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Economía

Las sanciones hacen menos mella en la economía rusa de lo previsto

Hay coincidencia al afirmar que los mayores problemas para Rusia están por venir

(Foto: E&J)

Redactor de Economist & Jurist

Tiempo de lectura: 6 min



Economía

Las sanciones hacen menos mella en la economía rusa de lo previsto

Hay coincidencia al afirmar que los mayores problemas para Rusia están por venir

(Foto: E&J)



Se cumplen seis meses del inicio de la invasión de Ucrania por parte de Rusia. El ataque del ejército de Vladimir Putin a un país soberano y sin previa declaración de guerra llevó a la comunidad internacional, especialmente a Estados Unidos y sus aliados europeos, a establecer duras sanciones económicas contra Rusia.

Desde febrero de 2022, cuando se produjo la invasión de Ucrania por parte de Rusia, el Consejo europeo ha adoptado seis paquetes de sanciones contra Rusia y Bielorrusia. Las sanciones tienen por objeto debilitar la capacidad de Rusia para financiar la guerra y se dirigen específicamente contra las élites política, militar y económica responsables de la invasión.



Tras medio año de conflicto, el análisis sobre el efecto que están teniendo las medidas contra la economía rusa son motivo de controversia. En líneas generales, parece que las sanciones no estarían surtiendo el efecto esperado, lo que está extendiendo cierta sensación de fracaso. Sin embargo, hay analistas que señalan que esta afirmación no se corresponde con la realidad y que se basa en datos facilitados en ocasiones por las propias autoridades rusas, las cuales estarían ocultando los datos más negativos.

El Banco Central de Rusia publicó un análisis de la economía del país el pasado mes de julio en el que destacaba que las medidas adoptadas por el Gobierno ruso y el elevado precio de las materias primas, que están generando un flujo constante de ingresos para el país, están sosteniendo la economía.

Fortaleza del rublo

El rublo se mantiene fuerte gracias a estos ingresos por materias primas, los controles de capital y la prohibición a buena parte de las importaciones, lo que ha generado un gran superávit por cuenta corriente que da alas a la divisa rusa. La moneda rusa ha pasado de valer 78 rublos por dólar el 23 de febrero un día antes del inicio de la invasión, a 150 el 7 de marzo, en su momento de mayor debilidad, lo que supuso otra caída cerca a la mitad de su valor. Hoy se pagan 59,98 rublos por dólar.

Esta fortaleza del rublo está permitiendo a su vez mantener los precios de importación a raya y la inflación más o menos controlada. La inflación rusa es más baja que a principios del verano y está en el 15%. Si bien es verdad que es muy alta, no está muy por encima de la de España, que cerró julio con un IPC del 10,7% y muy por debajo de la de países como Estonia (23,2%), Letonia (21,3%) y Lituania (20,9%).

Según el Banco de Rusia, la economía del país se está adaptando a la nueva situación y entre mayo y junio ha mostrado signos de estabilización. En este sentido, el índice de gestores de compra (PMI), un indicador económico que incluye informes y encuestas mensuales de empresas manufactureras del sector privado, ha vuelto a situarse por encima de 50 (más de 50 supone crecimiento o expansión) en junio, tras haberse desplomado hasta los 37,7 puntos en marzo, al comienzo de la guerra.

Sede de la gasista rusa Gazprom. (Foto. Energía.es)

Rusia estaría ingresando por la venta de gas y petróleo alrededor de mil millones de dólares al día. De este modo, y aun cuando el país está atravesando una profunda crisis, el precio de los combustibles y algunas de las medidas adoptadas por el Gobierno para contener la caída del rublo y la inflación estarían facilitando que la actividad económica rusa no esté cayendo a los niveles que esperaba Occidente.

Varios analistas y organismos internacionales secundan esta afirmación. En las primeras semanas de la guerra, Bloomberg calculó que la economía rusa podría caer un 10,3%. Su predicción ahora apunta a un descenso del 9,1% y parece que el dato final podría ser mejor. Esto contrasta con lo que está ocurriendo en Occidente, donde las sucesivas revisiones del PIB llevan a pensar que este otoño se avecina una grave crisis, cuando no la recesión en países como Alemania, donde ya casi se da por descontada.

