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Notas para una joven abogada que comienza su vida profesional

Sé honesta contigo y con el cliente, pero que no se te note

(Foto: Pixabay)

Letrado experto en Derechos Humanos

Tiempo de lectura: 6 min



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Notas para una joven abogada que comienza su vida profesional

Sé honesta contigo y con el cliente, pero que no se te note

(Foto: Pixabay)

A Paula Jiménez Hernández.


Hace menos de un mes cumpliste veintiséis años, y a principios de año, te has colegiado; a tu regreso al despacho tras las fiestas, con juvenil desparpajo, esperanzada y anhelante, me has preguntado, y ahora, ¿qué?

Ahora me veo, remedo en prosa de Goitisolo (José Agustín), escribiendo unas “palabras para Paula”, a pesar de doblarte la edad, apenas tienes un año más que mi hijo, ¿qué podré decirte?



Comienzo con Goitisolo, y su “Palabras para Julia”, su lectura, si no conoces el texto, te centrará en lo que te espera en la vida, pues “tú no puedes volver atrás porque la vida ya te empuja como un aullido interminable”. Sigo con Machado (don Antonio), su “caminante son tus huellas el camino y nada más; caminante no hay camino se hace camino al andar, …” nos recuerda nuestro sino. Continuo con Kavafis, “cuando emprendas tu viaje a Ítaca, pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. No temas …”, pues, aunque ahora no lo comprendas, el viaje que inicias es lo que importa, tranquila, ya llegarás algún día a tu Ítaca. Y concluyo con Rudyard Kipling, “si puedes seguir creyendo en ti …” “si puedes soñar sin que los sueños te dominen …”, muchos “si”, fácil es leer este poema, difícil es seguir sus propuestas. Empieza tu camino, escribe tu texto. Vuelvo a Goitisolo: quizás alguna vez tengas que echar mano de “lo que un día yo escribí pensando en ti, como ahora pienso”.

Dejo a un lado el asesoramiento y me centro en la defensa, en el conflicto. Ya sabes, nuestra Constitución en su artículo 24.1 dice “Todas las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos, sin que, en ningún caso, pueda producirse indefensión.”; tutela judicial efectiva recogida en el art. 47 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea para cuando el proceso trata sobre Derecho de la Unión Europea, y de otra forma en el art. 6 del Convenio Europeo de Derechos Humanos, así como en el art. 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el 10 de la Declaración Universal de Derechos del Hombre. No olvides, en la defensa, junto al conflicto entre las partes, pueden darse otros conflictos, con tu cliente, con los miembros del órgano judicial, Letrado de la Administración de Justicia y Juez o Jueces, con el abogado contrario.

«Recuerda, el equilibrio con el cliente es la clave». (Foto: D.C./Diario de Sevilla)

En nuestra actividad estamos sometidos a tres tipos de responsabilidad, disciplinaria, civil y penal. La disciplinaria tiene su fundamento en el Código Deontológico y en el Estatuto General de la Abogacía Española;  la civil, en este Estatuto y en el Código Civil en cuanto al cumplimiento diligente de los contratos; y en el art. 467.2 del Código Penal “El abogado o procurador que, por acción u omisión, perjudique de forma manifiesta los intereses que le fueren encomendados será castigado con las penas de multa de doce a veinticuatro meses e inhabilitación especial para empleo, cargo público, profesión u oficio de uno a cuatro años (…)”.  Recuerda, el equilibrio con el cliente es la clave; él quiere obtener resultados en pro de sus intereses, con independencia del derecho aplicable al caso; si las cosas salen bien, ya has podido comprobar que o bien es “gracias a Dios”, o bien “no podía ser de otra manera, tenía razón”, y si salen mal, podrás comprobar, aún no lo has visto en el tiempo que llevas conmigo, pero sólo es cuestión de tiempo, aquello de “no ha sabido defenderme”.

