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Estilo de Vida

Compartir fluidos bucales entre manteles

El 'picoteo' permite a los comensales probar diferentes platos, experiencia que no se puede tener si cada uno pide su menú individual

Varias personas disfrutando de un picoteo

(Imagen: E&J)

Tomás Crudité

Crítico gastronómico




Tiempo de lectura: 2 min

Publicado




Estilo de Vida

Compartir fluidos bucales entre manteles

El 'picoteo' permite a los comensales probar diferentes platos, experiencia que no se puede tener si cada uno pide su menú individual

Varias personas disfrutando de un picoteo

(Imagen: E&J)

En nuestros días es muy frecuente que al ir a un restaurante con un grupo de amigos o familiares se opte por el “picoteo”, pedir diversos platos para compartir entre los comensales, rompiendo el principio de selección individual de los platos.

Mayoritariamente los defensores del picoteo lo apoyan en base a dos principales razones. La primera y más importante, es que permite a los comensales probar diferentes platos, experiencia que no se puede tener si cada uno pide su menú individual.

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La segunda justificación trae causa de la economía. El picoteo permite reducir la comanda. Por ejemplo, si hay seis comensales en lugar de pedir 6 primeros se piden cuatro para compartir y en muchos casos esta técnica se extiende a los segundos y a los postres lo que provoca un considerable ahorro.

No se puede confundir el picoteo de restaurante según lo expuesto, con el tradicional tapeo más propio del bar. El auténtico tapeo es una oferta gastronómica diseñada ab initio para compartir, tanto por su tamaño como por su estructura.

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Pero regresando al picoteo hemos de señalar que tiene muchos factores positivos si se plantea bien, pero muy negativos si se hace mal.

En este tipo de comandas hay que seleccionar platos que por su estructura permitan ser compartidos de forma higiénica. Hace no mucho presencié en un restaurante de inspiración andaluza en Valladolid, como un grupo de oficinistas compartía un plato de salmorejo. Cada uno con su cuchara que aterrizaban y despegaban del plato compartido previa visita a sus respectivos paladares.

En el polo opuesto aparecen las populares croquetas, los calamares a la romana, los buñuelos, el jamón y otros muchos preparados y productos que sí son fáciles de compartir de forma higiénica.

En las mesas de varios comensales, si es posible, conviene pedir al camarero que reparta y sirva entre los presentes, de lo contrario las conversaciones entre los comensales se interrumpen continuamente por cuestiones de menaje y reparto.Es muy sencillo pedir al camarero que, por ejemplo, en lugar de dejar el plato de ensaladilla rusa en el centro de la mesa (si hay sitio entre las copas) reparta y sirva a cada comensal.

Igualmente al compartir postres es aconsejable tener en cuenta lo expuesto. Una solución para compartir tartas es pedir al camarero que trocee la ración para que cada comensal pueda disfrutar de forma independiente su porción. En el supuesto de los helados, la única solución totalmente higiénica sería utilizar tantas cucharas limpias como catas hiciera cada comensal.

Lo cierto, es que el picoteo, se está imponiendo porque gusta a la mayoría de gente. Ha llegado para quedarse por las razones apuntadas y por otras más subjetivas y, por ello, si tenemos vida social, nos hemos de acostumbrar a este sistema, que como hemos dicho, si se hace bien es muy divertido e interesante.

Entre amigos y familiares todo es admisible, no así cuando los comensales son personas más alejadas, con vínculos recientes, profesionales o protocolarios, donde no es admisible obligar a ese compañero de mesa a compartir, aun de forma mínima, fluidos bucales. Todo a su tiempo.

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