados Unidos en Nairobi y Dar es Salam, capitales de Kenya y Tanzania respectivamente, que provocaron un total de 224 muertos, 12 de ellos de nacionalidad estadounidense, y más de 4.000 heridos.

Embajada de Estados Unidos en Nairobi después del atentado. (Foto: La Razón)

En octubre de 2000 el destructor USS Cole de la Armada estadounidense fue atacado en Yemen. Los terroristas no hundieron el barco, pero provocaron 17 muertos.

La Administración de Clinton tomó enseguida conciencia del peligro de Bin Laden, y se marcó como objetivo eliminarlo. El 20 de agosto de 1998 buques de guerra en el océano Índico lanzaron misiles de crucero contra presuntos objetivos terroristas cerca de Jartum (Sudán) y de Jost, donde se sospechaba que estaba entonces Bin Laden, provocando una treintena de muertos. Clinton precisó que los bombardeos de la Operación Infinite Reach no constituían «un acto de represalia», sino «un contraataque en defensa propia», pero el castigo resultó poco convincente: las autoridades sudanesas informaron que la destruida planta química de ash-Shifa producía fármacos para uso civil y no componentes para armas químicas, extremo que fue confirmado por la ONU, que había subcontratado la fábrica para producir medicinas destinadas a Irak.

Los destrozos que hubieran podido sufrir sus campos de entrenamiento de Zhawar Kili al-Badr en el área de Jost no dañaron la estructura de Al Qaeda, y desde luego no arredró a su fanático jefe, que sumó fama y apoyos entre los sectores fundamentalistas sunníes con estas acciones.

Indicios que no se tuvieron en cuenta

Las investigaciones posteriores al ataque del 11-S demostraron que los servicios de inteligencia de Estados Unidos tenían muchos indicios de que podía producirse un atentado en el país, pero la falta de coordinación entre agencias provocó que la información que tenía cada una de ellas no fuera compartida. Lo que hubiera ocurrido en el caso de que esa coordinación se hubiera producido es aún hoy motivo de especulación.

Entre 1999 y 2001 la CIA recibió información de movimientos de peligrosos miembros de Al Qaeda por varios países. Incluso, tras registrar una habitación de hotel en Dubai, se hicieron con el pasaporte de uno de ellos en el que había un visado para entrar en Estados Unidos. Aunque la agencia de espionaje estadounidense puso una alerta internacional, no avisó en ningún momento al FBI. Este patrón se repitió con otras pistas logradas por la CIA.

Richard Clarke, responsable de la Oficina Antiterrorista de EE.UU. el 11-S. (Foto: Democracy Now)

A finales de junio de 2000, Richard Clarke, responsable de la Oficina Antiterrorista de EE.UU. y el director de la CIA, George Tenet estaban “convencidos de que una serie importante de ataques estaba a punto de producirse”, aunque la CIA creía que los ataques probablemente ocurrirían en Arabia Saudita o Israel. Sin embargo, había muchas señales que apuntaban a que el ataque iba a producirse en Estados Unidos.

La CIA tenía constancia de que un destacado miembro de Al Qaeda había llegado a Estados Unidos, pero cuando uno de sus agentes pidió permiso para informar al FBI no obtuvo respuesta de sus jefes. Paralelamente, Margarette Gillespie, analista del FBI que trabajaba en el Centro de Contra Terrorismo recibió la orden de revisar el material sobre una cumbre terrorista que se había desarrollado en Malasia, pero no se le informó de la presencia de uno de sus participantes en Estados Unidos.

Otro agente del FBI con sede en Phoenix (Arizona) emitió en julio de 2001 un aviso a la sede de la agencia alertando sobre “la posibilidad de un esfuerzo coordinado de Osama Bin Laden para enviar estudiantes a los Estados Unidos para asistir a universidades y escuelas de aviación civil”. Ese mismo mes, Jordania alertó a Estados Unidos de que Al Qaeda estaba planeando un ataque contra los Estados Unidos.

El 6 de agosto de 2001, el Presidential Daily Brief de la CIA, designado “Solo para el presidente”, se tituló Bin Laden está decidido a atacar en los Estados Unidos. El memorando señaló que la información del FBI “indica patrones de actividad sospechosa en este país consistentes con los preparativos para secuestros u otros tipos de ataques”.

