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La firma

Protesta de una abogada de familia durante el confinamiento.  



Vaya por delante que la protesta que expongo a través de esta reflexión se acoge en los más estrictos términos de defensa y al amparo en abrazar el derecho a la libertad de expresión.  Si se desea, pueden escoger mi protesta como un acto de simple pataleta,  una muestra de valentía, o una queja más que no llegue a ningún puerto, pero tradúzcase sobre todo esta reflexión en un acto de respeto a la profesión de la abogacía, sobre todo, en un acto de respeto para cada uno de los ciudadanos que siguen esperando respuestas a sus procesos paralizados, algunos de ellos sensibles y urgentes.

Siento la situación actual como un abogado que ha vivido una experiencia injusta en un juicio provocado por un juez que pierde las formas en Sala. Y quien diga no lo ha vivido, no ha batallado lo suficiente por estos escenarios.  Traslademos la situación judicial actual como si de un juicio injusto se tratara.

Es conocido que un Juez impulsa y por el desarrollo ordenado del proceso en el que se aceptan todas las reglas de juego pero basado en la más absoluta cortesía. Desgraciadamente en ocasiones, pasan por alto el encontrar vacunas frente a la mala fe procesal, la obstrucción, del abuso e incumplimiento de los deberes por los intervinientes en el proceso, y cuando indico intervinientes, me quiero referir a todos ellos sin excepción alguna.





Todos somos iguales ante la Ley y la democracia aunque en la práctica, desgraciadamente, sea bien distinta. Sin embargo, en ocasiones, la realidad es rica y nunca falta alguien que confunde una necesidad con una batalla donde vale todo, se mira a otro lado, donde se permiten heridos y prisioneros y donde hay que agotar vías inimaginables aunque conduzcan a un callejón sin salida para los más débiles.





En mi caso, desde los 18 años, cuando muchos empezaban a estudiar sus carreras de derecho, ya batallaba carpeta en mano por los juzgados. Desde entonces hasta la fecha, se han ampliado juzgados recurriendo a parca estética en algunos edificios judiciales, por gran suerte, pero el desorden, caos, colapso y desidia siguen latentes por abandono vergonzoso de medios y recursos recibiendo este castigo funcionarios y jueces, los cuales ven entorpecida su labor.

Son 30 años en Justicia, transcurridos como Oficial de Procurador, funcionaria en distintos juzgados entre ellos de Violencia sobre la Mujer y desde hace unos años, colegiada como Abogada creando mi firma confiando en la Justicia, a pesar de todo. No soy ningún ejemplo, en absoluto, pero sí una abogada que le apasiona su profesión trabajando duramente, como muchos de mis compañeros/as.

He vivido infinidad de juicios, los entonces juicios de cognición, juicios de mayor o menor cuantía (quienes lo conozcan sabrán y recordarán los tiempos aquellos) admirando sobre todo aquellos jueces que velan, con dignidad, educación y cortesía por un proceso digno y, desconfiando absolutamente de aquéllos que creen que la Sala es su terreno absoluto de pleno imperio dominante, como parece ocurre ahora en esta lamentable pandemia.

El gran respeto a mi profesión hace que actúe y reaccioné ante un juicio mal gestionado para evitar acabe el mismo en una Sentencia injusta por no haberse oído y escuchado a esta parte, por no haberse guardado las debidas formas en Sala, tales como iniciándose el juicio con interrogatorio-atropello a mi representado, golpear la mesa alzando la voz y apercibimientos sin sentido en retirar la palabra, con ecos de risitas y demás permitidas ignorando déspotamente el momento de la exposición de conclusiones.

Pues bien, esa amarga sensación es la que padezco ahora. Rabiosa inquietud de juicio injusto dirigido por un juez con toga demasiada ancha que en alguna ocasión hemos sufrido los abogados, y quienes lo nieguen, poca andadura han tenido por los escenarios con toga.  Recuerdo que en alguna ocasión, con prudencia y racionalidad, en defensa de los intereses del cliente y de mi profesión, invoqué el art. 41 del EGAE por coartar mi independencia y libertad necesaria para cumplir con mi deber profesional.

Ante la impasividad y mala gestión de la administración de justicia, ¿A quién invoco y presento el art. 41 del EGAE?. A nadie, absolutamente a nadie porque no sirve absolutamente de nada. Nada. Mientras se permiten las citas previas en los salones de belleza, se acepta tomar un café intenso en una terraza, mientras el país se moviliza hacia el ocio, la justicia sigue parada.

