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Artículos jurídicos

Crisis racial: Trump se erige como protector de los derechos constitucionales y habla de la Segunda Enmienda

AUTOR
Pablo Capel Dorado
Tiempo de lectura: 3 min

Publicado

El ejercicio de la política se configura como una suerte de formulación retórica que en raras ocasiones se traslada al ámbito de nuestra realidad. Esta verdad, descorazonadora, es el fundamento primario para entender la identificación – que no representación- del ciudadano con el detentador del poder.

En la crisis racial más importante de los últimos 50 años en EEUU, el presidente Trump señala una serie de símbolos anclados en el inconsciente colectivo de la nación capaces de exacerbar el ánimo de unos y atemperar el de otros. Los símbolos siempre fueron excluyentes. Anoche, mostró a la cámara uno de los elementos fundacionales de EEUU; una Biblia, que de paso cohesiona a su electorado llamado a urnas. También habló de la Segunda Enmienda.

¿Qué es la Segunda Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos?

El origen de las enmiendas a la Constitución de Estados Unidos de 1787 se encuentra en diversas declaraciones de derechos promulgadas en el siglo XVIII, constituidas como la avanzadilla de lo que a la postre conoceríamos como derechos humanos. Hablamos de la Declaración de Derechos del Buen Pueblo de Virginia de 1776, una carta de derechos fundamentales promulgada por 13 de los 50 Estados norteamericanos en plena Revolución Americana. En ella, gran parte de la sociedad de EEUU conquista la libertad colectiva e inspira al resto de Estados a emanciparse definitivamente de la metrópoli británica.





La cultura contemporánea europea, atraída por el esquema jacobino de la Revolución Francesa, ignora por completo la realidad estadounidense, así como su historia. De ahí que, como hecho curioso, señalen a EEUU como un agresor de los “derechos humanos”, cuando es un concepto que precisamente nace en su seno.





En plena Revolución Americana, la nación, unificada en torno al enemigo británico, ya muestra ciertas tensiones sobre la federalidad del Estado o confederalidad de los Estados. Esto desembocó en la Guerra de Secesion 75 años después. Pero una vez culminada la independencia en 1783, el pueblo estadounidense aprueba en Philadelphia la Constitución de Estados Unidos de 1787 que entra, finalmente, en vigor en 1789.

Las disputas entre federalistas y antifederalistas no cesan. Por ello se aprueba la Carta de Derechos de los Estados Unidos (Bill of Rights) o 10 primeras enmiendas a la Constitución de 1787, como respuesta al temor de un conflicto instigado por los antifederalistas, algunos de ellos preeminentes miembros de la Convención de Philadelphia que dio origen a la Constitución de EEUU. Estos, argüían que con la Constitución de 1787 no se aseguraban los derechos individuales. Es obvio que, en un proceso de emancipación nacional, se viera con recelo cualquier tipo de autoridad omnipotente de carácter estatal.

Por lo anterior, las enmiendas persiguen apuntalar los derechos individuales y proteger al ciudadano de cualquier intromisión del poder del Estado. En concreto, la segunda enmienda reza lo siguiente:

“Siendo necesaria una milicia bien organizada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del Pueblo a poseer y portar armas no será infringido.”

El planteamiento de la enmienda se construye en términos negativos, ya que no habilita al ejercicio positivo de un derecho, de una acción, sino que prohíbe cualquier injerencia a una acción considerada libre: “el derecho del Pueblo a poseer y portas armas no será infringido”. Esto se entronca, a su vez, con la propia concepción de libertad que tenían los padres de la Constitución de Estados Unidos.

Entendemos ahora el porqué del arraigo del pueblo estadounidense a la Segunda Enmienda: es un mecanismo fuertemente anclado en su cultura que nace con el objetivo de protegerse ante las arbitrariedades del poder del Estado en un momento en que cualquier intromisión a la libertad recientemente conquistada podía entenderse como una amenaza.

Revisiones a la Segunda Enmienda

El 28 de junio de 2010 la Corte Suprema de Estados Unidos, el órgano judicial equivalente a nuestro Tribunal Constitucional en el sentido de que interpreta los preceptos de rango constitucional y al que se adhieren todos los demás tribunales, sentenció que “ninguna ley estatal o local puede restringir el derecho a poseer o portar armas que reconoce la Segunda Enmienda”.

Esto, que desde nuestra percepción eurocéntrico-jacobina puede parecer una anacronía, un vestigio de la Historia, afianza el alineamiento institucional de EEUU con sus hechos y mitos fundacionales. El hecho fundacional de nuestra democracia viene a ser el “consenso” de los partidos políticos en la Transición Española y la Monarquía. ¿Imaginan a nuestros tribunales poniendo en entredicho nuestra propia construcción nacional?

La Segunda Enmienda cristaliza en un potente símbolo para el inconsciente colectivo de la nación norteamericana. Trump no es ajeno a esta realidad, y por ello apela a este punto nodal.

La Segunda Enmienda en la crisis racial tras la muerte de George Floyd

La intención del presidente Trump no es otra que la de lanzar una herramienta discursiva de raigambre legal que, en un momento convulso y de violencia extrema, unifica a los ciudadanos estadounidenses en torno a la idea de seguridad, ya que ese fue el cometido de la Segunda Enmienda cuando se promulgó.

De paso, busca aglutinar a su electorado y lobbies orbitantes -como la Asociación Nacional del Rifle- de cara a granjear apoyos electorales que consumen su segundo mandato al frente del Despacho Oval.

La campaña, para Trump, ha comenzado. ¿Conseguirá esta vez la victoria?

Sobre el autor: Pablo Capel Dorado es Director de E&J. Es jurista, politólogo y Máster en Comunicación Política.

 

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