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Artículos jurídicos

Cómo no se debe legislar o la construcción gramatical del artículo 301 del Código Penal



El artículo 301 del Código penal es uno de los ejemplos paradigmáticos de cómo no se debe legislar. Y menos aún, en asuntos delicados. Quienes cultivan la sintaxis sostienen que una frase no debe contener más de un número determinado de palabras, las necesarias. También que debe respetarse, en la medida de lo posible, el esquema “sujeto, verbo y predicado”. Las oraciones subordinadas que literariamente pueden ser muy elegantes deben emplearse sólo cuando es preciso.

La disposición que me permito criticar comienza con una frase que contiene nada menos que ochenta y cinco palabras. Pero peor aún, contiene ocho comas, una de las cuales es paladinamente incorrecta al ser antecedente de una conjunción disyuntiva y otra, también colocada en análoga posición, ha dado origen a interpretaciones distintas entre la doctrina y la jurisprudencia. Ya puesto, el legislador introdujo al menos dos más que podría haberse ahorrado.

La coma, como es bien sabido, es un signo ortográfico que sirve en el idioma castellano para separar textos, enumeraciones o sucesiones dentro de una oración y es incompatible con las conjunciones, salvo que se trate de una serie de datos separados por un punto y coma o cuando lo que se escribe a continuación no pertenece a la serie. Es facultativa cuando la conjunción “y” es sinónima de “pero”. Hay otros casos en que correctamente debe utilizarse pero, a estos efectos, me interesa destacar sólo aquellos en que puede ir precedida de una conjunción sea disyuntiva o copulativa. En las locuciones adverbiales, por ejemplo, en las expresiones elípticas y, especialmente, en aquellas subjuntivas.





Si recordamos el texto del artículo, “El que adquiera, posea, utilice, convierta, o transmita bienes, sabiendo que éstos tienen su origen en una actividad delictiva, cometida por él o por cualquiera tercera persona, o realice cualquier otro acto para ocultar o encubrir su origen ilícito, o para ayudar a la persona que haya participado en la infracción o infracciones a eludir las consecuencias legales de sus actos, será castigado con la pena de prisión de seis meses a seis años y multa del tanto al triplo del valor de los bienes.” observamos que la coma que precede a “o transmita bienes” es absolutamente superflua. La acción de trasmitir bienes es otra más de las que configuran el tipo, todas referidas a bienes.





Las dos siguientes frases del artículo son subordinadas. La primera: “sabiendo que éstos tienen su origen en una actividad delictiva” configura el necesario elemento del dolo para el que realiza la acción tipificada y se extiende a cualquiera de sus modalidades. Viene, como es lógico precedida por una coma y otra se coloca al final. La segunda frase, de gran trascendencia porque penaliza nada menos que el denominado autoblanqueo: “cometida por él o por cualquiera tercera persona” también es subordinada  y también viene encerrada entre comas.

La coma que cierra la frase antecede a la conjunción disyuntiva “o” y es portada de la tipificación de la realización “cualquier otro acto para ocultar o encubrir su origen ilícito”. Si esta frase con su correspondiente verbo se hubiese colocado como habría sido esperable a continuación de “bienes”, cualquier duda que provocase su lectura habría quedado perfectamente disipada. Así rezaría el núcleo del tipo penal: “El que adquiera, posea, utilice, convierta, o transmita bienes (se elimina la coma) o realice cualquier otro acto para ocultar o encubrir su origen ilícito sabiendo que (se elimina el “éstos” por superfluo)  tienen su origen en una actividad delictiva…”

Idealmente, después de un punto seguido, se agregaría, porque la trascendencia de la novedad así lo justifica: “La actividad delictiva puede ser realizada por el sujeto o por un tercero”. Porque las actividades se realizan más que se “cometen”. La utilización del verbo se explica por la historia del precepto que exigía antes de la reforma de 2010 que el antecedente fuese un delito –que sí se comete, desafortunadamente, y no una mera actividad delictiva. La expresión “cualquiera”, utilizada en la norma como adjetivo indefinido también es inútil aunque se explica quizá para enfatizar que no es preciso ningún vínculo entre el autor y el tercero

Entrando de lleno en la coautoría, quizá innecesariamente podría haberse dicho después de las penas “En idéntica pena incurrirá el que ayude a la persona que haya participado en la infracción o infracciones a eludir las consecuencias legales de sus actos.”