Por su parte, el Fondo Monetario Internacional ha mejorado la estimación del PIB de Rusia para 2022 en 2,5 puntos porcentuales, lo que significa que ahora se prevé que la economía se contraiga un 6% este año. El FMI ha señalado que la economía parecía estar soportando el aluvión de sanciones económicas mejor de lo esperado.

El Banco Central Europeo (BCE) también ha vaticinado en un informe publicado a principios de agosto que las sanciones impuestas a Rusia por la invasión de Ucrania provocarán un colapso de su economía menos grave de lo esperado en un primer momento.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin (Foto: Pronto)

Futuro sombrío

Los datos sobre la economía rusa son mejores de lo esperado, pero hay analistas y economistas que los ponen en duda. Desde la invasión, las publicaciones económicas tanto del Banco Central de Rusia como Rosstat, la agencia oficial de estadísticas Kremlin se han vuelto cada vez más selectivas, eliminando selectivamente las métricas desfavorables y publicando solo aquellas que son más favorables. Además, los bancos de inversión, que ya no asesoran a sus clientes sobre empresas rusas, han reducido sus esfuerzos de investigación, mientras que las organizaciones multilaterales han sacado a los economistas del país.

En lo que hay coincidencia es en que de cara al futuro la situación va a ser mucho peor. El Banco de Rusia explica que, como consecuencia de las sanciones, la industria puede tener importantes problemas de desabastecimiento, lo que puede provocar la reducción de la producción. El propio banco reconoce que, a medio plazo, la tarea más importante y difícil que tienen por delante «es reemplazar las importaciones de inversión y organizar el suministro de bienes de inversión de nuevos proveedores extranjeros».

Un grupo de economistas cada vez más amplio aseguran que la salida de empresas extranjeras o el cese de actividad de las mismas van a erosionar la economía rusa de manera duradera. En unas declaraciones a la cadena de televisión estadounidense CNBC, Ian Bremmer, presidente de Eurasia Group, ha afirmado que, si bien a corto plazo las consecuencias de las sanciones son menores de lo previsto originalmente, el verdadero debate va más allá de 2022.

H&M es una de las firmas internacionales que ha cerrado sus tiendas en Rusia. (Foto: H&M)

Según Bremmer, los problemas en la fabricación de algunos bienes están aumentando a medida que se agotan las piezas para producir vehículos y algunas máquinas y que los almacenes se quedan sin repuestos. En este sentido, Eurasia Group, consultora internacional que analiza riesgos políticos y mercados emergentes, prevé una disminución sostenida y a largo plazo de la actividad económica en Rusia, que podría incluso llevar a una contracción del 30%-50% en el PIB ruso desde su nivel anterior a la guerra.

Un grupo de analistas de la Universidad de Yale publicó el pasado mes de julio un informe que, bajo el título Las retiradas empresariales y las sanciones están paralizando la economía rusa, en el que se sugiere que la salida masiva de empresas está paralizando la economía rusa.

Este estudio incluso pone en duda la fortaleza de Rusia en el mercado de materias primas y afirma que “el posicionamiento estratégico de Rusia como exportador de materias primas se ha deteriorado irrevocablemente, ya que ahora lidia desde una posición de debilidad con la pérdida de sus antiguos mercados principales y enfrenta grandes desafíos para ejecutar un giro hacia Asia con exportaciones no fungibles como el gas canalizado”.

“A pesar de algunas fugas persistentes”, continúa el informe, “las importaciones rusas se han colapsado en gran medida, y Moscú ahora enfrenta desafíos para asegurar insumos, piezas y tecnología de socios comerciales cada vez más nerviosos y, como resultado, ve una escasez generalizada de suministros en su economía nacional”.

En este sentido, “a pesar de las ilusiones de Putin sobre la autosuficiencia y la sustitución de importaciones, la producción nacional rusa se ha paralizado por completo sin capacidad para reemplazar los negocios, productos y talentos perdidos” recoge el informe.

Además, afirman que “como resultado de la retirada empresarial, Rusia ha perdido empresas que representan aproximadamente el 40% de su PIB, revirtiendo casi la totalidad de las tres décadas de inversión extranjera y reforzar la fuga simultánea sin precedentes de capital y población en un éxodo masivo de la base económica de Rusia”.

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