Sede del FBI. (Foto: Epoch Time)

Richard Clarke escribió más tarde: “En algún lugar de la CIA había información de que dos conocidos terroristas de Al Qaeda habían entrado en los Estados Unidos. En algún sitio del FBI había información de que cosas extrañas habían estado sucediendo en las escuelas de vuelo en los Estados Unidos … Tenían información específica sobre terroristas individuales de la que se podría haber deducido lo que estaba a punto de suceder. Nada de esa información me llegó a mí o a la Casa Blanca”.

La idea del atentado

La idea de ataques suicidas con aviones fue contemplada por primera vez por Bin Laden en 1996, después de que fracasara un proyecto similar en Filipinas un año antes. Finalmente puso en marcha su plan en 1999. Para cometer los atentados captó a un grupo de jóvenes musulmanes radicalizados que vivían en Hamburgo (Alemania), y a los que se apodó posteriormente como la célula de Hamburgo. Osama Bin Laden financió su entrenamiento a fin de convencerlos de realizar ataques suicidas con aviones para chocarlos contra edificios emblemáticos de EE. UU.

Se eligieron cinco objetivos: las dos Torres Gemelas, el Pentágono, el Capitolio y la Casa Blanca. Sin embargo, el quinto avión nunca fue secuestrado porque el piloto suicida que lo iba a dirigir (Zacarias Moussaoui) fue detenido por el FBI el 16 de agosto de 2001 por estar en el país en situación irregular.

Momento en el que el vuelo 175 de United Airlines se estrella contra la torre sur. (Foto: La Cartera)

Y llegó el día del ataque

El 11 de septiembre se concretó el ataque que con tanto cuidado había preparado Bin Laden. En poco más de 40 minutos despegaron los cuatro aviones que fueron secuestrados. Hay que decir que las cuatro aeronaves tenían que hacer vuelos largos, por lo que llevaban los tanques de combustible a tope. Esto aseguraba su poder de destrucción cuando chocaran.

A las 08:00 horas el vuelo 11 de American Airlines, un Boeing 767 con 92 personas a bordo, despega del Aeropuerto Internacional Logan de Boston hacia Los Ángeles.

Un cuarto de hora más tarde sale del mismo aeropuerto el vuelo 175 de United Airlines, un Boeing 767 con 65 personas a bordo, también hacia Los Ángeles.

A las 08:21, el vuelo 77 de American Airlines, un Boeing 757 con 64 personas a bordo, despega del Aeropuerto Internacional Dulles de Washington D.C. hacia Los Ángeles.

El último avión secuestrado es el vuelo 93 de United Airlines, un Boeing 757 con 44 personas a bordo que despega a las 08:41 del Aeropuerto Internacional de Newark de Nueva Jersey hacia San Francisco.

A las 08: 46 el vuelo 11 de American Airlines impacta contra la torre norte del World Trade Center. En un principio, las principales cadenas de televisión del país, que habían cortado su emisión para dar cuenta del choque, hablan de accidente, pero cuando a las 09:03 el vuelo 175 de United Airlines se estrella contra la torre sur, ya no hay duda de que el país está siendo atacado.

Andrew Card, jefe de gabinete de George Bush, informa a éste de los ataques. (Foto: Reuters)

Dos minutos después de este segundo choque, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, que se encontraba en una escuela primaria de Florida, es informado de los ataques. El momento en el que su jefe de gabinete, Andrew Card, susurra la noticia al oído del presidente, ha quedado para la historia. Bush escribió más tarde sobre su respuesta: “Tomé la decisión de no saltar de inmediato y salir del salón de clases. No quería asustar a los niños. Quería proyectar una sensación de calma… Había estado en suficientes crisis para saber que lo primero que tiene que hacer el líder es proyectar calma”. El ataque, sin embargo, no había terminado.

A las 09:37 horas, el vuelo 77 de American Airlines es lanzado contra el Pentágono. El vuelo 93 de United Airlines resultó el último en ser secuestrado. Para cuando los terroristas se hicieron con el control de la aeronave, algunos pasajeros ya habían recibido comunicaciones de familiares en las que les contaban lo que estaba pasando. Dado que se imaginaron que su avión terminaría siendo estrellado contra otro edificio, intentaron reducir a los terroristas. No lo consiguieron, pero evitaron que los secuestradores cumplieran su misión. El avión se estrelló en Pensilvania.