Todo esto no es pura semántica. La redacción de la norma ha hecho pensar a parte de la doctrina que el tipo contenido en el artículo 301 contiene al menos dos acciones distintas. Una, la pura y simple consistente en adquirir, poseer convertir o trasmitir bienes cuyo origen provenga de una actividad delictiva, sin otro requisito que el general que configura el dolo: el conocer el tal origen (lo que da para otra reflexión al penalizarse el blanqueo en su modalidad culposa).

La otra acción sería la de realizar cualquier otro acto para ocultar el origen ilícito de esos bienes.

Así, la relación de las primeras acciones no exigiría ese propósito de ocultamiento que sólo sería predicable en la modalidad del otro acto distinto a la adquisición, posesión, utilización, conversión o trasmisión. El “otro acto”, pues, no sería una fórmula de cierre sino un tipo penal diferente que exige cierta imaginación para su realización al ser bastante extensa la descripción de las conductas punibles.

Esta dicotomía tiene una explicación. Se encuadra dentro de la vorágine de la tipificación del delito de blanqueo de capitales, del tráfico de drogas, al delito grave, del delito grave a cualquier delito, de cualquier delito –hoy inclusivo de las antiguas faltas- a la actividad delictiva. De la mera recepción, adquisición o aprovechamiento (concepto que dio origen a encendidas polémicas sobre la necesidad de incorporación al patrimonio o no de los bienes)  del remoto artículo 546bis del Código penal en 1988, de los efectos o ganancias de entonces, a los bienes, concepto bastante más amplio, En 1992 se produjo la primera reforma. La acción pasó a ser la conversión o trasmisión ya de bienes “a sabiendas de (sic) que los mismos (sic) proceden de alguno o algunos de los delitos (graves)”. En 1995, el nuevo Código penal castigaba el delito a “El que adquiera, convierta o transmita bienes, sabiendo que éstos tienen su origen en un delito grave, o realice cualquier otro acto para ocultar o encubrir su origen ilícito, o para ayudar a la persona que haya participado en la infracción o infracciones a eludir las consecuencias legales de sus actos…” la redacción fue alterada en dos oportunidades al menos, en 2003 y en 2010 aunque también se produjo una modificación en 2015 que le afectó. En el texto original, el delito antecedente debía ser grave. En 2003, bastaba cualquier delito y en 2010, se sustituyó el antecedente que era delito a la mera actividad delictiva, solamente para refrendar o que ya se venía aceptando en el sentido de la falta de necesidad de la condena previa. En la reforma del 2010 se incluyeron las modalidades de posesión y utilización.

Esta última inclusión fue objeto de críticas por el Consejo General del Poder Judicial. En su informe al Anteproyecto de Ley Orgánica de reforma del Código penal, sostiene que sancionar a quien simplemente posee o utiliza los bienes conociendo su origen delictivo, no corresponde a las propias conductas de blanqueo ni constituyen “necesariamente un acto de disimulo del origen de los bienes” ni “comportan, ni siquiera, un cambio de titularidad real o aparente, como podría suceder en la modalidad de adquisición”.

En 2015 se modificó nuevamente el Código penal transformando las antiguas falta en delitos leves lo que despejó la polémica de si las aquellas podían ser antecedente del blanqueo.

La consideración de que en el artículo 301 coexistían dos delitos diferentes fue la posición adoptada por el Tribunal Supremo en sus sentencias de 18 de diciembre de 2001 en la que se afirma la “variedad de conductas integradoras del tipo objetivo del delito” distinguiéndose tres “1. Adquirir, convertir o transmitir (no estaba penada la posesión o utilización al tiempo de la comisión del delito) bienes sabiendo que provienen de la realización de un delito grave. 2. Realizar actos que procuren ocultar o encubrir ese origen y 3 Ayudar a quien ha realizado la infracción o delito base  a eludir las consecuencias de sus actos.” Esta posición se mantuvo en otras sentencias de la Sala Segunda la del 9 de octubre de 2004, del 2 de diciembre del mismo año, de 14 de septiembre de 2005, de 13 y de 26 de diciembre del mismo año, de 13 de enero de 2006, de 2 de marzo, 10 de mayo, 19 de octubre de 2006, 4 de junio de 2007, 26 de enero, 26 de febrero y 10 de marzo de 2011. La Sentencia de 22 de marzo de 2013 –si bien no menciona las conductas de posesión y utilización- es paradigmática de esta posición jurisprudencial.

