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La firma

El otro Legal Tech, el ambicioso

"El Legaltech sigue avanzando de forma imparable"

(Foto: E&J)

Académico correspondiente de la RAJLE, consejero de ITTI y miembro de Legal Touch

Tiempo de lectura: 3 min



La firma

El otro Legal Tech, el ambicioso

"El Legaltech sigue avanzando de forma imparable"

(Foto: E&J)



El uso de la tecnología para favorecer la prestación y comercialización de servicios legales, ahora, comúnmente se identifica con el término anglosajón Legal Tech, que despierta gran interés en la abogacía por las múltiples y diversas expectativas que genera en el sector legal. En cierto modo, el interés actual del Legal Tech recuerda el que en los años 90 del siglo pasado despertó un artículo que se publicó en Economist & Jurist, que por  primera vez en España trataba de la aplicación del marketing al sector legal.

Hoy el marketing jurídico es una realidad que la abogacía en gran medida utiliza. Sin embargo, fue necesario que pasaran varios años para que los especialistas en este área del marketing consiguieran adaptar con eficacia su lenguaje y funciones al sector jurídico. Ahora el Legal Tech se encuentra en una situación similar a la del marketing jurídico en los años 90. La mayoría de la abogacía española, que trabaja en despachos de menos de 5 abogados, y que representa más o menos el 80% del total de firmas de abogados, no acaba de entender con precisión lo que aporta el Legal Tech.



Aún pecando de poco ortodoxos, en aras a la claridad, podemos considerar que el Legal Tech trata de cubrir dos áreas bien diferenciadas en la actividad de la abogacía. Una que denominaremos administrativa-comercial y otra que conoceremos como técnico-jurídica. La primera tiene por objetivo asistir a los abogados en tareas administrativas como la facturación, la aplicación de gastos, contabilidad en general y funciones comerciales de captación de clientes y mantenimiento de los mismos, implementando diferentes protocolos y algoritmos de comunicación. La segunda, la técnico-jurídica, tiene un objetivo mucho más complejo y ambicioso. Un objetivo que casi deslumbra a la abogacía al tiempo que lo observa con mucho respeto.



«Un ejemplo concreto aplicable al ejercicio de la abogacía es la creación de Casos Reales» (Mockup: Laura Marín / Economist & Jurist Group)

Infunde respeto imaginar que el Legal Tech, a través de diferentes procedimientos informáticos pueda llegar a realizar el trabajo de fondo de un abogado. No las tareas accesorias a su función principal, sino que consiga aplicar el derecho para la defensa de los intereses del cliente del abogado en casos concretos a través de la ejecución de una estrategia concebida para la protección  de esos intereses. Da vértigo pensarlo. Es como si a un Juez le dicen que un ordenador decidirá el contenido de las sentencias.

Es cierto que en la actualidad herramientas como el blockchain, que en cierto modo operan como si fueran condiciones suspensivas o resolutorias. Es decir, a modo de ejemplo, prevén que si se produce un determinado hecho futuro e incierto, se generan unos efectos concretos previamente definidos y concretados. Lo que permite controlar la regulación y ejecución de los efectos de los negocios jurídicos concebidos a partir de la autonomía de la voluntad de las partes en un determinado ordenamiento jurídico.

No cabe duda que estas técnicas y otras muchas más irán facilitando cada vez más el trabajo de los diferentes operadores jurídicos, incluso en lo más esencial de su trabajo, en lo más determinante y valioso. Pero también es cierto que por el momento la tecnología no puede sustituir la pericia humana en su totalidad en el ejercicio de la abogacía o en la función de la judicatura. En cualquier caso, la tecnología sigue avanzando de forma constante e imparable. Un ejemplo concreto aplicable al ejercicio de la abogacía es la creación de Casos Reales. Esta revolucionaria  herramienta recoge el trabajo realizados por abogados en miles de casos reales, casos que han existido. Gestiona este conocimiento, con escrupuloso cumplimiento de las obligaciones de confidencialidad y lo pone a disposición del usuario siguiendo una estructura homogénea que reproduce la praxis del abogado: (1) Se determina el supuesto de hecho o antecedente; (2) teniendo en cuenta esos antecedentes se concreta el objetivo que persigue el cliente del abogado en ese caso; (3) se concreta la estrategia necesaria que define el abogado para conseguir ese objetivo del cliente; (4) se ejecuta la estrategia indicada; (5) se evidencia y concreta el resultado de la ejecución de la estrategia. Con este diseño, el abogado tiene acceso a la experiencia de miles de abogados, en miles de casos reales. Así el usuario puede detectar los aciertos para aplicarlos e igualmente identificar los errores para evitarlos en su práctica profesional. Esta herramienta permite al abogado ver qué han hecho otros compañeros en un caso como el suyo. No se trata solo de un archivo o base de datos  de información jurídica, sino de algo mucho más importante y valioso, un gestor inteligente de know how jurídico real. En fin, otro Legal Tech, el ambicioso, el que se centra en ayudar al abogado en su función principal: defender el legitimo interés de personas en casos concretos.

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Suscriptor E&J(@dummyuser)
28 días atrás

Brillante artículo, sin duda el tema, por incipiente, tiene infinitas aristas y aplicaciones prácticas que, a día de hoy ni imaginamos.
En todo caso, el Renacimiento puso al individuo en el centro del Mundo y ahora no creo que debamos – por mor de un mecanicismo exacerbado- fiar la Justicia a una serie de algoritmos que (a salvo la aplicación de la inteligencia artificial), nos llevasen a un marco de la aplicación de la Justicia que no permitiese cambio alguno.
Me explico, si la Justicia se imparte en base a una serie de programas establecidos, el resultado siempre será el mismo y ello nos llevaría a un sistema legal inmóvil e incapaz de evolucionar con los tiempos (salvo como he apuntado que la inteligencia artificial pudiera jugar un papel que se me antoja difícil de controlar.
Dicho lo cual, me parece bien y en mi despacho llevamos más de 30 años aplicando las tecnologías de forma sistemática según van apareciendo pues no podemos ir contra el progreso y es obligación de todo abogado estar al día e implementar todas aquellas técnicas y herramientas que supongan un avance.
No hacerlo significaría desaprovechar una oportunidad de oro para mejorar en eficiencia y en eficacia, parámetros que deben enmarcar el ejercicio de la profesión en cualquier ámbito.
Nunca el mecanicismo ha sido perjudicial si su uso es el correcto.

Nombre
Toni Caralt