El estilo de vida del cliente
"Hay que esforzarse por entender las prioridades del cliente"
(Imagen: E&J)
El estilo de vida del cliente
"Hay que esforzarse por entender las prioridades del cliente"
(Imagen: E&J)
No descubrimos nada nuevo si decimos que los estilos de vida de las personas, con independencia de su cultura, educación y nivel económico son muy diversos. Nadie podrá demostrar que los ricos tienen costumbres homogéneas al igual que los sectores sociales con menos recursos económicos. Cada persona, cada familia, con independencia de sus posibilidades, determina sus prioridades atendiendo a sus posibilidades. Saber el estilo de vida que llevan las personas que nos rodean nos da mucha información sobre ellas, y lo que es más importante, sobre la forma de complacerlas o ayudarlas.
Lo dicho es una evidencia universal que si la aplicamos al ámbito de la abogacía adquiere además una repercusión profesional. Averiguar el estilo de vida de un cliente no quiere decir inmiscuirse en su vida personal, pero si quiere decir que hay que hacer un esfuerzo por entender las prioridades de nuestro cliente. El abogado no presta servicios a una organización material carente de alma y sentimientos. El abogado, aun cuando presta servicios a una persona jurídica, no ha de olvidar que detrás de esa persona sin alma, hay otras muchas con corazón y sentimientos. Personas físicas que como tales son variables y con capacidades influenciables en función de muy diversos factores exógenos a ellas. Por esta razón, es bueno para un abogado tener información sobre el estilo de vida de sus clientes. Por ejemplo, es importante saber, si un cliente hace la siesta para no llamarle a según qué hora. Es importante saber si a nuestro cliente le gusta compartir la información jurídica con terceras personas de su equipo o no. Y si vamos profundizando, podremos llegar a detalles que aun pareciendo mínimos marcan la diferencia entre tejer relaciones de confianza sólidas o, por el contrario, relaciones frías que impiden un trasvase generoso de información entre abogado y cliente que dificultan la eficiencia de la gestión profesional del asunto por parte del abogado.
No se trata solo de quedarnos con el detalle de saber si a nuestro cliente le gusta tomar café después de las 12:00 horas del mediodía o no, si le gusta el verdejo o el jerez, si odia el futbol o adora el tenis. Se trata de conocerlo un poco más allá de lo estrictamente profesional, porque este “plus” de información permite al abogado prestar mejor su servicio al cliente.
En la función de la abogacía el conseguir información de forma fluida y directa del cliente es fundamental para conocer con rigor los objetivos auténticos que persigue. Por esta razón conocer el estilo de vida del cliente no es cuestión de cotilleo o curiosidad injustificada, sino que, muy al contrario, es un mecanismo para poder ejercer mejor la función propia del abogado.
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El abogado que conoce el estilo de vida de su cliente tiene más posibilidades de comunicar mejor con su cliente y por ello de prestarle mejor servicio.