Ya en su Sentencia de 20 de octubre de 2010 había declarado que el artículo 301.1 exigía los siguientes elementos como necesarios: “a) la existencia de bienes que tenga su origen en un delito; b) un acto, cualquiera que sea y, concretamente los de adquisición, conversión o transmisión de dicho bien; c) que ese acto tenga una finalidad que se tipifica bajo dos modalidades: ocultar o encubrir ese origen ilícito, o que el partícipe en el origen ilícito eluda las consecuencias legales de su acto” Añadiendo más adelante que  “es claro que la finalidad ha de estar presente en todo acto de blanqueo. Incluyendo la adquisición, conversión o transmisión” y que la “nueva adquisición o posesión de bienes procedentes de actividades ilícitas no constituye el tipo del artículo 301.1, si no va acompañada de la finalidad que el precepto penal…”

Esta nueva doctrina se mantuvo en las sentencias de 11 de diciembre de 2011, 8 de marzo de 2014, 7 de febrero de 2014 y 29 de abril y 23 de julio de 2015.

La Sentencia, Sala Segunda, Ponente señor Conde-Pumpido Turón, de 29 de abril de 2015, es particularmente explícita. Reconoce que ha venido a realizar una interpretación del tipo  previsto en el artículo 301 del Código penal que la propia resolución califica de “más restrictiva” ya que una interpretación ad pedem litterae de la disposición que sanciona el delito de blanqueo de capitales llevaba a absurdos difíciles de asumir. La punición del autoblanqueo, que preveía la misma norma, producía el riesgo cierto del bis in idem al castigarse al que cometía la actividad delictiva no sólo por este hecho sino también por blanqueo. Con el añadido que, al no tener necesariamente la primera, carácter de delito grave, la pena que podía imponerse por el blanqueo era superior. Así, el que hurtaba una bicicleta podría ser penado por el hurto -que igual podría haber sido una mera falta antes de la reforma- y además, si huía en ella, por blanqueo en su modalidad de utilización.  Al castigarse la mera posesión y la utilización de bienes de procedencia delictiva, sabiendo, claro está, la ilicitud de su origen, permitía condenar al que, de visita en casa de un conocido narcotraficante, veía un programa en su televisión o, como ejemplifica la sentencia, al que se bañaba en su piscina. No hay duda que el delito de blanqueo ha experimentado en los últimos años lo que se ha llegado a calificar de expansión, pero no puede pensarse que el legislador se propusiese tipificar esas conductas. La sentencia declara que el artículo 301 no consagra diversos tipos sino diversas modalidades de comisión pero todas con la misma finalidad: el ocultar o encubrir el origen ilícito de los bienes de procedencia delictiva. No se trata, pues, de sancionar, por un lado,  al que adquiera, posea, utilice, convierta, o transmita bienes, sabiendo que tienen un origen espurio, cualquiera que sea la razón que le anima y por otro  al que realiza cualquier otro acto para ocultar ese origen. Todas las acciones previstas en el tipo deben tener idéntico fin. Las comas, antes de las conjunciones disyuntivas deben ser consideradas como lo que son: un simple error gramatical.

Demás está decir que el Tribunal Supremo viene a clarificar, sin decirlo, la duda que podía plantearse sobre la percepción -adquisición o trasmisión de bienes- de honorarios profesionales a un Abogado que un delincuente sin otros ingresos conocidos que o fueran el producto de un delito abonaba a su defensor. Si no hay propósito de ocultación, no puede haber blanqueo.

