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Consejos para abogados altamente efectivos: Si eres feliz con tu profesión inspirarás a los que te rodean

Hay que valorar adecuadamente nuestro esfuerzo y nuestras horas de trabajo

(Foto: E&J)

Luis Romero Santos

Socio director de Luis Romero Abogados y doctor en Derecho Penal.




Tiempo de lectura: 3 min

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Consejos para abogados altamente efectivos: Si eres feliz con tu profesión inspirarás a los que te rodean

Hay que valorar adecuadamente nuestro esfuerzo y nuestras horas de trabajo

(Foto: E&J)



Ser feliz en el trabajo que uno ha elegido ayuda a ser feliz en la vida. Pocas cosas hay más angustiosas que levantarse todas las mañanas y acudir a realizar un trabajo que no nos gusta. Trabajar por obligación, para cumplir un horario y obtener un sueldo no sólo es aburrido, sino perjudicial para nuestra salud física y psíquica.

Los abogados que ejercemos porque esta era nuestra vocación resistimos grandes envites y estamos preparados para superar toda clase de obstáculos. Sabemos a lo que estamos expuestos y como nos gusta nuestra profesión, asumimos que tenemos que vivir buenos y malos momentos. Aprendemos de nuestros errores e intentamos superarlos.



Sin embargo, los abogados que ejercen porque estudiaron la carrera de Derecho y por inercia se dieron de alta en un colegio de abogados, pero afirman que no les gusta su trabajo, no pueden ser felices. Trabajar para obtener unos ingresos y estar deseando que termine la jornada laboral es triste. Cuando disfrutamos con nuestro trabajo no nos pesan las horas y el tiempo pasa volando.

Pensemos en esos compañeros que después de salir del bufete, si no salen a medianoche, toman una cerveza con sus amigos y hablan de lo que han hecho durante el día con muchas ganas de contarlo, sonriendo e incluso eufóricamente. Se les nota en sus gestos y en su tono de voz que son felices y aman lo que hacen. Están orgullosos de contar sus casos, hablar de los juzgados, de un recurso que han preparado, de un juicio, de un cliente, de una minuta, etc.



Siempre recuerdo a aquel compañero veterano, tendría unos setenta años, que veía por las mañanas en una parada de autobús cercana a su casa esperando para ir a su bufete en el centro de la ciudad. Invariablemente elegante con trajes oscuros perfectamente cortados, cabello y bigote blancos, zapatos relucientes y su maletín negro sujeto en su mano derecha. Sus gafas doradas y su mirada hacia el horizonte.



Los abogados que ejercemos porque esta era nuestra vocación resistimos grandes envites. (Foto: E&J)

Me fijaba en él en mis primeros años de ejercicio y muchas veces coincidíamos en los juzgados, en una notaría o en una librería jurídica. Era un abogado feliz que todas las mañanas iba radiante a su despacho o a las citas en el foro. Yo en esos primeros años quería parecerme a él cuando llevase más años ejerciendo de abogado, pues cuando informaba en los juicios, hablaba con los funcionarios y conversaba con nosotros sus compañeros, nos contagiaba su entusiasmo y simpatía.

Pero también sabíamos sus colegas que trabajaba muy duro, dedicaba muchas horas a su bufete y algunas noches de los fines de semana la luz de su ventana se veía encendida ¡Ahí está Nicolás Salmerón, todavía trabajando a estas horas! Algunos decían que ya no le hacía falta trabajar pues había ganado mucho dinero y cuando él oía eso, decía riéndose ¡Es que yo no trabajo para ganar dinero!

Abogados como Nicolás nos contagian su fuerza y su optimismo. Muchas veces lo recuerdo cuando me enfrento a largas horas de trabajo al acercarse el fin de un plazo y tener delante varios tomos de un expediente judicial que puede ocupar miles de páginas. No puedo estar en esos momentos con mi familia y quizás sea un fin de semana en el que me gustaría estar en la playa o en el campo, pero el deber me obliga a permanecer en mi despacho haciendo lo que tengo que hacer. Y no me pesa.

Por eso hay que valorar adecuadamente nuestro esfuerzo y nuestras horas de trabajo, para recibir también una compensación conveniente y vivir bien. No podemos regalar nuestro trabajo, aunque a veces nos apiademos de alguien y le ofrezcamos facilidades.

El abogado satisfecho con su labor inspirará a sus hijos para estudiar y desempeñar una carrera con la que sean felices, frecuentemente la carrera de abogado u otra profesión jurídica. Y si eligen otras profesiones, tendrán en su padre o en su madre abogados un ejemplo de orden, disciplina y sacrificio que les servirá de guía en sus estudios y en su trabajo.

La profesión de abogado ofrece muchas compensaciones cuando vemos a nuestros clientes satisfechos con el resultado de nuestro trabajo, cuando observamos su tranquilidad y alivio al salir de nuestra oficina después de tranquilizarles, cuando salimos de la sala de vistas sabiendo que hemos cumplido con nuestro deber y con nuestra conciencia tranquila.

Y un día pensamos en aquellos primeros momentos de nuestros inicios. Parece que fue ayer ¿Cómo ha podido pasar tanto tiempo? Ya ha transcurrido más de media vida y no nos hemos dado cuenta. Esa es nuestra percepción porque hemos sido y seguimos siendo felices.

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