Vida, obra y muerte de Antoni Gaudí
Un repaso por el ingenio universal de Antoni Gaudí, desde sus primeros planos en Poblet hasta la culminación de la torre de Jesucristo
(Imagen: E&J)
Vida, obra y muerte de Antoni Gaudí
Un repaso por el ingenio universal de Antoni Gaudí, desde sus primeros planos en Poblet hasta la culminación de la torre de Jesucristo
(Imagen: E&J)
Sin lugar a dudas, 2026 es el año dedicado por entero a uno de los más insignes y mundialmente conocidos arquitectos: Antoni Gaudí Cornet, nacido en Reus (Tarragona) a las 9 horas y 30 minutos del día 25 de junio de 1852 y fallecido el 10 de junio de 1926. Hijo de Francesc Gaudí Serra, nacido en Riudoms y vecino de Reus, y de Antonia Cornet Bertrán, hija y vecina de Reus, fue el pequeño de un total de cinco hermanos.
A los 11 años sus padres lo matricularon en las Escuelas Pías o escolapios de Nuestra Señora de la Misericordia. Ya su profesor de geometría, el escolapio Sellarés, subrayó el talento de Gaudí, y fue quien probablemente insistió a su padre sobre la vocación de aquel joven y sus dotes para la geometría y la arquitectura.
Gaudí comenzó sus estudios de arquitectura en 1874 y finalizó su etapa formativa en 1878. Brilló en los proyectos que presentaba y fue merecedor de un excelente con un proyecto de patio para la Diputación Provincial. Otro excelente lo obtuvo con un proyecto de una puerta de cementerio (1875), inspirada en el libro del Apocalipsis. Igualmente, fue autor de otros proyectos como el de un pequeño puerto o embarcadero (1876) y un paraninfo universitario (1878).
Pronto puso de manifiesto que una de sus principales preocupaciones fue la contemplación del mar, y concretamente del Mediterráneo, pues el mar, afirmaba, es la única cosa que le sintetizaba las tres dimensiones del espacio, ya que en la superficie se refleja el cielo y a través de ella se ve el fondo y el movimiento. Su ideal sería la playa del Milagro, de Tarragona, donde la luz y los colores tienen otros matices.
Suscríbete a nuestra
NEWSLETTER
Asimismo, predomina en Gaudí la visión, la anchura y la profundidad; su creatividad pasa por la imagen, la plástica, el dibujo y la geometría, no por la escritura. Sus primeros pasos, ya acabados sus estudios de arquitectura, comenzaron con un borrador en torno a una hipotética restauración del monasterio de Poblet.

(Imagen: E&J)
Aunque Gaudí es mundialmente conocido por el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, se involucró en otras obras como la Casa Vicens, en Sant Gervasi, Barcelona (1883-1889); El Capricho, en Comillas, Cantabria (1883-1885); la Finca Güell, en Les Corts, Barcelona (1884-1887); el Palau Güell (1995-1889), en el carrer Nou de la Rambla, Barcelona; el Palacio Episcopal de Astorga, en León (1887-1893); el Colegio de las Teresianas de Ganduxer, en Barcelona (1888-1890); la Casa Botines, en León (1891-1892) o el proyecto de las Misiones Católicas de Tánger (1982-1983).
También, todas ellas ubicadas en la ciudad de Barcelona, destacan la Casa Calvet (1898-1900); la Torre Bellesguard (1900-1908); el Parc Güell (1900-1914); la Casa Batlló (1904-1906) y La Pedrera (Casa Milà) (1907-1910). Sin olvidar la iglesia de la Colonia Güell (1898/1908-2014/2018) y la restauración de la Seu de Mallorca (1902/1904-1915).
Emprendió no solo la construcción de una gran iglesia, sino un proyecto espiritual promovido desde el año 1866 por una asociación canónica de laicos que comulgaba plenamente con el patronazgo de san José, a quien el papa Pío IX había declarado patrón de la Iglesia universal en 1870.
Fue en 1881, siendo papa León XIII, cuando se escrituró la compra de una zona del Ensanche barcelonés como sede de la futura gran iglesia en el término municipal de Sant Martí de Provençals, municipio agregado a Barcelona en el año 1987.
