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Consejos para abogados altamente efectivos: no permitas faltas de respeto de tu cliente, pues las siguientes serán aún peores

"Aceptar un caso de un ciudadano del que intuimos que va a darnos un disgusto en un futuro es arriesgarnos a tener que rechazar su asunto más adelante"

(Foto: E&J)

Socio director de Luis Romero Abogados y doctor en Derecho Penal.

Tiempo de lectura: 5 min



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Consejos para abogados altamente efectivos: no permitas faltas de respeto de tu cliente, pues las siguientes serán aún peores

"Aceptar un caso de un ciudadano del que intuimos que va a darnos un disgusto en un futuro es arriesgarnos a tener que rechazar su asunto más adelante"

(Foto: E&J)

I.- El respeto de nuestro cliente desde el principio



Sin ser demasiado formalistas o exigentes, pues los abogados debemos ser hombres de mundo, comprensivos, flexibles, que se adaptan a las distintas personalidades y formas de ser de quienes nos visitan en nuestro bufete, es esencial que nos encontremos cómodos con nuestro futuro cliente y que no vaya a ser una fuente de problemas que perturben nuestro quehacer diario.

Por nuestras experiencias y vivencias en esta gran profesión que es la abogacía, sabremos cuándo un cliente no nos guarda el respeto debido incluso desde la primera reunión con nosotros o en la primera conversación telefónica. No es que nosotros deseemos pleitesía o reverencias pero si somos abogados es porque creemos en lo que hacemos y sabemos que tenemos una gran misión: asesorar y defender los derechos e intereses de los ciudadanos.



Sin exigir grandes formalidades y, mucho menos, magnificencias por parte de quien nos visita, de quien desea dejar en nuestras manos sus graves problemas e incluso sus causas imposibles, hemos de exigir un mínimo de respeto y confianza, una noble correspondencia con nuestra entrega y dedicación.

«Hemos de exigir un mínimo de respeto y confianza, una noble correspondencia con nuestra entrega y dedicación» (Foto: E&J)

II.- Ejemplos de conductas poco respetuosas

Primera reunión con el cliente

  1. Algunos comienzan hablando mal de otro abogado o de los abogados en general. Debemos frenarles en seco porque tenemos la obligación de defender a nuestra profesión y los siguientes podremos ser nosotros.
  2. Entran con el teléfono móvil sonando e incluso atendiéndolo, o no silenciándolo… y vuelve a sonar.
  3. Los que llegan con varias maletas conteniendo documentos y nos indican que necesitamos dedicarle tres o cuatro horas por lo menos. O vienen con un carrito de supermercado lleno de papeles.
  4. El que nos espeta al informarle de nuestros honorarios que “¡eso es un abuso!”.
  5. Uno que nos dice que ha quedado en otros bufetes esa tarde o que tiene una cita después, metiéndonos prisa.
  6. Hemos de exigir un mínimo de respeto y confianza, una noble correspondencia con nuestra entrega y dedicación. Una actitud así nos causa estrés.
  7. El cliente al solicitar la cita la ha pedido fuera de nuestro horario, es decir, por la mañana en vez de por la tarde, o un viernes por la tarde o un sábado.
    1. Y una vez que hacemos la excepción, desea la reunión a primerísima hora o a la hora de comer. Muchos de estos clientes cancelan la cita a última hora o no asisten sin ni siquiera avisar antes.
  8. El cliente potencial vive en un pueblo a media hora del bufete y dice que quiere la cita por teléfono pues le lleva “mucho tiempo” desplazarse al bufete, incluso en casos graves y urgentes.
  9. El que pide una segunda consulta y una tercera, y no paga ninguna ni encarga el caso.

