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Estilo de Vida

Lo que un abogado no puede hacer aun estando de vacaciones

"Los abogados no pueden manifestar en público conductas que puedan generar intranquilidad a sus clientes o que quebranten de forma radical su modo de actuar en su faceta profesional"

Perfil personal y profesional

(Imagen: E&J)

Tiempo de lectura: 3 min

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Estilo de Vida

Lo que un abogado no puede hacer aun estando de vacaciones

"Los abogados no pueden manifestar en público conductas que puedan generar intranquilidad a sus clientes o que quebranten de forma radical su modo de actuar en su faceta profesional"

Perfil personal y profesional

(Imagen: E&J)

El ejercicio de la abogacía en algunas cuestiones es parecido al sacerdocio. Al igual que un sacerdote, un abogado siempre lo es, incluso los días festivos y en agosto también.

Nos contaba una joven abogada lo mal que lo pasó al despertarse en un hotel de Menorca después de disfrutar de una fiesta la noche anterior en casa de unos amigos. En esa fiesta todo fue genial; con el paso de las horas los invitados se fueron animando, y nuestra protagonista también.

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Se encontraba en un ambiente relajado, con gente que nada tenía que ver con la abogacía y ello le facilitó actuar como si fuera una estudiante, bebiendo más de la cuenta y actuando de forma desinhibida, explicando demasiadas cosas de forma muy espontánea.

Todo iba bien hasta que entre la multitud de invitados apareció la imagen de una clienta importante del despacho en el que trabajaba. A partir de ese momento empezó a repasar su conducta en la fiesta; este repaso duró casi toda la noche. Tenía la sensación de que esa clienta, que hacía unos meses le había confiado la gestión de sus problemas, podía ahora, después de ver su conducta, tener miedo de que en otra fiesta su forma de actuar comportara un quebranto para la defensa de sus intereses o el resguardo de la información que le habían confiado.

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La situación narrada seguro que muchos de nuestros lectores alguna vez la pueden haber sufrido, y la verdad es que los efectos de estas situaciones pueden ser muy negativos para la proyección profesional del abogado. No hay que olvidar que la confianza es un pegamento que cuesta mucho de fijar, pero es muy fácil de romper.

Una mesa de un abogado con su maletín y una copa

(Imagen: E&J)

Los abogados son siempre depositarios de información muy importante para sus clientes y esos clientes nunca olvidan lo que sus abogados saben de ellos. Por esta razón los abogados no pueden manifestar en público conductas que puedan generar intranquilidad a sus clientes o que quebranten de forma radical su modo de actuar en su faceta profesional.

No se puede ser de lunes a viernes un profesional eficiente, discreto y comedido y el fin de semana un radical de la vida desinhibido, salvo que esa práctica se realice en un ámbito no accesible para el entorno profesional del abogado, circunstancia que cada vez es más complicada teniendo en cuenta la facilidad para viajar actual y la capacidad de las redes para difundir imágenes.

No hace mucho un abogado destacado de una capital de provincia española nos explicaba que su padre, también abogado, le afeó que un domingo de finales de los años 90 fuera andando por la calle mayor de su ciudad al mediodía con una camiseta de tirantes con un dibujo impreso en el centro que hacía alusión a la marihuana. Su padre le explicó que esa imagen entraba en contradicción con la que ofrecía vestido de traje y corbata entre semana.

Ese día entendió que las cuestiones de imagen tenían especial importancia en la abogacía, como en tantas otras profesiones que solo se pueden ejercer desde la confianza de las personas.

Sin duda, en muchas ocasiones es injusto juzgar a los profesionales por estas cuestiones, pero como decía Sandro Giacobbe en su repertorio musical: «Lo siento mucho, la vida es así, no la he inventado yo». Así es.

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