La intervención de Gaudí en las obras del templo transcurrió, fundamentalmente, por cuatro etapas bien diferenciadas:
La primera lo fue de 1883 a 1892, caracterizada por su época constructiva.
La segunda fue de 1894 a 1898, de casi plena dedicación del arquitecto, siempre en la búsqueda de la mejora y el perfeccionamiento de las soluciones constructivas que aplicó.
La tercera etapa lo fue de 1898 a 1911, en que se alza la fachada del Nacimiento, los campanarios laterales, el portal central de la fachada y los balcones de las torres, entre otras iniciativas.
La última y cuarta etapa constructiva fue desde 1891 hasta su fatídica muerte en 1926, tocado por la muerte de algunos de sus amigos y de su sobrina, y con una salud frágil que le obligó a estar fuera de casa durante cuatro meses durante el año 1911, recuperándose en Puigcerdà, para luego trasladarse a vivir a la casa del Parc Güell y, posteriormente, a su estudio de la Sagrada Familia.

(Imagen: E&J)
No obstante, su situación personal, su grandiosa obra, su plena dedicación profesional y su salud le pasaron factura.
Así fue. Nos encontramos en Barcelona, concretamente en la Gran Vía de les Corts Catalanes con la calle de Bailén. La gente aparca la bici, esquiva la calle o circula en coche o bicicleta totalmente indiferente, seguramente desconocedora de lo que ocurrió en ese punto hace 100 años.
Lo que quizás sí que muchos saben es que a Antoni Gaudí lo atropelló un tranvía en el cruce entre las calles Gran Vía y Bailén, un lugar, por cierto, donde el Ayuntamiento de Barcelona alzará un recuerdo en su memoria.
Cuando Gaudí sufrió el accidente, el 7 de junio de 1926, la Gran Vía era muy diferente a la de ahora. Poca gente tenía coche y era, sobre todo, un lugar de tranvías. De hecho, Gaudí, que iba hacia San Felipe Neri, fue víctima de la mala suerte: reculó para esquivar un tranvía sin tiempo para fijarse en que, en dirección contraria, venía otro.
Fue ingresado en el Hospital de la Santa Creu. Cuentan las crónicas que se trataba de un viejecito de barba blanca y de vestido sencillísimo que no llevaba ninguna documentación ni identificación. De entrada, por lo tanto, no fue reconocido; de hecho, fue así durante horas.
Fue después de que el personal de la Sagrada Familia detectara que el arquitecto no volvía a dormir al templo cuando se inició una investigación que acabó en el Hospital de la Santa Creu. Fueron el padre Gil Parés y el arquitecto ayudante Domènec Sugranyes los que lo acabaron identificando. Antoni Gaudí acabaría muriendo tres días después: el 10 de junio de 1926.
Justo ahora, pues, se celebra el centenario de su fallecimiento, coincidiendo con la visita del papa León XIV a Barcelona los días 9 y 10 de junio para conmemorarlo y bendecir la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia, convirtiéndola en la iglesia más alta del mundo con 172,5 metros de altura —unos pocos metros por debajo de la montaña de Montjuïc, tal como Gaudí quiso, pues fue del parecer que la obra del hombre no podía superar a la de Dios—.
Una torre, por cierto, que se culmina con una gran cruz de 17 metros de altura y 13,5 de ancho, construida en Alemania con geometría de doble giro —la misma que se utilizó para las columnas del interior de la basílica— y caracterizada por su brillo al estar recubierta de vidrio y cerámica blanca esmaltada, y en los brazos horizontales con unos ventanales desde los que se podrá observar el cielo y la ciudad.
Una obra colosal y un referente del patrimonio cultural y arquitectónico de la ciudad condal, a la que aún le faltan 10 años para estar totalmente finalizada y que ya en 2025 registró la cifra más alta de visitantes de su historia, rozando los 4,9 millones de personas.
En concreto, el templo recibió 4 877 567 visitantes, lo que supone un incremento cercano al 1% respecto al año anterior. Entre los turistas destacan los procedentes de Estados Unidos, que superan el 1% del total, seguidos por visitantes nacionales, así como de China, Italia y Francia. De hecho, es el monumento más visitado de España y la iglesia más visitada de Europa tras la basílica de San Pedro del Vaticano.
Una obra colosal fruto del ingenio de un arquitecto universal.