Cuando el cliente ya ha contratado

  1. Algunos pretenden redactar nuestros escritos.
  2. Otros quieren incluir trabajos distintos en el mismo contrato y con el mismo precio.
  3. Otro nos pregunta por qué le llama o escribe nuestra “ayudante”, cuando es una abogada con más de veinte años de ejercicio e incluso mejor que nosotros para su caso.
  4. Le enviamos un borrador de nuestro escrito y nunca termina de añadir correcciones o ampliaciones  a los hechos. Al final, el escrito no es nuestro escrito.
  5. Aquel que nos recrimina por los retrasos del juzgado.
  6. El que no nos avisa que va a venir acompañado por una troupe. Venía a saludarme y a tomar unas  tapitas conmigo y se presentó con seis más que casi no cabían en el despacho. Es decir, me engañó y encima aprovecharon un pequeño retraso, cuando yo vi que la cita iba para rato, y se fueron a tomar algo al bar de al lado. Comieron, se retrasaron y yo me quedé sin comer pues poco tiempo después tenía la primera cita de la tarde.
  7. Nos escribe por whatsap el viernes por la tarde cuando estamos intentando desconectar del trabajo, y el fin de semana, en fiestas, en vacaciones, etc.
  8. Nos deja mensajes de voz en las horas más intempestivas y muy largos.

En juicios y otros actos procesales

  1. Aquel al que no le gusta que saludemos o hablemos con los compañeros contrarios.
  2. Asiste a la vista y nos hace una crítica de nuestra intervención. “No has dicho esto o lo otro”, “Tenías que haber sido más agresivo”.
  3. “¡Aquí no se está haciendo nada!”
  4. El que pone verde a los compañeros anteriores a nosotros o a los contrarios.

Ante resoluciones no esperadas

  1. “¡A usted le han tenido que dar por detrás!”, refiriéndose a que nos han comprado.
  2. “¡No me cobrará por recurrir!”
  3. “¡Yo le pagué para ganar!”
  4. “Me he sentido indefenso” “¡Yo no he tenido defensa!”

Ante nuestros honorarios

  1. Ponen en duda que sean correctos.
  2. “Estaba todo incluido en el precio”
  3. “¡Usted no me informó!”, cuando los honorarios vienen detallados en la hoja de encargo suscrita por el cliente.

«El cliente al solicitar la cita la ha pedido fuera de nuestro horario, es decir, por la mañana en vez de por la tarde» (Foto: E&J)

Ante la lentitud de los tribunales

  1. “¡A mi me gustaría saber de quién es la culpa!”
  2. “¿Esto por qué está parado?”
  3. “¿Está usted haciendo todo lo que puede?
  4. “¡Es una vergüenza que haga ya dos años desde que pusimos la querella!”
  5. Los que son muy exigentes y quieren ya la sentencia, por supuesto favorable.

III.- Nuestra reacción

Yo le he dicho a mis alumnos, cuando me preguntan si yo tomo todos los casos que llegan a mi bufete, que en principio ningún caso es un obstáculo para que yo lo acepte. Al ser abogado penalista, puedo aprobar atender cualquier defensa por cualquier delito, al igual que cualquier acusación si veo que tiene fundamento. Lo que yo valoro en primer lugar es la persona; en segundo lugar, su actitud respetuosa y, en tercer lugar, su paciencia. Y por supuesto, que el cliente cumpla con su contraprestación a mis servicios.

Debemos aceptar aquellos casos que nos deseen encomendar personas que tengan consideración por nosotros y sean educadas, con las que nos encontremos cómodos y sepamos que vamos a trabajar a gusto con ellas.

Por nuestra experiencia, intuimos casi siempre qué clase de clientes podrían ser inconvenientes. Muchos de los ejemplos anteriores nos indican el camino a seguir. Desde el primer momento, suelen manifestarse las actitudes que nos desvelan que algunas personas no merecen ser nuestros clientes.

Aceptar un caso de un ciudadano del que intuimos que va a darnos un disgusto en un futuro es arriesgarnos a tener que rechazar su asunto más adelante, con el daño que dicha decisión puede causar a nuestra reputación, a nuestra tranquilidad, a nuestro buen hacer. Además, esa persona podría presentarnos una queja en nuestro colegio profesional, una demanda o una denuncia.

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