Para evitar problemas, sé honesta contigo y con el cliente, pero que no se te note; la honestidad no es bien vista cuando se dirimen intereses. Ten siempre presente aquel consejo que me dio un viejo letrado, y aunque sea un poco machista, nos vale por su significado: “al papel y a la mujer, hasta el culo le has de ver”. Los papeles necesarios y suficientes encima de la mesa, y has de mirarlos por delante y por detrás, no vale la palabra del cliente. Sé honesta, y guárdate las espaldas; cuando con los papeles encima de la mesa tengas claro el asunto, redacta con calma una hoja de encargo de conformidad con lo dispuesto en el Estatuto, y fija con claridad los criterios económicos, teniendo en cuenta los momentos de pago, y dado que los procesos son largos, si pactas que cobrarás una cantidad al inicio de la primera instancia, si no cobras en ese momento, y esperas a la conclusión del pleito en apelación, cuidado, pues si han pasado más de tres años, dado que hay pacto, no entra en juego la jurisprudencia sobre el computo de la prescripción al último momento de tu actividad profesional,  el derecho de cobro habrá prescrito; me ha pasado. Luego, con educación, sin aspavientos, y sin alegar “el pan de tus hijos”, cuando llegue cada momento de cobro, cobra; y si no te pagan, plantéate dejar el asunto. El cliente, a quien debemos cierta lealtad, es nuestro primer enemigo.

Cuidado con los funcionarios públicos. No generalices, no te precipites en hacer juicios de valor atendiendo a sus palabras, o a las de otros con respecto a ellos digan. Espera a ver sus hechos; en el Código Penal existe la figura de la prevaricación, administrativa y judicial. En tus relaciones con estas personas, ten siempre presente una circunstancia: cobramos a medida que los procesos se desarrollan y el despacho hay que mantenerlo con los ingresos recibidos de los clientes, nos interesa la brevedad del proceso, ellos cobran a fin de mes, y nuestros problemas les son indiferentes. Cuidado con los jueces, pues al fin y al cabo son quienes vulneran el derecho a la tutela judicial efectiva de los clientes. Cuidado con aquellos funcionarios que te hablen de “su vocación”, hoy hablan de ella, e impresionan, no dicen que dejan a un lado la seguridad buscada en su juventud.

Miembros del personal de Justicia ante la entrada del Palacio de Justicia de Sevilla. /(Paco Puentes/El Correo de Andalucía)

Cuidado con los colegas de contrario. Los Evangelios recogen que Cristo nos animó a ser hermanos, nada dijo de ser primos. Si el colega te golpea una mejilla, siguiendo las palabras de Cristo, pon la otra, pero, ojo, Cristo nada dijo con relación a tus rodillas. Me explico ¿verdad? Y si el “colega” es amable de más, cuidado está sacando la cimitarra, tendrás que aprender a descubrir cómo, en pro de los intereses de su cliente, trata de engañarte. En una película de
Indiana Jones se ve frente a un árabe gigante armado con una cimitarra adecuada a su tamaño, se agobia, se tranquiliza al palpar en su cinto un revolver, dispara a la frente y el gigante cae de espaldas. Pues ya sabes que has de hacer con cualquiera que se ponga enfrente.

No obstante lo anterior, procura mantener una visión positiva de tu actividad profesional, aquella que es tuya y sólo tuya: estudia, reflexiona, aprende a leer y a escribir profesionalmente -“Como leer un libro” Mortimer J. Adler y otro, Debate;  “Como escribir bien en español”, Graciela Reyes, Arco Libros; “La cocina de la escritura”, Daniel Cassany, Anagrama-; aunque compres formularios, prepara los tuyos, te ayudará a comprender y memorizar los distintos aspectos del proceso. Ten presente los arts. 4 bis y 5 bis de la Ley Orgánica del Poder Judicial, nos ponen delante de algo sencillo de olvidar, no estamos solos, somos europeos.  Será preciso tener en cuenta la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea y, tener presente el que las sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos rompen el sistema clásico de recursos de nuestro ordenamiento jurídico. Europa ha de ser para ti lo que España fue para mí -he trabajado en sus cuatro puntos cardinales-, tu tendrás que trabajar por toda Europa, por tanto, mira más allá de nuestros horizontes.

Cuando ya no estemos juntos, cuando vueles, recuerda, no te hagas mala sangre si las cosas las ves claras y no salen como tú crees deben de salir, en nuestro trabajo, mal que bien argumentadas, emitimos opiniones; lo mismo hacen el contrario y el Juez; y sólo la última de las opiniones, la de la sentencia firme es la válida. Teresa de Jesús, patrona de los letrados de Salamanca dejó escrito aquello de “nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, (…) la paciencia todo lo alcanza”.

Vuelvo a Goytisolo y termino: “perdóname, no sé decirte nada más, pero tu comprende que yo aún estoy en el camino”, “la vida es bella, tu verás como a pesar de los pesares, tendrás amor, tendrás amigos” (y tendrás que cumplir con Hacienda).

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