La justicia no interesa. Los ciudadanos, las familias con menores sumergidos en procesos judiciales, siguen esperando mientras comprueban, con cara estupefacta, que la mayoría pueden acudir a cambiar su look o bien otros,  saborear un té públicamente.

Por todo ello, tengo la necesidad de alzar mi protesta por respeto a mis principios y valores y por delante, el respeto a mi profesión y, reitero, a todos los ciudadanos que merecen recibir un juicio y trato justo con total garantía.

Vaya nuevamente por delante que la pretensión de esta letrada, a la que probablemente se sumarán otros compañeros que siguen teletrabajando, esperando algún día reactiven los juzgados soñando funcionen con los medios adaptados a las graves circunstancias, se abraza al derecho fundamental del respeto, dignidad y libertad.

En definitiva, valga todo lo anterior expuesto como respetuosa protesta y, a la vez, sirva de reflexión y mensaje dirigido a quien proceda porque la letrada que suscribe ve absolutamente entorpecida y atropellada su deber profesional, sintiéndose ridícula y vapuleada por la decisión de habilitar agosto, celebrar juicios telemáticos mañanas y tardes como si se tratara la solución para agilizar la justicia,  como si el colapso naciera ahora con el estado de alarma, cuando en realidad se ha visto agravada por el olvido y lastre de muchas legislaturas.

Sirva esta protesta como reflexión a todas las partes que participan en esta Sala de Vistas sin freno, inclusive sirva también para no olvidar la importancia de estar al tanto de los mínimos detalles como el respeto a todos los intervinientes en un juicio, guardando las debidas formas en Sala sin creerse que son invencibles e intocables por creerse lo que no les corresponde en absoluto. Y es que la honestidad, la sencillez y el respeto, hacen grandes a las personas, sean afectados, procuradores, letrados, jueces, fiscales, ministros o presidentes. No por reírse en Sala y permitir que la Justicia sea como la Lista de Schlinder, significa presentarse, sea quien sea, como el gran salvador del caos arrastrada durante décadas. Más bien todo lo contrario y esta es la desgraciada creencia de algunos de ellos, cuando en realidad, caen en lo más hondo del ridículo. Por tanto, o empezamos a hincar codos para trabajar duro en la mejora de la justicia, o el sector se hunde golpeando duramente a la ciudadanía.

No pasemos por alto que todas las personas tienen derecho a obtener la tutela judicial efectiva de los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos. Tampoco olvidemos que los poderes públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia. Ambos derechos son constitucionales, por si a alguien se le había olvidado.

Porque ante la situación judicial actual, ¿Qué le explico a ese padre que no puede ver a sus hijos porque la madre los ha confinado durante meses y pasarán aún más hasta que celebremos las medidas provisionales en un hipotético juicio telemático una tarde agosto desde no sé donde y con suerte?.  ¿Quién devolverá a las pequeñas esos cinco meses sin su padre? ¿O esa madre que sufre el confinamiento con quien no desea, sufriendo en casa gritos provocados por la tensión de la pandemia?. ¿Le explico que sus medidas no se celebrarán hasta “no sé qué fecha”?.

A todas las preguntas,  el despiste como respuesta.

Dejando a un lado mi protesta por que no hondará más allá del derecho al pataleo para muchos, por todo lo sufrido en estos meses, debo rendir mi especial, profundo y sentido homenaje personal a todos los afectados por el coronavirus, así como a todos los profesionales que nos siguen ayudando a superar la crisis sanitaria.

También y como abogada de familia, no puedo olvidar rendir mi homenaje personal y enorme agradecimiento a todos aquellos compañeros/as abogados/as que se han dejado la piel ideando conferencias y webinars a través de la AEAFA y AIJUDEFA, haciendo que el confinamiento de todos nosotros, como abogados/as,  resulte más llevadero convirtiendo este encierro en un absoluto aprendizaje contínuo, foro de enriquecimiento profesional e intercambio de conocimiento con grandísimos profesionales, conectándose y participando desde cualquier rincón de España y de otros países de habla hispana.

Para finalizar, una última aclaración sobre mi manifiesta protesta, llegue donde llegue -si llega: no quiero convertirlo en la ira de un día porque es la perturbación de muchos, como bien decía Ángel Ossorio.

Sobre la autora: Susanna Antequera es Abogada de Familia en Antequera de Jáuregui Abogados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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