Los ataques conmocionaron al país que, sin embargo, no había visto lo peor. Transmitido en directo a todo el mundo, a las 09:59 horas, la torre sur del World Trade Center se derrumba y a las 10:28, ocurre lo mismo con la torre norte. La caída de estas dos moles de 110 pisos, que se deshicieron como si fueran bloques de helado en un horno, se ha convertido en una de las imágenes más impactantes de toda la historia.

Momento en que se derrumba la torre sur. (Foto: La Vanguardia)

Aparte de las dos torres gemelas, cinco edificios del World Trade Center resultaron destruidos o seriamente dañados, entre ellos el WTC 7 y el hotel Marriott, además de cuatro estaciones del metro de Nueva York y la iglesia cristiana ortodoxa de San Nicolás. En total, 32 edificios sufrieron daños en Manhattan.

El balance de muertos fue escalofriante. El ataque se cobró 2.996 vidas, incluyendo 265 muertos en los cuatro aviones estrellados. La peor parte se la llevo Nueva York con 2.606 muertos, tanto dentro de las Torres Gemelas como en la base de las mismas. Entre las víctimas se contaban 343 bomberos del departamento de bomberos de Nueva York, 23 policías del departamento de policía de la ciudad y 37 policías de la autoridad portuaria de Nueva York y Nueva Jersey. En el Pentágono murieron 125 personas.

La investigación

En tan silo 72 horas, el FBI logró identificar a los 19 secuestradores de los aviones. Pocos habían tratado de ocultar sus nombres o tarjetas de crédito, y eran casi los únicos pasajeros de origen árabe en los vuelos. Así, el FBI pudo determinar sus nombres y en muchos casos detalles, como la fecha de nacimiento, las residencias conocidas o posibles, el estado del visado.

En la mayor operación realizada por el FBI en su historia (participaron 7.000 agentes) lograron determinar que Al Qaeda y Osama Bin Laden fueron los responsables de los atentados. A idéntica conclusión llegaron los estudios encargados por el Gobierno británico. Su declaración de una guerra santa contra Estados Unidos, y la fatwa firmada en Afganistán en 1998 por Bin Laden y otros terroristas llamando a matar a civiles estadounidenses, fueron consideradas por muchos como evidencia de su motivación para cometer estos actos.

Barack Obama sigue en directo con su equipo la operación en la que muere Bin Laden. (Foto: Casa Blanca)

Curiosamente, Bin Laden negó el 16 de septiembre que hubiera organizado los atentados. Sin embargo, en noviembre de 2001, un mes después de que el Ejército estadounidense hubiera iniciado la invasión de Afganistán para capturarlo (“vivo o muerto”, como reclamó el presidente Bush) las fuerzas de Estados Unidos encontraron una cinta de video casera en una casa destruida en Jalalabad en la que afirmaba haber planeado los ataques. El propio Bin Laden terminaría reconociendo directamente la autoría de los mismos en 2014.

Estados Unidos nunca acusó formalmente a Bin Laden por los ataques del 11 de septiembre, pero estuvo en la lista de los más buscados del FBI por los atentados con bomba contra las embajadas de Estados Unidos en Dar es Salaam, y Nairobi. Después de una persecución de diez años, el presidente estadounidense Barack Obama anunció que Bin Laden fue eliminado por las fuerzas especiales estadounidenses en una casa en Abbottabad, Pakistán, el 1 de mayo de 2011.

Tras los ataques, Estados Unidos acometió la mayor modificación de la estructura de la Administración en décadas con la creación del Departamento de Seguridad Nacional. Asimismo, se aprobó la Ley Patriótica (USA Patriot Act), que suspendía y limitaba algunas libertades y derechos constitucionales con el fin de aumentar la seguridad interna de los Estados Unidos y se reforzaron las medidas de seguridad en los aeropuertos.

En el plano exterior, el Ejército estadounidense comenzó una operación de captura de Bin Laden en octubre de 2001 que se ha terminado convirtiendo en la guerra más larga en la que ha participado el país. Al final de la misma, los talibanes vuelven a tener el control de Afganistán y nadie asegura que no vuelva a surgir un nuevo Osama Bin Laden que ponga de nuevo en jaque al país.

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