Recientemente, otra sentencia, de 19 de junio de 2020, Sala Segunda, Ponente señor del Moral García contiene lúcidas e interesantes afirmaciones. Después de calificar acertadamente el crecimiento de los territorios y espacios ocupados por este “joven” delito frente al “viejo” delito de receptación de “brutal” y su evolución como “arrolladora” contiene unos párrafos que es mejor transcribir porque mejor no se pueden decir las cosas: “La inclusión en la redacción típica de dos incisos (“sabiendo que éstos tienen su origen en una actividad delictiva”, “cometida por él o por cualquier tercera persona”), conduce a algunos intérpretes de la norma a estimar, erróneamente, que la finalidad esencial del blanqueo ( ocultar o encubrir el origen ilícito del dinero) solo se predica de ” cualquier otro acto”, y no de todas las conductas descritas en el tipo. Desde esta posición se afirma que el mero hecho de poseer o utilizar bienes procedentes de una actividad delictiva, conociendo su procedencia, integra el delito de blanqueo, y se sostiene que el castigo del autoblanqueo constituye una vulneración del principio non bis in idem.

Pero esta posición no puede considerarse acertada. Para comprender mejor la conducta típica conviene prescindir transitoriamente de estos dos incisos, y precisar las acciones que configuran el tipo como: el que adquiera, posea, utilice, convierta, transmita o realice cualquier otro acto para ocultar o encubrir el origen ilícito de bienes procedentes de una actividad delictiva….

La esencia del tipo es, por tanto, la expresión “con la finalidad de ocultar o encubrir el origen ilícito”. Finalidad u objeto de la conducta que debe encontrarse presente en todos los comportamientos descritos por el tipo.

No nos encontramos, en consecuencia, ante dos grupos de conductas distintas; las de mera adquisición, posesión, utilización conversión o transmisión de bienes procedentes de una actividad delictiva, conociendo su procedencia; y las de realización de cualquier otro acto sobre dichos bienes con el objeto de ocultar o encubrir su origen ilícito, lo que conduciría a una interpretación excesivamente amplia de la conducta típica, y a la imposibilidad de eludir la vulneración del principio ” non bis in idem” en los supuestos de autoblanqueo. Por el contrario el art 301 CP solo tipifica una modalidad de conducta que consiste en realizar actos encaminados en todo caso a ocultar o encubrir bienes de procedencia delictiva, o a ayudar al autor de esta actividad a eludir la sanción correspondiente. Con esta interpretación, más restrictiva, evitamos excesos, como los de sancionar por autoblanqueo al responsable de la actividad delictiva antecedente, por el mero hecho de adquirir los bienes que son consecuencia necesaria e inmediata de la realización de su delito. O la de considerar blanqueo la mera utilización del dinero correspondiente a la cuota impagada en un delito fiscal, para gastos ordinarios, sin que concurra finalidad alguna de ocultación ni se pretenda obtener un título jurídico aparentemente legal sobre bienes procedentes de una actividad delictiva previa, que es lo que constituye la esencia del comportamiento que se sanciona a través del delito de blanqueo.”

Confiemos en que esta línea jurisprudencial sea la que impere sin dudas en el futuro. Así evitaremos, como afirmaba la Sentencia, los posibles excesos en la punición refiriéndose a situaciones cuya ejemplificación no me es ajena: “Y en ningún caso podrá considerarse autoblanqueo, por ejemplo, la posesión de un cuadro o una joya por el mismo que los ha robado o la utilización de un vehículo de motor por el mismo que lo ha sustraído. Ni comete un delito de blanqueo el joven que utiliza la piscina de un amigo, por ejemplo, aunque conozca que sus padres la han construido con ganancias delictivas, porque este tipo de conductas no incluyen intención o finalidad alguna de ocultar o encubrir el origen ilícito de los bienes o de ayudar a eludir las consecuencias legales de los delitos cometidos y, en consecuencia, no están abarcadas por la funcionalidad del tipo delictivo de blanqueo de capitales al que no puede otorgarse un ámbito de aplicación desmedido.”

Sobre el autor: Nielson Sánchez Stewart es Abogado, Doctor en Derecho y Consejero del Consejo General de la Abogacía Española.
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